
Teatrón, Bogotá
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Vuelve el retro synth
La puesta en escena de moenia anuncia su fascinación por Kraftwerk: en el fondo del escenario hay tres humanoides hechos con pantallas –uno por cada miembro de la banda–, que recuerdan a los alemanes cada vez que éstos interpretan en vivo "Die Mensch Maschine". También está la invitación del cantante Alfonso Pichardo, que, durante el clímax del concierto, empieza a agitar sus brazos para que el público lo imite en una maniobra perfeccionada por David Gahan de Depeche Mode cada vez que canta "Never Let Me Down Again".
Así como se habla del retro rock, se puede decir que Moenia es el retro synth. Es cierto que la banda empezó mucho antes de que el prefijo retro se pusiera de moda, pero ahora es el momento en el que se ven los frutos de su terquedad estilística. Una banda que nació en pleno auge del trip hop pero que prefería sonar como los viejos grupos electrónicos ve recompensada su terquedad con un auditorio lleno de un público que corea sus viejos éxitos [que no tienen más de seis años] y que repite sus versiones de "Tren al sur" o "Ni tu ni nadie".
En vivo, con una mini banda de apoyo se conserva la sensación de calidez de un concierto, sin que se pierda el frío encanto de lo electrónico, que reemplaza la naturalidad de lo acústico por un pop pegajoso que se engancha como un cierre de velcro. No se les pide más.



