Más allá de la milonga
El perfil del tanguero clásico esconde firuletes no tan clásicos
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Las noches de los sábados en el Club Sunderland de Villa Urquiza huelen a perfume de mujer. Algunas llegan con sus zapatos de taco y en punta envueltos en bolsas de plástico, y otras se animan a esos raros y platinados peinados a los que que ni la más audaz quinceañera se atrevería. En cambio, en la pista de La Viruta, en Palermo Viejo, abundan jóvenes bailarines de jeans y zapatillas. Cualquiera sea el gusto, los tangueros se multiplican más que nunca en la milonga porteña.
Ricardo Ponce trabaja desde hace más de 30 años en el Ministerio de Economía, y es el Chino Perico en los salones de tango. De pelo blanco peinado hacia atrás, sabe recorrer la pista llevando, elegante, a su pareja: "Antes, cuando empecé en esto, se venía a las milongas para la conquista, aunque adentro no pasara nada. Las chicas se sentaban contra la pared, llegaban acompañadas por sus madres y eran ellas las que les daban la aprobación para el baile. Existían las competencias barriales y se daban las típicas peleas por una mujer, a la salida. Ahora cambió: se viene a bailar, porque la única reina de la noche es la milonga".
En tanto, en el Hospital Italiano, el doctor Eduardo Dibar no sólo se especializa en oncología pediátrica y transplante de médula: hace unos años inauguró un taller de tango del que participan médicos, enfermeros y administrativos del hospital. Así, una hora a la semana, el personal se distiende de su trabajo. Hasta llegaron a armar una orquesta. "La idea resultó muy terapéutica, a muchos los desacartonó", cuenta Dibar.
Si sus colegas extranjeros quieren ver cómo se baila tango, "los llevo a las milongas del centro; si lo que quiere es bailar, prefiero ir a un club de barrio, ahí donde el bailarín no baila para el público sino para la mujer. Cada milonga es un descubrimiento: el otro día fui a una de Flores Sur, el Club Pedro Echagüe, donde había parejas que desde hace 30 años van a bailar juntas al mismo lugar, lo que demuestra que la milonga tiene más devotos que una misa de domingo".
Como los trajes de Kirchner
Entonces, entre zapatos de suela y pañuelo al cuello, se camuflan de tangueros administrativos, médicos... y también tintoreros. Alejandro Filardi se ufana de ser "el tintorero más caro del mundo". Se inició como cadete en una tintorería que, en las buenas épocas, hacía repartos en camiones Mercedes-Benz. Con el tiempo hasta llegó a restaurar y limpiar tres vestidos de Eva Duarte diseñados por Paco Jamandreu, que fueron utilizados por Madonna en la película de Alan Parker. Pero su pasión es el tango y lo disfruta bailando con Susana Madeo en la confitería La Ideal.
Para él, el arte de un planchado requiere de tanta precisión como el dibujo de una figura en la pista. "Para ir a bailar, me empilchaba con trajes cruzados como ésos que usa el presidente Kirchner, siempre bien planchaditos. Es que la elegancia era parte del rito, uno se calzaba una prenda que se ajustara al cuerpo y ya empezaba a sentir el cosquilleo. En este país hubo gobiernos que quisieron acabar con esto de las milongas, pero no tuvieron en cuenta que había coleccionistas de discos, cantores y bailarines que ocultaron todo esto muy dentro del alma. Ahora uno ve a los extranjeros, a los pibes, que quieren aprender a bailar. El fervor sigue existiendo".
Para sumarse
- Sunderland Club, Lugones 3161; Club Gricel, La Rioja 1180; La Viruta, Armenia 1366; La Glorieta, 11 de Septiembre y Echeverría; Confitería Ideal, Suipacha 380; Torquato Tasso, Defensa 1575; La Catedral, Sarmiento 4006; Glorias Argentinas, Bragado 6875; Viejo Correo, Díaz Velez 4820; Parakultural, Suipacha 842; Salón Canning, Scalabrini Ortiz 1331.






