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Mercedes Sosa y el rock: canción con todos

La relación entre la tucumana y la cultura joven argentina.
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5 de octubre de 2009  • 12:01

En 1965, un año antes de que los Beach Boys grabaran Pet Sounds, a dos años de que los Beatles sacaran Sgt. Pepper´s, a tres del Mayo Francés y cuatro años antes de Woodstock, Mercedes Sosa emergía en el escenario de Cosquín, en Córdoba: Jorge Cafrune la invitó a cantar en el escenario mayor y ésta tucumana radicada en Mendoza que venía de sacar dos discos que habían pasado desapercibidos (La voz de la zafra y Canciones con fundamento) se consagró casi instantáneamente. En 1965, en simultáneo, The Who editaba My Generation.

El rock recién entendió a Mercedes Sosa como ícono contracultural cuando volvió del exilio, en 1982, con una serie de trece shows en el teatro Opera dónde por primera vez cantó junto a Charly García y otros, como León Gieco. Estos shows multitudinarios, que se convirtieron en un espacio artístico de resistencia, fueron registrados en vinilo doble y editados bajo el título Mercedes Sosa en Argentina, e influenciaron al rock nacional a tal nivel que todavía se desconoce la real magnitud del legado de este cruce de estilos. Hace unos años, Pity Alvarez declaró a Rolling Stone que presenció uno de los recitales de esa serie del Opera. Fue uno de los primeros shows a los que el legendario cantante de Viejas Locas asistió en su vida, y esa experiencia resultó determinante cuando decidió dedicarse al rock. En una encuesta sobre Los mejores recitales de la historia del rock argentino este dato sonaba delirante, pero se trataba de la correcta interpretación de un punto de inflexión en la historia del género.

Antes de partir al exilio en París, y luego a Madrid (aunque ella solía decir: "Brasil fue el país que me protegió como nadie"), incluso antes de la dictadura militar -cuando encabezaba las listas negras de artistas prohibidos y se escondía en casas de amigos, en fincas o barrios obreros de Mendoza-, para su generación Mercedes ya era una vocera juvenil, un ícono generacional que cantaba el repertorio de Don Atahualpa y Violeta Parra. Mercedes era una soprano armada con un bombo de zamba y un registro tan grave que amplificado podía demoler hoteles. Una cantante con las mismas características extraordinarias de Carlos Gardel.

Para entender su compromiso con lo que sentía y cantaba, alcanza con repasar los títulos de sus discos de entonces: Canciones con fundamento, del 65, que se convertiría con los años en un clásico de la Nueva Canción Latinoamericana; Yo no canto por cantar (1966), Para cantarle a mi gente (1967), Hasta la victoria (1972), Traigo un pueblo en mi voz (1973). Cantando sobre sentimientos colectivos, nunca historias personales,

Mercedes Sosa ejercía en el folclore una influencia rockera que no era inconsciente, y había empezado mucho antes de conocer a García. Tenía que ver, fundamentalmente, con la esencia de algo que ella quería transmitir: la música como lema de libertad.

En los 80, el rock nacional (primero Charly y León, después Fito Páez; al final hasta los Illya Kuryaki) se abrazó a Sosa… Y no la soltó nunca más, como el sobrino malcriado que se prende de las faldas de esa tía mullida, siempre comprensiva y sonriente. En el 85, Sosa registró la canción "Vengo a ofrecer mi corazón" de Páez y "Canción para Carito" de Gieco y Antonio Tarragó Ros. En el 88 editó Amigos míos, un disco donde grabó por primera vez con Charly y Fito. Pero selló su amistad definitiva con el rock cuando, en 1997, editó Alta Fidelidad. Mercedes Sosa canta Charly García. Ese mismo año acompañó a Charly en su presentación en el festival Buenos Aires Vivo, ante 120 mil personas.

Con mucha generosidad y cariño, Sosa amadrinaba al rock hablado en castellano. Su último trabajo discográfico, Cantora, fue un disco doble de versiones pop de temas propios y clásicos del cancionero del rock nacional, grabados a dúo con artistas de distintos estilos musicales y orígenes (Shakira, Calle 13, Jorge Drexler, Caetano Veloso), además de los locales Luis Alberto Spinetta, Gustavo Santaolalla y Cerati, entre otros.

Durante su despedida, mientras sus familiares y muchos artistas, sumados a una multitud de políticos (estuvo la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner) y público civil, velaban su cuerpo en el Congreso, desde Tucumán León Gieco convertía un recital en la Plaza Independencia en un homenaje provincial, un adiós para Mercedes Sosa en la tierra en que nació. Antes del show, el propio León declaraba en el backstage: "Fue nuestra Mick Jagger, nuestra Paul McCartney…". Acaso una tercera posición en la rivalidad Beatles y Stones: nacional y popular. Y eterna.

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