Mercedes Sosa cantó en familia
El ambiente del estadio, con mesas en todos los sectores, tuvo un clima familiar
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Mercedes Sosa cambió la fisonomía del Luna Park para convertirlo en una gran peña. En la vuelta a Buenos Aires, tras dos años de no cantar en los escenarios capitalinos, la cantante tucumana quiso recordar el clima peñero de otros tiempos, cuando todavía adolescente andaba con Matus, su marido, recorriendo anónimamente los escenarios o poco antes de debutar en Cosquín de la mano de Jorge Cafrune. Para la ocasión se ambientó el estadio con mesas para diez personas en todas las ubicaciones, plateas, super-pullman y populares, lo que redujo la capacidad a un poco más de tres mil espectadores.
Las entradas se agotaron y fueron muchas las bocas para alimentar. En total se hicieron unas seis mil empanadas y tampoco faltó el vino tinto. El estadio mostraba un aspecto diferente y familiar, con la gente degustando -sin cargo- las sabrosas empanadas confeccionadas artesanalmente por toda la familia Sosa, con la cotizada receta de Olga, cuñada de Mercedes. Al principio, la entrega se complicó y algunos asistentes reclamaron levantando los platos de plástico blanco, que parecían pañuelos, mientras sonaba el Chango Spasiuk de fondo. Sin embargo, la gente estaba más impaciente por escuchar a Mercedes Sosa, y apenas se apagaron las luces del escenario todos se olvidaron de los reclamos y se dispusieron a escuchar y aplaudir a la intérprete folklórica.
Mercedes Sosa siempre aparece con novedades. Además del toque familiar que le puso al concierto, como si fuera una reunión en su casa, haciendo comentarios de la intimidad o mostrando el Grammy latino, recién llegado de Estados Unidos, que ganó a la mejor artista de folklore por el álbum "Al despertar".
La cantante reapareció con varios temas nuevos, que engrosaron la lista, y los clásicos que viene repitiendo desde hace unos cuantos años, pero que en su voz siempre suenan renovados. Comenzó cantando "Primavera de lapachos" y el huayno "Ojos de cielo", que el público acompañó con palmas.
Pero después recorrió los aires litoraleños con "Esa musiquita", de Teresa Parodi, y la exquisita zamba "Como flor de campo", de Raúl Carnota, que sirvió de prólogo para que la Negra gritara: "No saben los invitados que tengo... ¡Los Chalchaleros!" La gente se puso de pie para recibir al tradicional grupo.
Dos estilos y líneas del pensamiento encontrados en un mismo escenario, como una suerte de reconciliación dentro del folklore de las distintas corrientes que abarca el género. Los Chalchaleros se despacharon con "Zamba por vos", de Alfredo Zitarrosa, y la eterna "Cochero e plaza", a dúo con La Negra.
En el renovado set la intérprete sumó "Chacarera del olvidao", del Duende Guernica, que grabó con su sobrino Claudio Sosa en el disco que el tucumano acaba de registrar. La poesía contundente del santiagueño calzó justo en la vena declamatoria de la voz tucumana. Para seguir con las reivindicaciones, pero a su provincia, eligió "Al jardín de la república". La cantante optó luego por internarse en un cancionero más intimista, fruto de sus recientes giras por países centroamericanos y temas estreno como el "Romance de la luna", de Pedro Aznar, una zamba con letra de Yupanqui que enganchó con "Romance de barrio". El clima enfervorizado del principio pasó a uno más pasivo con los temas menos escuchados habitualmente en la voz de Mercedes. La cantante tenía ganas de que la gente escuchara nuevos temas, recopilados de autores como Rubén Fuentes. El recital sufrió un bajón y se tornó algo monótono en los arreglos de "El problema", de Silvio Rodríguez, pero retomó el cauce con el golpe de clásicos como "Alfonsina y el mar".
Mientras subieron los nuevos invitados, algunos espectadores matizaron la espera comiendo los alfajores de miel de caña que se repartieron promediando el concierto. Primero Coqui Sosa y después su hermano Claudio, que recién salían de la cocina, cansados de preparar empanadas, salieron a cantar y dejaron bien plantado el apellido. Cada uno tiene una carrera solista muy sólida, pero que todavía no es conocida por el gran público. Coqui eligió "La zamba es tucumana", dedicada a su tía, acompañado por Colacho Brizuela, y Claudio, "Náufrago en la Capi", de Guernica, sólo con la guitarra. Después, acompañado por toda la banda y Mercedes, el joven Luciano Pereyra se sacó el gusto de hacer dos temas: "Agitando pañuelos" y "Un vestido y un amor".
Otro estreno, el huayno "Lucerito", de Pablo Almirón, fue aprobado de inmediato por el público. Se despidió como en las viejas épocas con "Dale alegría a mi corazón" y "María, maría", como un grito de guerra, exorcizando todos los males, reencontrándose con el ambiente de peña y con su gente, más de cerca.




