Fue la tercera parte de los Bee Gees, uno de los grupos más longevos y exitosos de toda la historia del pop.
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Nosotros ya eramos una banda cuando los Beatles todavía estaban en pañales..!", dijeron los Bee Gees, entre risas, a Rolling Stone, durante su única visita a la Argentina, hace poco más de cuatro años (véase RS 8). Es cierto: el trío se formó en 1958. Y ese tono de broma formaba parte de una suerte de rutina cómica que ejercitaban los tres hermanos Gibb Barry, Maurice y su gemelo, Robin como forma de relación entre ellos y también hacia el mundo exterior; el buen humor seguramente debe haberles ayudado a sobrellevar el casi medio siglo en el que trabajaron juntos.
Maurice falleció a los 53 años, el domingo 12 de enero, en el Mount Sinai Medical Center de Miami, a causa de un ataque al corazón cuando estaba por ser operado de un bloqueo intestinal. Su hermano mayor, Barry, anunció que demandará por mala praxis al personal médico que atendió a Maurice. Prometió, además, que los Bee Gees continuarán en carrera. Sin embargo, es difícil imaginar cómo. Así como Keith Richards dijo del pianista y manager de gira Ian Stewart que era "la goma que mantenía pegados a los Stones", lo mismo podría decirse de Maurice en relación con los Bee Gees. El aportaba el bajo, la guitarra y los teclados mientras sus hermanos se lucían cantando; él se bancaba sumarse a la armonía sin asumir la voz principal en ninguno de los hits. Maurice fue "el hombre en el medio", y así se llama una de las canciones –compuesta y cantada por él– de This Is Where I Came In (2001), el último y estupendo álbum de estudio del grupo.
En la vida pública era frontal; no ocultaba sus debilidades. Después de haber ganado una dura batalla contra el alcohol y otras adicciones, lucha que le insumió buena parte de los 80, solía llevar orgulloso en la solapa una badge de Alcohólicos Anónimos. Y reconocía sin complejos el hecho de que los Bee Gees de los últimos tiempos no habían conseguido recuperar el éxito de sus épocas de oro. Aun cuando en 1997 fueron incorporados en el Rock And Roll Hall Of Fame y en 2001 recibieron de la Reina Isabel la orden de Comandantes del Imperio Británico, Maurice no estaba satisfecho.
Por eso, las necrológicas de estos días, en las que invariablemente se ensalza a los Bee Gees como Monarcas de la Música Disco por su participación en la banda de sonido de Saturday Night Fever, fase que sólo ocupó un breve período de la larguísima carrera del grupo, no hubieran dejado conforme a Maurice. Porque los Bee Gees no sólo fueron leales competidores de los Beatles en aquellos lejanos días del Londres psicodélico, produjeron además abundantes gemas de pop melódico que perdurarán en el tiempo, y hasta lograron un álbum conceptual (Odessa) que puede rivalizar con Tommy o con Dark Side Of the Moon. Las incursiones en la música dance fueron una extensión de su temprano amor por el soul y el r&b; y el falsete, que les ganó tantas cargadas, venía de grupos negros como The Delfonics.
Quizás, con el tiempo, se reconozca a Bee Gees como uno de los más grandes grupos del siglo xx y se revaloren sus diferentes etapas. Y se comprenda que todo eso no hubiera sido posible sin el Hombre En El Medio.





