Milonga sin cabeceos y libre de humo
En Buenos Aires y en Reykjavik, con organización islandesa
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En una calle grande y sufrida hay una casa donde habita una milonga. Podría ser Buenos Aires o Reykjavik. Esta vez es Buenos Aires. Y en el interior espera la Vikinga. Se llama Helen Halldórsdóttir. Bailarina, antropóloga, poeta y milonguera, la islandesa de 42 años reparte su vida entre Europa y América latina. Es fanática de Pugliese y Susana Rinaldi. Y no se cansa de recorrer los 14.500 kilómetros que la separan de su país para tender de un hemisferio al otro su pasión, el tango.
Para conocer a la Vikinga es necesario adentrarse en su hábitat natural por adopción: la milonga. En Perón 2543, después de la medianoche. El lugar, Sabor a Tango en el Palacio Rossini, histórico edifico de la Societá Italia Unita, construido en 1878.
Desde el pasillo se escucha un tango. Luego se llega a un salón suntuoso y teatral. En la pista, siete parejas bailan al compás de D’Arienzo. La Vikinga avanza entre las mesas, con el pelo muy corto, ojos azules, medias negras, tacos altísimos y una falda mínima de lentejuelas. Se presenta en un español casi perfecto. Actúa con soltura en la milonga, que es su territorio. Pero no siempre fue así...
"Al principio odiaba el tango –comenta–. Nací en Islandia y me mudé a Suecia cuando tenía 25 años. Y allí conocí a mi mejor amiga, que es porteña. Una vez ella me acompañó a leer poesía en público, y luego, a cambio, me pidió que fuera a un concierto de tango. Me gustó y empecé a tomar clases."
Menos códigos y pautas
Y la historia trajo a Halldórsdóttir a Buenos Aires. "Lo que sabía del Sur lo había construido a partir del tango", confiesa. Llegó en 2004 y en su recorrido por los reductos tangueros conoció a Miguel Romero, su actual pareja de baile y de vida. Y decidió abrir su propia milonga. Pero tenía que ser alternativa y diferente. Así comenzó La Vikinga, milonga de lunes, que ahora se trasladó a los sábados con el nombre de Bien Pulenta.
Alternativa y diferente, porque las reglas generales del juego del tango no son rigurosas en Bien Pulenta, la milonga que ahora organizan Halldórsdóttir y Romero los sábados, desde la medianoche. Por 10 pesos, los visitantes disfrutan del show de bailarines y, después, se quedan a bailar en "un estilo menos tradicional, con menos códigos y pautas", según define Halldórsdóttir.
"Te pueden sacar a bailar de cualquier forma: no es necesario cabecear", explica la finlandesa, mientras imita el gesto típico de los milongueros ortodoxos. "Aquí las reglas no son fijas", sigue Halldórsdóttir, que no duda en bailar con sus amigas si no hay hombres disponibles, o simplemente por diversión. En el espacio ecuménico que propone no hay límites generacionales ni geográficos. Argentinos y extranjeros, jóvenes y maduros, todos son bienvenidos.
El tango, otro idioma
Halldórsdóttir no sólo trabaja en Buenos Aires. También organiza una milonga en Suecia, en un edificio del siglo XVII, y ocasionalmente lleva profesores, grupos y orquestas. Para materializar este vínculo cultural está traduciendo letras de tango. "Es muy difícil –dice–, en el tango hay otro idioma."
En la pista, la música continúa. Los varones marcan. Las mujeres los siguen. Y Halldórsdóttir los mira y reflexiona: "Nunca creí que iba a bailar tango. Soy muy independiente y dominante". Y aunque finalmente aceptó la lógica de esta danza machista, su mirada es de vanguardia. "Habría que hacer una revolución femenina. Los hombres muchas veces manejan a las mujeres como un tractor. Pero la onda de los jóvenes es todo lo contrario. Marcan con el cuerpo, con el pecho", y la danza se convierte en una fiesta armoniosa y compartida.
Es hora de regresar a la pista. La Vikinga acepta la invitación de un joven de zapatos lustrosos y se pierde entre las parejas de bailarines, que se mueven al compás de una canción maleva.
Casi nadie se quejó
Entre tanda y tanda, los visitantes de Bien Pulenta esperan, pero no fuman. Es que se trata de una milonga libre de humo. "Muy pocas personas se quejaron. Menos de lo que esperábamos –confiesa Halldórsdóttir–. Muy pronto, por ley no se podrá fumar en los lugares públicos. La gente se acostumbra y reconoce que tiene ventajas, vuelven a su casa sin olor a cigarrillo. Así que esto es parte de una evolución y, como en otros aspectos del tango, nosotros nos adelantamos", remata con orgullo la organizadora.
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