"Mi misión es divertir"
La diva, que mañana regresa al cine con "Esa maldita costilla", confiesa: "Lo que más me asusta de este fin de siglo es la desesperanza, la soledad y la depresión"
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Basta mirar los anteojos negros que ocultan sus ojos durante la entrevista , la ropa y el pelo impecables y la estudiada naturalidad con que posa para las fotos para comprender que se trata de una estrella. Alcanza con escuchar el tono de entre casa en el que envuelve sus respuestas, la risa franca con que festeja sus ocurrencias o las ajenas y lo fácil que le resulta admitir sus errores, para caer en la ilusión de que es una prima simpática, linda y divertida.
Susana Giménez está sentada en el sillón de una suite del hotel Alvear dando entrevistas de promoción para "Esa maldita costilla", el film de Juan José Jusid que se estrena mañana y en el que comparte cartel con Bettiana Blum, Rossy de Palma y Loles León. Sin las luces de la TV, sin el ritmo frenético de la televisión, sin el filtro de la pantalla que separa a los protagonistas de los televidentes, Susana consigue el mismo efecto que en la pantalla:un derroche de simpatía que la humaniza, que la baja del olimpo de las estrellas populares a la embotellada carretera que transita el común de los mortales.
"Mi misión en la vida es divertir, alegrarle la vida a la gente", dice con un aire liviano, como si se tratara de una tarea menor. Sin embargo, no se le escapa que el asunto tiene su miga. "Desde que existen niños desnutridos, no es muy difícil hacer llorar. En el mundo en que vivimos, en cambio, hacer reír es complicado -sostiene-. La gente que me escribe o que me cruza por la calle siempre me dice: "Gracias por esa hora de televisión en la que sonreímos y nos olvidamos de las cosas malas, como la hipoteca, el alquiler, la falta de trabajo". Después de doce años de hacer este programa siento que hacer reír es una misión muy buena." Tan bueno le parece, que cuando se le pregunta por qué decidió filmar "Esa maldita costilla", responde con un solo argumento:"Porque el libro me hizo reír mucho. La gente que ve las miserias en todos lados se asombra de que yo haya aceptado hacer una película en la que no tengo un papel protagónico exclusivo. Me gustó el guión y lo demás me da igual".
Todo por amor
Las cuatro mujeres de la película son de las que se pasan la vida buscando. Y, a juzgar por la actitud con que salen a la caza del hombre ideal, se puede sospechar que es el sexo y no el amor lo que esperan encontrar. "Siempre me pareció que las minas eran muy locas -dice Susana respecto de las cuatro criaturas de ficción-. Ninguno de los personajes tiene nada que ver con mi modo de mirar la vida, pero me hizo reír la forma en que cada una de ellas buscaba. Yo también creo que ellas buscan el sexo y no el amor." Susana, sin embargo, se niega a suponer que fuera de la pantalla las mujeres funcionen de ese modo. Para ella todo es más directo, más intenso y casi más inocente. "Me parece que en el fondo todo el mundo busca enamorarse. El amor es lo más importante de la vida. Lo único más importante que el amor es la salud, porque si no tenés salud no podés hacer nada. Pero, dada la salud, lo principal es el amor. Si tenés un amor podés disfrutar hasta de las cosas malas, porque las compartís con alguien que amás y, cuando uno comparte, el gozo es doble." Con esa actitud de apostar a todo o nada;al amor o a la infelicidad, sin premios consuelo, las desilusiones pueden estar a la vuelta de la esquina. Pero, afortunadamente, la vida parece haberle demostrado con creces que en el amor siempre hay revancha. "Creo que sí, que uno puede enamorarse muchas veces _coincide_. Admiro a la gente que puede enamorarse de una vez y para siempre. De hecho, eso existe y te ahorra un montón de qui..." Algunos dicen que, con el correr de los amores, la gente va perdiendo el hábito de entregarse sin poner condiciones y que se vuelve prudente. Otros creen que el enamoramiento es una suerte de huracán que arrasa las biografías del mismo modo a los quince años que a los cuarenta o cincuenta. "En la adolescencia uno se enamora todo el tiempo. Yo me enamoraba una vez por semana. Después la inteligencia y la experiencia te van ayudando a cuidarte más. Uno se vuelve más exigente", opina Susana Giménez a mitad de camino entre ambos extremos.
Lo cierto es que puesta a dejar alguna moraleja, "Esa maldita costilla" le dice al público que siempre se puede volver a empezar. "Es así -se entusiasma Susana-. Te juro que para mí es así. Eso es lo que yo quiero transmitirle a la gente que me sigue y para la cual significo la risa y el ejemplo de valentía, de libertad y de hacer lo que quiero. Se puede todo lo que uno quiere en la vida y sobre todo, siempre se puede volver a empezar. Siempre. Lo que más me asusta de este fin de siglo es la desesperanza, la soledad y la depresión. Eso se da tanto en los hombres como en las mujeres pero como las mujeres somos más demostrativas en nosotras se nota más".
