Marcha atrás con las tasas para las marquesinas

Con un puñado de títulos que acapararon el favor de espectadores que cuidaron mucho el bolsillo, se cortaron 214.000 localidades; en 2018 fueron 270.000
Darío Palavecino
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19 de marzo de 2019  

MAR DEL PLATA.- Todavía se escuchan los últimos aplausos. El fin de semana se despidió La jaula de las locas. Aún entretiene y emociona Bien argentino. La comedia Mi mujer se llama Mauricio seguirá hasta fin de mes. La temporada teatral se termina de despedir, pero con sabor amargo, más aún si se toma en cuenta que este verano se había palpitado como la gran oportunidad de la costa atlántica para reencontrarse con el turismo, tanto en número como en calidad. En el balance, los resultados están por debajo de 2018, pero no son tan malos como en 2017, señalada como la peor de los últimos años.

Los números que manejan los empresarios confirman una caída más que significativa tanto en recaudación como en venta de boletos con respecto a la temporada anterior. Casi un 30% cayó la actividad del sector, porcentaje que podría crecer si se toma en cuenta que ya casi no quedan espectáculos y el año pasado, a misma época, varios títulos se quedaron para bajar el telón en Semana Santa, fecha muy rendidora que se ubicó en los últimos días de marzo.

No fue el único dolor de cabeza que tuvieron los dueños de salas, que además debieron lidiar con autoridades municipales obsesionadas con aplicarles tasas por la exhibición en fachadas de cartelería promocional de las distintas obras programadas. Un debate que recién se saldó en estos últimos días, con la marcha atrás de aquella decisión y puesta en vigencia de la histórica exención que en ese concepto gozaba el sector (ver aparte).

Para Carlos Rottemberg, con más de cuarenta temporadas consecutivas en la ciudad, nada de lo que ocurrió fue sorpresa. Cuando se chocaban las copas en los brindis de la última Navidad, y apenas los primeros títulos habían subido a escena, ya vaticinaba que todo sería peor que el último verano. Lo dijo en público cuando finalizaba la primera semana de enero. "Es irreversible", anticipó entonces a pares y conocidos. El tiempo le dio la razón.

Según registros de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (Aadet), a la misma fecha de este último fin de semana, el año último se habían vendido 270.000 tickets para la programación marplatense. Ahora, la cifra ronda apenas los 214.000, siempre en las salas propiedad de los socios de la entidad.

Metódico y disciplinado con sus registros, certero con sus pronósticos, el propietario de los complejos Bristol-Lido-Neptuno, América-Atlas y el Teatro Mar del Plata advertía sobre una temporada "a contracorriente" en la que iban a pugnar las condiciones negativas de la economía del país y esa enorme expectativa que había despertado un dólar tan alto que potenciaría el turismo interno. "Pronto nos dimos cuenta de que se impuso la primera, con menos gente en la ciudad y un nivel de gasto muy restringido", explica a la nacion.

Nuevamente juntos, la revista que reunió a Carmen Barbieri y Santiago Bal, ahora con su hijo Federico como coprotagonista y director, fue el más taquillero. El de mayor recaudación resultó Sugar, aunque por cierto no el más rentable. "Es el espectáculo número uno en recaudación y uno de los más prestigiosos, el mayor ganador de los Estrella de Mar y, sin embargo, nada de esto alcanzó para que pudiéramos recuperar nuestra inversión", aseguró su productor, Gustavo Yankelevich.

Con otra ecuación en términos de puesta en escena, le fue muy bien a Moldavsky, suelto en Mar del Plata, espectáculo de humor que trabajó casi toda la temporada a sala llena. Lo mismo que la grilla que programó el Centro de Artes Radio City/Roxy/Melany con figuras del stand up. Esas figuras que se fogonean desde YouTube, Instagram y otras redes acapararon una muy buena cuota de público.

En el contexto de crisis, al desnudo por aquí con menos turistas que la temporada pasada, no alcanzaron las entradas a precios inferiores a los de la calle Corrientes ni promociones especiales para grupos especiales. Apenas los descuentos de tarjetas de crédito, hasta 50%, ayudaron a que no fuera aún peor. Quizás este escenario convirtió en oferta aún más atractiva al circuito de teatro independiente, donde los valores son menores o el sistema "a la gorra" pone una butaca al alcance de cada bolsillo.

Algo de eso también parece reflejado en salas oficiales. "Esta temporada se trabajó mucho más que el verano anterior", asegura a la nacion el responsable del complejo que pertenece al gobierno de la provincia de Buenos Aires. Allí las entradas tienen un techo de 350 pesos, pero ninguna de las obras cobró más de 250 pesos. En cartel estuvieron 40 días y 40 noches como estreno absoluto, más la reposición de El ardor y Los martes orquídeas. "Todo funcionó muy bien", remarcó.

La cartelera de temporada tuvo unos pocos ganadores. A los ya citados se suma Les Luthiers, que se instalaron en Mar del Plata apenas cuatro días, pero agotaron. También hubo reconocimiento en boleterías a El enemigo del pueblo, que protagonizó Juan Leyrado, otra obra premiada con los Estrella de Mar, históricos lauros locales que esta vez dejaron su máxima distinción en manos de Raúl Lavié, parte del elenco de La jaula de las locas.

Una mala temporada no parece apagar las ilusiones para el futuro. Al menos las de los que son reincidentes consuetudinarios, más allá de una ráfaga de números rojos.

Fiel a su estilo, Rottemberg confirmó que ya cerró contrato con la dupla Barbieri-Bal y con el productor Guillermo Marín para traer una nueva revista la temporada próxima en la sala Atlas, y llevar al Teatro Mar del Plata otra comedia, casi seguro encabezada por Fede Bal.

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