
Mederos y Brizuela les sacan el polvo a viejos clásicos del tango
El bandoneonista y el guitarrista retoman el camino iniciado por Troilo y Grela
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Rodolfo Mederos reconoció que Aníbal Troilo le había enseñado los secretos del tango con una sencilla lección: "hacer mucho con poco". En el nuevo trabajo que acaba de editar el sello Warner, en el que el bandoneonista conforma una exquisita dupla con el guitarrista Nicolás "Colacho" Brizuela, sigue al pie de la letra esta lección.
El disco "Tangos", pensado tanto para el mercado exterior como para que lo escuchen los aficionados locales al género, es un tratado tanguístico de sencillez y buen gusto, con todo lo que significa y encierra ese lenguaje popular de tanta riqueza y complejidad sonora.
Sobre la sólida base de dos instrumentistas notables y un ambiente camarístico que se reconoce de alguna manera en aquel binomio de lujo que formaron Aníbal Troilo y Roberto Grela, esta producción es un recorrido por las vertientes estilísticas que se transformaron en símbolos del desarrollo musical del tango.
Tanto Mederos como Brizuela hilvanan una historia que se empieza por situar en la vieja guardia y llega hasta el punto de máximo desarrollo y creatividad, en la década del 50, por medio de versiones clásicas que abordan desde el respeto, la sensibilidad y un clima más sanguíneo.
En el caso del bandoneonista, se ubica en un tiempo y lugar que no son nostálgicos sino evocativos. Se interna en el pasado, que le sirvió tantas veces de disparador para poder escapar hacia una mirada más actual de ese nuevo tango que inició Astor Piazzolla, y descubre la belleza en el melodismo de esas obras atemporales.
Mederos vuelve a demostrar en este trabajo que la continuidad musical del tango depende de poder reconocerse en aquellos orígenes que lo fundaron y en esos compositores que ya estaban adelantados a su tiempo. Si no qué decir de un tango como "El marné" de Eduardo Arolas, con el que comienza la placa y que parece escrito ayer.
De hecho, viene trabajando hace rato como docente en esa transmisión oral y sonora, y en esta producción lo vuelve a manifestar musicalmente en la elección de un repertorio, que consta de varios clásicos de la música ciudadana y en la forma de tocarlos.
La dupla cosecha nuevas lecturas de estas memorables páginas, evitando el lugar común en los solos de guitarra y bandoneón y en ese conjunto de "voces" que van intercambiando el protagonismo de cada tema.
Ese abordaje suma a la musicalidad de estos tangos clásicos, matices y armonías que exhiben un verdadero aprovechamiento de las capacidades instrumentales de cada uno. El sonido de cámara que se produce con el diálogo entre el bandoneón y la guitarra deja a la luz esa visión propia de los intérpretes, que no está reñida con la esencia original del tema.
Brizuela, que sigue actualmente tocando en el grupo que acompaña a la cantante Mercedes Sosa y es un viejo conocedor de la música popular, pone los acentos justos, aprovecha los bajos, acentúa los cortes y cambios de ritmo y acompaña al bandoneonista con un toque sutil que impone el clima ideal para cada pieza elegida, y se despoja de cualquier efectismo para lograr una atmósfera cálida.
Fueye envolvente
El guitarrista queda rodeado por el efecto envolvente de la grabación del fueye de Mederos, grabado en dos canales por separado que permiten escuchar con nitidez la utilización que hace el bandoneonista de los acordes, alargando las notas con la mano izquierda, marcando los silencios, y de la depuradísima técnica que se refleja en el fraseo de la mano derecha.
Mederos sumerge al oyente en otra época del tango y en un ambiente clásico, que se nutre de otros condimentos expresivos en arreglos y detalles interpretativos, que el bandoneonista busca sintetizar en un concepto de "más con menos".
Clásicos de hoy
Con autoridad y decisión, Mederos y Colacho Brizuela transitan irrepetibles composiciones, como "Flores Negras" de Francisco De Canaro o "Flor de lino" de Héctor "Chupita" Stamponi, donde el guitarrista juega con otras cadencias que surten de espontaneidad el acentuado ritmo de vals. O se lanzan a retomar la esencia canyengue y cierta actitud para tocar a la parrilla (en el tango se denomina así tocar sin partitura) que le imprimen vigor al "Ventarrón", de Pedro Maffia, otro maestro de bandoneonistas.
Un surtido conjunto de obras va contando las diferentes etapas del tango. De Maffia saltan al Vicente Greco de "Ojos Negros". En "Milonguita" de Enrique Delfino se sintetiza la lógica evolución del tango tras la guardia vieja, y en "El choclo", tantas veces interpretado, encuentran otros colores sin dejar de lado sus inconfundibles variaciones que marcaron a varios instrumentistas del género.
Mederos expresa toda su sensibilidad en "Sur", de Troilo-Manzi, y desgrana el himno tanguero con profunda sencillez y respeto, como reconociendo en esta obra capital del género -síntesis musical y poética- su propia esencia interpretativa. Con "Chiqué" la dupla muestra su refinamiento sonoro, y en "Desde el alma" se deleitan variando de climas el vals de Rosita Melo. La placa se completa con la bailable "Margarita Gauthier", de Joaquín Mora, "Nunca tuvo novio" de Agustín Bardi y "Milonga de mis amores", de Pedro Laurenz, donde Mederos y Colacho Brizuela recuperan el placer de tocar estos clásicos, sin ataduras ni la necesidad de demostrar cuánto saben, sino la mejor forma de hacerlo.
Se podría pensar que no es un álbum contemporáneo porque está lleno de temas clásicos, pero en algún punto lo es. Los músicos viven en este tiempo, las melodías logran una jovialidad increíble, la calidad de sonido no es habitual en las grabaciones de tango y hasta la producción fotográfica está bien cuidada.
El álbum "Tangos" es una excepción en un mercado en el que casi no se graba ni se vende la música ciudadana. Por eso, su aparición no es sólo un trabajo para recuperar ese desarrollo natural, esa transmisión gracias a la que viven y se enriquecen las músicas populares, sino para instalar una conciencia de perdurabilidad.




