
Mercedes Sosa y Charly García, un dúo para la historia
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Noche memorable. Mercedes Sosa y Charly García cerraron la discusión con una actuación que puso en llamas a la multitud, que acudió sin dudar a la cita para ver semejante encuentro de grandes. El clima previo era tenso. Mucha ansiedad en los rostros de quienes creían en los dos artistas. Los agoreros que rondaban la zona a la expectativa de que todo falle. Y los indecisos, los que no entendían la presencia de García sobre ese escenario referente del folklore, pero que lo admiran como músico, y esperaban sentados cualquier desenlace.
Entre tanta diversidad de sensaciones no fue fácil la tarea de los otros artistas que tuvieron que mostrar sus propuestas. El primero que rompió el hielo fue Antonio Tarragó Ros, que levantó a la platea con una actuación centrada en el despliegue físico y en el chamamé mas contagioso. El resto cumplió con lo suyo salvo excepciones. Suna Rocha y Pedro Aznar, por ejemplo, conformaron un dúo superlativo que, con la inclusión de Lito Vitale en piano, decoró la noche con una pincelada de música para coleccionar. Lo mismo que el rito quichua que propuso el violinista Sixto Palavecino.
Fuera de contexto, entre tanta grandeza desperdigada, apareció Soledad con el título de consagración bajo el poncho.
Julio Maharbiz, el conductor de Cosquín recibió continuas silbatinas. Y hasta fue desbordado por los músicos que se animaron con varias "yapitas" sin su consentimiento.
Por su parte, Peteco Carabajal volvió a ratificar que se ha convertido en uno de los mas lúcidos protagonistas de la música popular. El santiagueño fue la pieza justa para introducir la frutilla de la torta en este festival.
De madrugada, apareció Mercedes Sosa y su canto, intimista, emotivo y declamativo, fue en toda su concepción inolvidable. Eludió los guiños cómplices y en cambio dejó que el silencio, en vez del griterío, sea el mejor diálogo entre artista y público.
La cantante se dedicó a descubrir el crisol de estilos del folklore argentino. Ese que traza Gustavo Patiño en el tema "Escondido en mi país", que le da título al ultimo disco de la "Negra" Sosa. Y en ese línea mostró canciones como "Sube, sube", "El otro país", y "Viejas promesas". El significativo valor de los poetas que tienen algo que decir. Y también algunos clásicos del cancionero popular como "Calle angosta", que se comunica a través de los arreglos de una banda que acompaña con claridad.
La intérprete respondió con un "ya va a venir, quedense tranquilos" para aquietar el fervor de un seguidor de Charly. Entonces, la platea lanzó un rugido. Todo estaba en orden. Nadie quería otra cosa que ver a los dos artistas sobre el mismo escenario.
Fue "Rezo por vos" el tema que permitó el ingreso de Charly al piano. La multitud le brindó su apoyó incondicional. Luego "Incosciente colectivo" mostró destellos de ese diamante musical un tanto desgarbado. Y las notas que aparecían en los dedos de García formaban un solo exquisito, de perfecta armonía.
Hasta cantó, fraseó, con su personal estilo, "De mí". Volvió a sorprender con su versión del Himno Nacional Argentino. Y su presencia con atisbos de genialidad demostraron lo que existe debajo de García, ese que lucha contra su propio mito. Con un simple "Gracias Córdoba" el bigote bicolor se retiró. Había sido demasiado para una sola noche. Durante varios minutos nadie se podía sacar la imagen de Mercedes y Charly sintonizando como nunca. Quién podía pedir más. La cantante no se podría haber despedido de Cosquín de mejor manera.
Mercedes Sosa no volverá a Cosquín
"Cosquín se acabó para mí". La frase inapelable pertenece a Mercedes Sosa. La cantante tucumana contó su decisión a este diario, después de haber convertido el cierre del domingo en una de las experiencias mas fuertes que reconozca este festival en años. "Estoy cansada de las polémicas, y de esta relación amor-odio con Cosquín. Es verdad que la gente me quiere mucho, pero cada vez que venía tenía que estar rindiendo exámen y ya estoy un poco cansada de eso", confesó.
Una hora antes, Mercedes Sosa y Charly García, dos símbolos de la música popular, le habían demostrado al país que la plaza Próspero Molina es de todos.




