Michael Douglas versión 2000
A los 56 años, hace de escritor en decadencia en una película que puede aspirar al Oscar y disfruta de su hijo de tres meses
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LONDRES (TheSunday Times).- Michael Douglas siempre se especializó en interpretar tipos esquivos y embusteros;hizo de marido infiel, de ejecutivo estafador, de enajenado iracundo, y ahora en su última película, "Fin de semana de locos" ("Wonder boys" es el título original), interpreta a un escritor arruinado, adicto a la marihuana.
Esa especialidad le proporcionó una inmensa riqueza, dos premios Oscar y, no menos importante por cierto, la satisfacción de dejar de estar a la sombra de su padre, Kirk.
Ahora Michael puede agregar un nuevo papel a su carrera:defensor de Gales. Esto se hace patente cuando surge el tema de su reciente visita a ese principado.
Douglas, elegante aunque informalmente vestido con saco azul y pantalón gris, sentado con las piernas abiertas y las manos en la nuca en un sillón del hotel Dorchester, acababa de regresar de una visita en la que mostró con orgullo a Dylan, su hijo de tres meses, a la familia de su futura esposa, Catherine Zeta-Jones. Fue el tercer viaje de Michael a los valles, pero aún habla efusivamente sobre el lugar como un turista que da un paseo en coche por allí.
"Uno oye ese dejo en la voz, ese extraordinario tacto para las palabras, hay algo excepcional allí. Es decir, ¿cuántos lugares de esa extensión puede uno recorrer y ver donde vivieron Richard Burton y Tony Hopkins, donde surgieron Dylan Thomas, Tom Jones, y Shirley Bassey?", comentó entusiasmado Michael.
El clima, una lástima
Acaso no sorprenda que Douglas tenga una imagen romántica de Gales como terreno de cultivo de futuras estrellas. Su prometida es un ejemplo, y tiene una imagen más atractiva que la de pueblos monótonos, lluvias persistentes y cerveza mala. Incluso Zeta-Jones, antes del primer viaje de Michael, no le habló gran cosa de su tierra natal. "Catherine le restó un poco de importancia, pero creo que estaba protegiendo todo ese ambiente. Pero Mumbles me encantó; sencillamente es una zona magnífica", insistió el actor.
Son remotas las posibilidades de que Gales se sume a Los Angeles, Nueva York, Aspen y España como una escala regular del itinerario mundial por el que transcurre la vida de Douglas y Zeta-Jones. Pero Michael no tiene dudas de que allí se podría sentir cómodo.
"Seguro que podríamos, aunque se nos haría difícil, digo, por la prensa. Allí se da un fenómeno singular que no existe en otras partes del mundo. Nos siguen a todas partes implacablemente. Creo que es uno de los motivos por los que uno pierde gran parte del talento", afirmó.
Escaparle a la fama podría tener más que ver con las mejores oportunidades y las sumas más suculentas que ofrece Los Angeles, por no decir el clima, que es el único aspecto de la vida galesa que Michael no encuentra favorable.
"El clima es terrible, lisa y llanamente terrible", expresó el actor simulando que tiritaba. Pero, ¿sabían seguramente Michael y Catherine a lo que se expondrían cuando decidieron estar juntos? "No, no lo vimos venir. Ahora miro otras parejas y me doy cuenta de que acaso debimos haberlo previsto", señaló Douglas.
No pareció haber duda alguna, cuando Michael conoció a Zeta-Jones en el festival de cine de Deauville, en septiembre de 1998, de que la actriz iba a ser la sucesora de la primera esposa de Douglas, Diandra, de la cual el actor se separó a principios de los años 90 y se divorció el año último.
Michael dejó eso en claro con su ahora famosa frase típica. "Le dije: quiero ser el padre de tus hijos", expresó con una mueca que reflejó cierta timidez. A Michael evidentemente le complace la manera en que Zeta-Jones resolvió la situación de estar en el candelero. Y añadió: "Lo hizo extraordinariamente. Con su juventud, y después de haber absorbido el éxito y de haber soportado ofensas de parte de la prensa amarilla, Catherine es muy inteligente y muy firme en términos de afrontar ese tipo de cuestiones, de manera que maneja bien el asunto".
Más o menos como él. Michael Douglas es un individuo sereno con un encanto que le brota fácilmente y que contrasta un poco con su aspecto físico.
