
Marilusa en el "chocolate-concert"
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"Marilusa... y una de espías". Comedia musical para niños. Intérpretes: Marina Borensztein, Rubén Cosenza, Denise Cotton, Ulises di Roma, Pepe Márquez y Gabriel Tortarolo. Libro: Marcelo López Cariló y Jorge Leyba. Coreografía: Gustavo Maris. Vestuario: Marcela Villarino. Escenografía: Norman Gaillard. Música original y dirección musical: Freddy Vaccarezza. Puesta en escena: Marcela Criquet. Dirección general: Jorge Leyba y Marcela Criquet. Teatro de la Comedia, Rodríguez Peña 1062, Sala 2.
Nuestra opinión: regular.
En las diminutas mesitas se sirve una chocolatada envasada y un alfajor. Aunque la intención es válida y el recurso práctico (evitar los riegos de las tacitas que se vuelcan), la ilusión de "chocolate concert" tiene pocos elementos para agarrarse. Unas velitas encendidas, que tal vez sean más riesgosas, invaden con su aroma el ambiente reducido y poco ventilado.
De todos modos, allí está el escenario proponiendo la aventura del teatro. Con una proyección que simula el análisis de un casting para una obra de teatro se inicia el espectáculo, que narra un complot de dos socios ambiciosos para hacer fracasar el estreno o al menos demorarlo mientras buscan un tesoro supuestamente escondido en las paredes de la sala.
Marilusa es elegida pese a su incapacidad de actuar. La chica, con su simpatía, conocerá al empresario-víctima, se enamorará de él e irá averiguando las intenciones de los siniestros hermanos Bonch.
Lamentablemente, todo resulta demasiado exagerado. Demasiado torpe Marilusa, demasiado ingenuo el empresario, demasiado malos y tontos los antagonistas, demasiado gritado el texto, demasiado poco imaginativas las soluciones.
Dentro de una propuesta que no parece clara y un libro sin valores, se destaca el trabajo de Marina Borensztein, que merecería una mejor oportunidad. Junto a ella, los intentos de un elenco, por momentos desaforado, por levantar un relato que teatralmente es confuso y no presenta nada original ni interesante. El vestuario es atractivo y tiene el brillo del varieté. La pena es que no se une con un buen despliegue coreográfico y musical.
Tal vez si se hubiera puesto como eje la línea del romance, o se hubiera planteado con claridad el misterio, o si se hubiera decidido hacer simplemente un show musical, el espectador tendría un asidero para decodificar esta historia fragmentada, confusa y, por momentos, caótica.
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