
Martínez y De la Serna, alta sociedad
Los dos actores vuelven a trabajar juntos, tras la satisfactoria experiencia teatral con Amadeus, en esta remake de la exitosa comedia francesa Amigos intocables que, con dirección de Marcos Carnevale, se estrena el próximo jueves
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Cuentan Oscar Martínez y Rodrigo de la Serna que la pasaron muy bien durante el rodaje de Inseparables. Tanto como para no querer que termine, aseguran. Y algo de ese espíritu de armonía y celebración impregna la película producida por Argentina Sono Film y dirigida por Marcos Carnevale que se estrenará el próximo jueves.
Remake argentina de un bombazo francés que se produjo con diez millones de euros y recaudó en todo el mundo más de 300 -Amigos intocables (2011), de Olivier Nakache y Eric Toledano-, el film de Carnevale le da a De a Serna la oportunidad de lucirse en la comedia, un terreno por el que no ha transitado mucho pero en el que esta vez revela aplomo y sagacidad. Su personaje se complementa muy bien con el de Martínez, tan sólido como es habitual en él, en un rol realmente complejo, el de Felipe, un millonario tetrapléjico asaltado continuamente por la angustia y deseoso de encontrar un cambio de rumbo, una chance que aparecerá de la mano de Tito, el atrevido pibe de Lugano al que le falta dinero pero le sobran carisma y desprejuicio. También están muy bien Alejandra Flechner y Carla Peterson, dándole espesor y vida propia a sus secundarios.
La historia de la inesperada amistad entre dos protagonistas separados en primera instancia por las diferencias entre las clases sociales a las que cada uno pertenece logró convocar en Francia a 20 millones de espectadores, una cifra extraordinaria para cualquier mercado. También provocó una lluvia de elogios para Francois Cluzet -el actor que interpreta el papel de Oscar Martínez- y catapultó a Omar Sy, ganador del premio César a la mejor actuación por este papel, a la taquillera saga de los X-Men, donde fue el mutante Bishop. "En la película original hay mucho más contraste entre los personajes -asegura De la Serna-. La francesa es una sociedad mucho más polarizada que la nuestra. Las diferencias entre un francés rico y un inmigrante son más profundas. Y esa brecha es más complicada porque hoy involucra otros problemas, además del económico. Europa está prácticamente en guerra".
Martínez también resalta la intención expresa que tuvo Carnevale (director de las exitosas Elsa y Fred y Corazón de león) de despegarse del film francés: "Obviamente que diferenciarse no era el único objetivo. Eso hubiera sido muy mediocre. Pero la idea era ver qué nos pasaba a nosotros con esta historia, tratar de ponerle nuestra propia impronta, nuestro propio universo creativo. Y creo que eso está logrado. Hay modificaciones con respecto al original que Marcos pensó muy bien".
Química y experiencia
Se percibe en la película una notable fluidez en la interacción entre Martínez y De la Serna, una química naturalmente relacionada con la experiencia que hicieron juntos en Amadeus, la obra teatral dedicada a la relación entre Mozart y Salieri que estuvo en cartel en la calle Corrientes a lo largo de un año y medio. "Todo ese trabajo funcionó como entrenamiento -explica De la Serna-. Ese año y medio de laburo codo a codo nos permitió a los dos tener un conocimiento íntimo y profundo del otro. Hay algo del afecto real que empieza a entrar en juego". Martínez coincide: "Exacto. No es algo puramente instrumental. Claro que somos actores y que podemos resolver eso desde nuestro imaginario, con nuestro oficio. Pero teníamos de verdad el plus que pedía el vínculo entre Felipe y Tito. Eso le da un valor, una verdad a la película. La eleva".
Ganador del Goya al mejor film europeo, Amigos intocables está basado en un caso real, el de la relación entre el aristócrata corso Philippe Pozzo di Borgo, autor del libro Le Second Souffle, que narra los pormenores y las consecuencias del accidente de parapente que lo dejó postrado, y su asistente terapéutico, el argelino Abdel Yasmin Sellou. Muchos de los integrantes del poderoso clan Pozzo di Borgo manifestaron públicamente su disconformidad con la versión de los hechos que presenta el celebrado largometraje que fue el mayor suceso comercial de la rica historia del cine francés. Objetaron sobre todo cierta idealización de un vínculo que ellos definen como bastante más problemático.
Independientemente de su nivel de correspondencia con la historia real, la película encuentra su principal fortaleza en la lógica de la buddy movie: dos protagonistas diametralmente opuestos que superan sus diferencias y terminan conformando una virtuosa sociedad. "El vínculo que se cristaliza en la película es su verdadero hallazgo dramatúrgico, si se quiere. Son dos mundos a primera vista incompatibles, antagónicos que terminan acercándose. A cada uno le falta algo, y el otro lo tiene. Eso ya estaba bien desarrollado en el guión original", sostiene De la Serna. "La verdadera nobleza de los seres humanos no está relacionada con la clase social. Felipe y Tito son dos personas nobles. Entonces se sacan los prejuicios de clase de encima y se establece entre los dos un vínculo que trasciende la amistad. Hay algo filial ahí, algo más profundo", agrega.
Humor irreverente
Una buena decisión de Carnevale fue esquivar los riesgos de la solemnidad y apostar con más decisión al humor irreverente. La destreza con la que se movió De la Serna en ese sentido fue clave para conseguir buenos resultados. "Cuando Tito entra a esa mansión en la que Felipe vive rodeado de gente que solamente obedece, cambia toda la energía. Lo que conquista a Felipe es su iracundia, su falta de docilidad servil", argumenta Martínez. De la Serna es aún más sintético: "Es la dignidad de este pibe lo que lo atrapa. Tito es el único que no le tiene piedad a Felipe, que lo trata de igual a igual", dice el actor, que valora especialmente haber contado con el beneficio de un "personaje muy bien delineado en el guión". Para prepararlo, su metodología estuvo apoyada sobre todo en la observación: "Estos personajes se construyen viviendo la vida, sintiendo, caminando la calle -enumera-. De otra manera no se puede, me parece. El laburo del actor por lo general pide mundo, vivencias. Cuando te toca un prócer, apelás a otra cosa: a un imaginario, al material bibliográfico, a sentimientos más hondos relacionados con lo patriótico... Cada personaje requiere su tipo de trabajo".
Actores de larga trayectoria -De la Serna arrancó hace veinte años, Martínez ya lleva más de cuarenta en la profesión-, los dos afirman conservar hoy su motivación intacta: "Cuando empezás con la actuación, puede ser que haya algo más patológico, de búsqueda de reconocimiento -opina De la Serna-. Querés gustar, te mueve una cosa un poco más frívola. Pero después te das cuenta de que la actuación tomada en serio es una búsqueda de autoconocimiento, como decía siempre un amigo que se fue hace poco, Pablo Brichta. Se va transformando en algo más vital, más indispensable".
Martínez comparte la idea y, además, confiesa haberse preguntado muchas veces por qué actúa: "Y he balbuceado algunas respuestas, eh. Es una pregunta que hoy también me sigo formulando de vez en cuando porque necesito que lo que hago tenga algún sentido, más allá de la inercia, de ganarme la vida con esto. Generalmente, la mejor respuesta me la da la aparición de un guión como éste. Cuando aparece algo así, me muero de ganas de hacerlo, no tengo que racionalizar demasiado".





