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Espacios gastronómicos más magia, un buen truco
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Mozos que hacen desaparecer la cuenta (sólo por un rato, eso sí), camareras habilidosas en trucos con naipes, videos con los escapes más famosos de Harry Houdini, shows de ilusionismo... Todo, mientras se comen platos llamados Conjuro o Mandrake. Experiencia que puede vivirse por dos en Buenos Aires, en espacios gastronómicos dedicados a la magia.
"La magia en la Argentina no es algo masivo, sino más bien un género de culto", cuenta Marcelo Insúa, dueño del Bar Mágico, que desde hace años espera en Carlos Calvo 1631. La otra opción es Embrujo, resto-bar dirigido por el mago Adrián Guerra, en Gorriti 5612. Para Guerra, el público común y corriente bien puede llamarse profano. Así, asegura que su propósito es "educar al espectador para ver magia".
Y la magia, claro, puede tomar cantidad de formas: ilusiones con grandes aparatos, cartomagia, magia close up (esto es, a centímetros del público), destreza en mentalismo, magia participativa y demás trucos. Para Guerra, además, los magos pueden ser muy diferentes entre sí: de hecho, él los satiriza en un espectáculo en el que se suceden –entre otros– el típico animador infantil, el de las Vegas y el principiante.
Guerra y sus amigos (los magos Hernic, Marcelo y Cirilo, Alex Nebur y el célebre René Lavand) van y vienen, aparecen y desaparecen por una especie de castillo medieval con un gran escenario y paredes revestidas con naipes, marcos con espejos misteriosos, apliques de araña, con objetos históricos del circo Rodas y Thiany. Pero eso no es todo: los mozos también son magos y –de vez en cuando– sorprenden al público con trucos que los dejan boquiabiertos.
Para Bar Mágico, el contexto es una casona art-déco de 1907, donde además funciona el Instituto Superior de Ilusionismo y una tienda de artículos para profesionales, estudiantes y aficionados.
Y en cuanto a público, son algo exquisitos: "Nos gusta trabajar con público que aprecie realmente la magia, por eso no es un bar abierto y sólo funciona dos días a la semana a partir de las 21, mandamos información periódicamente y, por ejemplo, cuando se presenta René Lavand las reservas se agotan dos meses antes del espectáculo. Es que René es un tipo que se escapó de un cuento, es como un mito", sigue Insúa.
Pero así como son bienvenidos los mitos, en el Bar Mágico también abunda lo innovador. Como el mago Merpin, que insiste hace años con su magia bizarra, sanguinolenta y espeluzante. En Halloween, su espectáculo fue cuasi medicinal: hizo operaciones al estilo de los curadores filipinos, y no paró hasta extraerse un ojo y un brazo para exhibirlo y acercarlo peligrosamente –entre chorros de tinta roja– a los azorados espectadores. No apto para impresionables, o sí.
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