Memorias del patito feo
Se estrena "Mi vida es mi vida", un relato de infortunios
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¿Quién que haya soñado con desarrollar una carrera en el cine es capaz de abandonar un puesto en Hollywood y volverse a la Costa Este para enseñar inglés a inmigrantes rusos? No muchos, seguramente. Todd Solondz lo hizo. Y no sólo eso, sino que se mantuvo alejado del negocio por seis años. Y cuando se le ocurrió volver a dirigir, tuvo tanta fortuna como para llevarse el gran premio del Festival de Sundance.
El film que lo hizo abandonar las aulas y el pizarrón y lo devolvió al trabajo detrás de las cámaras se llama "Welcome To The Dollhouse" y está a punto de ser estrenado en nuestro medio por el sello Líder Films. Su título local es "Mi vida es mi vida".
Curiosamente, habla de infortunios, una materia en la que Solondz viene perfeccionándose desde los años de la escuela -de esos recuerdos se valió para escribir el guión-; sólo que él es dueño de un notable sentido del humor y es capaz de organizar una comedia negra evocando tiempos de pesadilla.
"Mi vida es mi vida" no es, según dice, demasiado autobiográfica ("Mi infancia también fue desgraciada, pero de otro modo", puntualiza), pero está ambientada en una pequeña comunidad de Nueva Jersey como la suya y narra, en clave de comedia negra, la terrible experiencia que supone la escuela para algunos adolescentes, sobre todo ésos -como la protagonista de la historia, un verdadero patito feo-, a los que todo les sale mal y parecen fatalmente predestinados al rechazo y la burla.
Una experiencia atroz
Cuando se fue de Hollywood, Solondz se fue para siempre. No quería volver a vivir una experiencia -la de ser director de una película- que juzgaba "obsesiva, desmoralizante, atroz".
Había desarrollado su entusiasmo por el cine en los años de la universidad, cuando estudiaba inglés en Yale. En esos tiempos consumió todo lo que el azar puso a su alcance: producciones de Hollywood, películas europeas, films independientes, experiencias de vanguardia. Y el mejor trabajo que consiguió -según recuerda- fue en la boletería de un cine, durante un festival.
Ya escribía guiones, pero quiso ahorrarse la amarga experiencia de otros libretistas que vendían su obra a Hollywood y terminaban asistiendo a su destrucción en manos de productores que las mandaban reescribir o de directores que las traicionaban. Así que decidió armarse de un buen oficio y se inscribió en la escuela de cine de la Universidad de Nueva York.
Hizo varios cortos. El último -y el más celebrado-, fue "Schatt`s Last Shot", que bien puede tomarse como un antecedente del film que ahora conoceremos, como que trata de las tragicómicas desventuras de un estudiante de secundaria tan incapaz de conquistar una chica como de encestar una pelota jugando al básquet.
El papel lo representaba él mismo, que sabía bien de qué hablaba. Con sus anteojos de cristales demasiado gruesos, su dentadura demasiado prominente, su timbre de voz demasiado nasal y sus movimientos demasiado inseguros y nerviosos, era el típico candidato a la cargada entre los compañeros de la escuela secundaria. Y ya se sabe que en esas situaciones, de la cargadas suele pasarse fácilmente al insulto, a la humillación o a la paliza.
Breve cielo
Al día siguiente de la exhibición del su corto en Los Angeles, lo citaron de Fox, empresa con la que suscribió un acuerdo por tres peliculas. Pero el primer guión que presentó fue rechazado, de modo que decidió llevárselo a David Puttnam, entonces en Columbia, que también le ofreció un trato similar.
De todo esto resultó una comedia negra -su opera prima- ambientada entre jóvenes artistas neoyorquinos y titulada "Fear, Anxiety And Depression" ("Miedo, ansiedad y depresión", 1989). No pudo tener otro título más premonitorio: el film resultó un desastre tan desalentador que Solondz le dijo adiós al cine y se fue a ejercer la docencia. Y si escribió entonces otro guión -el de "Welcome To The Dollhouse"-, lo hizo sólo para satisfacer una necesidad personal. No pensaba vendérselo a nadie.
Y ahí estaba, familiarizando a sus alumnos rusos con el que sería su segundo idioma y muy contento con su vida tranquila, cuando su abogado le contó que conocía a un grupo de inversores empeñados en producir una película independiente. Entonces, sacó a relucir su viejo guión. Los productores lo juzgaron prometedor, le pidieron que se ocupara de dirigir la película y todo se puso en marcha otra vez.
Tuvo la suerte de descubrir a una pequeña actriz de 11 años - Heather Matarazzo-, a la que juzgó un hallazgo y le confió el papel protagónico. Pero no era confianza lo que le sobraba. Cuando "Mi vida es mi vida" estuvo terminada, Solondz se mostró apenas conforme, quizá porque ya se había resignado a que la mala suerte lo persiguiera como una fatalidad, casi como a la protagonista de su historia. "Me gustó -cuenta-, pero me preguntaba a quién podía interesarle si no era precisamente un film de chicos ni un film de adultos."
A juzgar por el enorme éxito que la película obtuvo en el último Festival de Sundance -donde ganó el gran premio del jurado- y por los calurosos elogios de la crítica norteamericana, parece que se equivocó.





