Después de cuatro años, el cuarteto mexicano vuelve con nuevo disco y un pogo que te manda al hospital.
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Con la excusa de mostrar en vivo el incendiario Dance Dense Denso, los Molotov pasaron por Buenos Aires. La pandilla chilanga no se privó de nada: consumió tequila en cantidades industriales, provocó pasión a la mexicana en cada uno de sus conciertos y manejó su acostumbrado sarcasmo para despotricar contra los políticos y, también, contra los vecinos de arriba. La banda de los dos bajistas, en donde todos cantan e intercambian instrumentos como para espantar los egos, observa cómo madura en público el sucesor de Apocalypshit. Sus conciertos suenan a metal con la velocidad impertinente de un rulemán hardcore y la arenga tribunera del rap; de ahí surge el homenaje al pogo desenfrenado que explica el título e ilustra la tapa del nuevo disco de Molotov. El baile de los moretones vuelve a poner de manifiesto la urgencia expresiva de un sonido primitivo y contagioso, la marca original de una firma compartida por Paco Ayala, Micky Huidobro, Randy Gringo Loco Ebright y Tito Fuentes -ausente en la charla-.
Varias letras de Dance Dense Denso hablan de la situación política de México. ¿Qué pasó, los superaron los acontecimientos?
Micky: Lo nuestro es la música. No pretendemos cambiarle a la gente su forma de pensar, ni tenemos una propuesta política, pero si estamos hablando de lo que pasa en México es porque nos afecta. En este disco hay una canción, "Nostradamus mucho", que se pregunta sobre los presidentes mexicanos que viven en un fuero permanente y pueden llegar a robar millones de los presupuestos destinados a la educación.
El pogo que produce Molotov, ¿es tan violento como dicen?
Micky: En la primera tocada que tuvimos con el nuevo disco hubo dos llamadas de ambulancia para atender una ceja rota y una oreja colgando (risas). Sí, es bastante energético, pero, como el mismo disco, viene ecualizado: tiene sus bajones y sus subidas. Así también es en vivo, porque ni nosotros podemos brincar dos horas seguidas…
Tardaron casi cuatro años en grabar este álbum. ¿Qué pasó en el medio?
Paco: Tuvimos tiempo para reflexionar. Era necesario, luego de la explosión de ¿Dónde jugarán las niñas? y el desarrollo de Apocalipshit que, a pesar de no ser un éxito comercial, sí nos abrió las puertas en muchos lugares del mundo. Fueron casi tres años de no parar, hicimos muchas giras y después decidimos tomarnos una año sabático. Pero duró poco. Primero nos invitaron a participar en un homenaje a Los Tigres del Norte y ahí no más empezamos a componer; escribimos casi cuarenta canciones. La mitad del disco lo hicimos dos meses antes de grabar. El proceso fue extraño; todos aportamos ideas pero, como no teníamos plan de trabajo, la cosa se empezó a dilatar hasta que llegó Gustavo [Santaolalla] y todo se encauzó.
¿Cómo se explica el éxito de la banda en Rusia?
Micky: Cuando empezamos, había bandas culeras que nos tiraban mierda y decían que utilizábamos las malas palabras para causar censura y así llamar la atención de los medios. Sin embargo, nuestros discos se abrieron camino en lugares en donde lo que decimos no se entiende… A pesar de que el público no comprende el mensaje, se identifica con nuestra energía. Es lo que nos pasaba a nosotros cuando éramos chavitos y aunque no sabíamos inglés igual entendíamos la potencia de bandas como Mötley Crüe o Quiet Riot.
Randy: O yo, escuchando a José José.
En el rock no siempre está muy delimitada la línea que separa al humor de la parodia. ¿Hasta qué punto el sarcasmo no los puede convertir en una banda paródica?
Paco: Somos así: cabrones sarcásticos. Es parte de nuestra personalidad.
Randy: Pero buscamos un balance entre las rolas. Podemos hablar en forma sarcástica de un problema serio y muy serios de un problema sarcástico (risas). ¡Me salió!
No debe ser fácil ingresar en los Estados Unidos con una canción cuyo estribillo dice: "Pinche gringo puñetero"…
Paco: En México, algunos nos decían que nos iban a arrestar o que no nos iban a dejar entrar. Pero hicimos catorce shows y la gente se cagó de la risa con "Frijolero", tanto el público anglo como el latino. Cualquiera se podía dar cuenta de que es una canción antirracismo, pero el momento era delicado porque había una guerra. Nosotros conocemos las mierdas que produce el gobierno de Bush, por eso decidimos hacer una canción tan directa y, también, tener el valor de enfrentar el pedo que hubiera.





