
Mucha nieve sobre el puente
Hace 40 años, un alud terminaba con el Puente del Inca
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Según la leyenda, el Puente del Inca se originó para salvar una vida. Mucho antes de la llegada de los españoles, el gran jefe inca Túpac Yupanqui –el príncipe guerrero que reinó en el siglo XV– tenía un hijo enfermo afectado de parálisis. Luego de intentar todo tipo de cura, sin resultado, oyó que al Sur existía un lugar donde las aguas curativas podían terminar con su desgracia. Sin dudarlo, preparó un grupo con los mejores guerreros y se dirigió a las altas cumbres. Cuando llegó, observó asombrado las famosas aguas que salían de la tierra, pero un río torrentoso le impedía llegar. Sus guerreros no dudaron en abrazarse unos a otros y formando un puente humano llegaron hasta el otro lado. El inca caminó sobre las espaldas con su hijo en brazos y llegó hasta las termas. Cuando volvió atrás su mirada para agradecerles a sus guerreros, éstos se habían petrificado...
Y así habría seguido el puente, hasta 1965. El 16 de agosto, en la tapa de LA NACION se hablaba de "Honras a la memoria del General San Martín", "Aprestos para el lanzamiento del Géminis V" y "Diez víctimas ha producido un alud en Puente del Inca".
Todo comenzó en 1925, hace 80 años, cuando se realizó el Hotel Termal del Puente del Inca, con 70 habitaciones, en dos plantas construidas en piedra.
Pero hace 40 años, durante una fuerte tormenta cordillerana que azotó una vasta zona de la provincia de Mendoza, una catástrofe puso fin a esta historia.
El domingo 15 de agosto de 1965, a las 15.30, un alud, a 500 kilómetros por hora, arrasó con parte del edificio del hotel termal; derrumbó el comedor, el bar, las oficinas de la administración y los dormitorios del primer piso.
Se suponía que las víctimas no eran turistas, debido a la época del año, sino más bien soldados y empleados del establecimiento. "Las tareas de auxilio se hacen cada vez más difíciles por las dificultades climáticas para llegar al lugar", informaba LA NACION, que en su edición del 18 de agosto contaba: "Después de 48 horas de información contradictoria sobre la magnitud del desastre, pudo saberse que por los aludes producidos, uno destruyó el Hotel de Termas, de Puente del Inca, y otro castigó 9 horas después Villa Las Cuevas, arrasando el barrio de viviendas ferroviario, en momentos en que la población dormía, 40 personas quedaron sepultadas en la nieve. Además de estos dos aludes, se produjeron otros 100 desprendimientos de roca y nieve de menor cuantía, uno de los cuales destruyó un refugio militar y otros cortaron las vías férreas".
El rescate se realizó con dificultad, y el diario contaba por qué: "La ayuda a las víctimas se organizó rápidamente, pero el intenso frente de tormenta, la fuerza del viento y las dificultades provocadas por la acumulación de nieve y piedras dificultaron las tareas de auxilio". Los trenes enviados no llegaban a destino por la obstrucción en las vías.
Las cifras finales de esta catástrofe fueron 36 muertos, de los cuales siete habían perecido en el hotel de Puente del Inca.
Un sobreviviente contó que ese día no se había advertido ningún ruido extraño en el hotel. Sólo se cortó la luz, una extraña fuerza lo golpeó violentamente y, rodeado de nieve, sólo pensó en la muerte. Estuvo varias horas enterrado hasta que una patrulla lo rescató y lo llevó al hospital, donde se recuperó.
El otro milagro para destacar fue el de la capilla (inaugurada el 11 de marzo de 1929), que el alud pasó por encima casi sin tocarla y sólo sufrió roturas de vidrios y del techo.
Hoy está allí, como entonces.
Zapatos y botellas
Bajo el Puente del Inca existen numerosas vertientes naturales por donde surgen aguas termales (mineralizadas calcáreas, bicarbonatadas, clorosulfatadas, etcétera) a una temperatura que oscila entre los 34 y 38ºC. Los baños en estas aguas se recomiendan para afecciones nerviosas, reumáticas y ginecológicas, y son terapéuticos para chicos anémicos, raquíticos y artríticos. Existe una construcción al costado y otra debajo del puente, en cuyo interior se encuentran pequeñas piletas por donde corre el agua termal.
Es curioso el hecho de que cualquier objeto que se mantenga bajo el permanente baño de las aguas termales adquiere una dureza tal por la impregnación en sales minerales que le da una apariencia petrificada y color amarillento. Los cacharreros toman ventaja de esto: colocan en el agua zapatos, botellas y todos los objetos que la imaginación les sugiera, y viven de vendérselos a los turistas.
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