Visiblemente una versión más pequeña de Kirk, sus ojos azules lo miran a uno con una expresión semioculta que podría ser considerada menos que benigna. A los 56 años, parece fascinado de haberse convertido en padre una vez más. Su otro hijo, Cameron, se metió en problemas con los automóviles y la cocaína, y el padre quiere poner mayor empeño esta vez.
"Mi hijo Cameron cumplirá 22 años en diciembre próximo. Si me retrotraigo todo ese tiempo recuerdo que mi carrera era totalmente distinta. Trabajaba a fondo, y sean cuales hayan sido las fallas que tuve como esposo y padre, seguro que tuvieron que ver con mi ambición y con mi carrera en el cine. Ahora no me pasa eso. Dylan tiene poco más de tres meses, y durante todo el embarazo de Catherine estuvimos saliendo juntos, aparte de pasar cuatro o cinco semanas haciendo "Traffic" (la película que filmaron juntos, un drama sobre drogas), y pudimos disfrutar de nuestra relación, el embarazo de Catherine, y el nacimiento de Dylan", recordó Michael.
La única señal en el horizonte era concluir el acuerdo prenupcial. Divorciarse de Diandra, a Douglas le costó 60 millones de dólares, una considerable tajada de una fortuna calculada en alrededor de 200 millones de dólares, aunque ciertas versiones indican que Zeta-Jones llegó a un acuerdo por la cifra más modesta de un millón de dólares por cada año que lleguen a estar casados, a partir del próximo viernes, fecha de la boda formal.
Doce kilos más
Personificando a Grady Tripp en "Fin de semana de locos", Douglas es un profesor de inglés cuyo afán por continuar su carrera de novelista después de un brillante debut se ha interrumpido durante siete años debido al abundante consumo de drogas y a demasiadas postergaciones. Douglas aumentó doce kilos para interpretar el papel, algunos de los cuales todavía son visibles, y pasa gran parte de la película divagando dopado y vestido con una espantosa bata de color rosado. Dicho con benevolencia, se trata de un giro cómico, y lejos está de su interpretación, en "Wall Street" (1987) que le valió un Oscar, de Gordon Gekko, el más infame de los personajes sombríos por los que Michael es principalmente conocido en la pantalla.
"No creo que la gente piense necesariamente en mí para la comedia, de modo que aquí me llevo cierta satisfacción al conseguir arrancar algunas risas, y ése es uno de lo motivos por los que acepté ese papel", expresó.
No le preocupó demasiado abandonar su pulcra y elegante imagen en la pantalla. "Uno se pone nervioso y espera que las cosas funcionen, pero ese es el riesgo, y a mí me gusta correrlos. Además, me quedo con la chica", agregó.
También se trata de una película que lleva en el orillo la marca de la sensibilidad de los años 60. "Claro,¡si somos hijos de los 60!", exclamó Douglas. "Eso significa que fumamos mucha marihuana cuando estábamos en la Universidad y que tenemos conciencia liberal", añadió. Con afecto, Michael recuerda los días que pasó en la Universidad de California, en Santa Barbara. "Fui medio hippie", confesó.
Con tanta nostalgia que le despiertan sus años mozos, ¿no cree Michael Douglas que anda con el paso cambiado respecto del Hollywood moderno?
"Un poco. La pregunta da en la tecla. En lo que respecta al negocio, hay una nueva generación y todo se está volviendo cada vez más joven. Actualmente estamos en una especie de ciclo juvenil cinematográfico, y no entiendo muchas películas. No capto el humor. Tampoco cierta música, de manera que me da la impresión de que pertenezco a otra generación."
No obstante, no escasean los productores de cine dispuestos a pagar a Michael los 10 millones de dólares que actualmente cobra por película. La mayor parte de su dinero, sin embargo, proviene de una exitosa carrera como productor cinematográfico que comenzó en 1975 con "Atrapado sin salida". Fue Kirk quien, en 1963, adquirió los derechos de la novela durante un período específico de tiempo, pero fue necesario que Michael la produjera. Que su padre indirectamente lo haya iniciado es paradójico, puesto que en aquellos tiempos mantenían una conflictiva relación en todo aspecto, particularmente en el plano profesional.
"Fue una bendición a medias. Esencialmente, si un individuo decide convertirse en actor y su padre ya interpretó a Espartaco, no puede más que preguntarse ¿qué voy a hacer? Por lo tanto trata de interpretar papeles de joven sensible y resueltamente exclama: ¡Ya lo decidí, voy a hacer de joven sensible!"





