Moe, detrás del flequillo
A 30 años de su muerte, el más centrado de los  tres chiflados es un mito que sigue haciendo reír
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Hace 30 años, un 4 de mayo de 1975, murió Moe Howard, el flequilludo y más chinchudo integrante de Los Tres Chiflados. Por motivos artísticos, era el virtual líder del combo; fuera de los sets demostró tener el suficiente sentido común para ocupar ese lugar.
Nacido en 1897 en la ciudad de Nueva York, recibió el nombre de Moses Horwitz. Cuarto hijo varón de una pareja de inmigrantes judíos lituanos, cuando era muy chico inició su carrera en el mundo del espectáculo, y a ese fervor terminó por arrastrar a dos de sus hermanos, Samuel -más tarde conocido como Shemp- y Jerome -Curly, para la posteridad-. Con ellos -más la inestimable colaboración de Larry Fine- formó, alternativamente, una de las agrupaciones cómicas más célebres de todos los tiempos. Debe sumarse, aunque en un segundo plano, a Joe Besser y a Joe DeRita.
Básicamente, se trataba de un trío de desclasados que buscaban el modo de ganarse la vida de las más diversas maneras, por lo general disparatadas. Dentro de los roles de The Three Stooges (literalmente, Los Tres Peleles), Moe, característico por su corte de pelo estilo taza -que sin duda prefigura el de The Beatles y también el de Carlitos Balá-, representaba el tipo que intentaba tener los pies sobre la tierra, el sensato, aunque con un carácter irritable, siempre al borde de la intolerancia y empecinado en que las cosas salieran bien.
Moe y Larry fueron los únicos estables durante más de cuatro décadas de actuación en cine, televisión y teatro. Larry ejercía el papel de mediador entre Moe y su alocada, lunar contrafigura: posición que ocuparon, con gran protagonismo, primero Curly y luego Shemp, que murieron siendo jóvenes. Les sucedió Joe Besser, sumado al final de la etapa de filmación de los casi 200 cortos que hicieron entre 1934 y 1959, y a éste DeRita, que puso su cara en los largometrajes filmados en los años 60, cuando la televisión estadounidense volvió a colocarlos en el favor del público al emitir aquellos cortos. Entre nosotros, comenzaron a pasarse en 1962 por Canal 13, la televisión de los cubanos, como se la conocía.
Referente del humor para varias generaciones, Los Tres Chiflados le deben a Moe mucho más de lo que se sabe. Era él el que negociaba los contratos y trataba de que invirtieran con buen criterio los ingresos tanto sus hermanos como Larry, un hermano de la vida, que murió en enero de 1975.
El secreto de la popularidad
También dejó una interesante autobiografía -no editada en castellano, Moe Howard and The Three Stooges, publicada en 1976- y una definición, en sus días de gloria, bastante aproximada de por qué Los Tres Chiflados -con su humor rápido y de contacto físico- deleitan a casi todo tipo de público en cualquier época: "A la clase trabajadora le gusta pensar que somos parte de ella. La clase media disfruta de nuestro trabajo porque piensa que es mejor que nosotros. Las pocas personas de la clase alta que se acercan, lo hacen para ver lo que sucede en el otro lado del mostrador. Por eso somos tan populares".
Aunque curiosamente fuera de los estudios, y a despecho de la imagen autoritaria que daba en pantalla, Moe era un tipo más que apacible, familiero (tuvo un hijo y una hija, Joan, a su vez autora de una melancólica biografía de su tío, Curly), capaz de recibir en su casa de Los Angeles a los numerosos fans que se acercaban a él, ya retirado, cuando, con el mismo corte de pelo que lo hizo famoso, pero con la melena blanca, disfrutaba al mostrar el pequeño museo chiflado que había montado.
La muerte se lo llevó a los 77 años; tuvo cáncer de garganta. Tal vez por la tristeza, su mujer, Helen -a la sazón, prima del famoso capo de las fugas, Harry Houdini-, lo siguió en menos de seis meses. Aunque Besser y DeRita lo sobrevivieron (el primero falleció en 1988; el segundo, en 1993), con la ida de Moe se bajó para siempre el telón de Los Tres Chiflados. Desde entonces queda, nada menos, la forma del mito.