De todos modos, ¿a qué negarlo?, los males de finiseculares deben resultar más llevaderos para Susana Giménez que para los ciudadanos comunes. "Es cierto -admite-. Sería una bestia si no reconociera que hay gente a la que las cosas le cuestan mucho más que a mí. A un ama de casa que no tiene tanta plata como yo y que por lo tanto no se puede comprar tantas cosas, le cuesta más." Pero, más allá de las ventajas de una chequera abultada, Susana anda por la vida con dos prerrogativas que no son patrimonio de la mayoría:belleza y éxito. "Evidentemente todo eso te hace la vida más fácil, pero eso no significa que yo sea feliz, porque todo tiene un precio que hay que pagar -explica-. Lamentablemente, con los años tuve que aprender que hay que pagar peaje por todo. Cuanto más importante sos, más alto es el precio que pagás. A lo mejor, el precio que tiene que pagar una mujer que no tiene todo lo que yo tengo, es más barato que el que me toca pagar a mí. Pero, en más o en menos, todas pagamos" .
Guerra a la mentira
"Lo que detesto es la mentira. A mí me enseñaron a decir la verdad y eso es el leitmotiv de mi vida. No sé si será genético, pero te aseguro que detesto la mentira y la mala información. Detesto que me inventen cosas que no existen. A eso no me puedo acostumbrar;me exaspera. Después como cualquier ser humano, aprendo a protegerme. Si no, ya hubiera tenido un brote psicótico o me habría salido un tumor", dice Susana y admite que su relación con muchos medios de prensa se ha deteriorado en los últimos tiempos. "Eso es nuevo -opina-. Actualmente hay muchos más programas y más medios. Son usinas a las que hay que tirarles alimento para que funcionen. Ahí se desvirtúa la verdad." Claro que esta Susana es la misma que en los tiempos del divorcio de Huberto Roviralta dio explicaciones en conferencia de prensa de una situación que pertenecía claramente al ámbito de su vida privada. "Lo hice porque en la puerta de casa había como ciento cincuenta periodistas parados todo el tiempo -argumenta-. Decían que querían hablar conmigo. Les propuse dar una conferencia de prensa, que me preguntaran todo lo que quisieran y que se fueran de la vereda. Finalmente, hice la conferencia y después no se fueron un c... Me mintieron una vez más. Pero, como mi palabra es ley, yo creo en la palabra ajena".
Evidentemente, algo ha aprendido Susana sobre la difícil negociación con los medios de prensa interesados en la privacidad ajena. ¿No podría ella haberse mantenido en sus trece, atrincherada en el territorio de su intimidad en vez de aceptar el bombardeo de preguntas en rueda de prensa? "No, no hubiera podido -responde- porque después lo que se dice termina siendo peor. Ellos, de un modo u otro, tienen que llenar las páginas o los minutos de programa. Entonces, antes de que inventen, prefiero que me pregunten. Por lo menos, ya que van a hablar que digan la verdad..."
De amor y de golpes
Las cuatro mujeres de la película deciden compartir un hombre, interpretado por Luis Brandoni. Y más allá de la comedia, cabe preguntarse si es posible ser generoso en el amor. "Yo creo que no -contesta Susana-. Hay gente que vive de ese modo y quizá sea más feliz, porque el qui... de los celos es todo un tema. Pero yo no compartiría un hombre. Lo que pasa es que a lo mejor ellas funcionan en base al sexo antes que en base al amor. El amor a veces te produce tanto sufrimiento, tanto golpe, que si todo el mundo pudiera funcionar de esa manera, es decir, con un amor profiláctico, todo sería más fácil. Esa es una actitud propia de las norteamericanas o de las europeas, pero nosotras no podemos hacer eso".
"Hay mujeres que tienen marido cama afuera y que están bien -sigue diciendo Susana-. Cuando les pregunto a algunas amigas si no tienen ganas de cambiar por un marido cama adentro, me dicen que no. "No, por favor, gritan. Quiero tener el placard para mí sola y que nadie me levante la tabla del baño"".
Para Susana, en el amor vale casi todo. "Muchos años viví grandes amores con cama afuera -cuenta. Todo puede funcionar. De todos modos, pareciera que la cama afuera resulta más atractiva porque siempre estás brutal, porque sólo dormís con él los fines de semana o en los viajes, y de ese modo la pareja no sufre todo el desgaste de que el otro te vea con la crema, con los ruleros o con urticaria. Entonces siempre estás brutal, salís a comer y conservás esa magia que necesariamente se va perdiendo a medida que las relaciones se prolongan en el tiempo. Eso es lo que no nos enseñan cuando somos chicas. Nos cuentan que se casaron, fueron felices y comieron perdices. Así, crecés convencida de que vas a encontrar a tu príncipe y vas a ser feliz para siempre. Eso es mentira y, sin embargo, el ideal sigue siendo encontrar al príncipe azul, enamorarte y vivir eternamente feliz. Y eso sigue siendo el ideal porque las separaciones son sufrimiento, un dolor de la gran flauta. Allí entran a jugar muchas cosas. No sólo la pérdida del ser querido sino también la sensación de que fracasaste una vez más".
¿Qué cuento le habrá contado entonces Susana a su hija a la hora de ahorrarle la mentira del príncipe azul? "Lo que me interesaba era que fuera feliz y que tuviera relaciones placenteras. Yo le decía:"Mirá, las discusiones y los gritos no sirven para nada. Tratá de buscar la armonía". Crecí en una casa con qui.... familiares y eso me marcó muchísimo, muchísimo, muchísimo. No puedo soportar la violencia, por eso a mi hija le decía que buscara la armonía y el humor".





