
Mujeres en el centro de la ficción
De Frances McDormand a Nicole Kidman, cada vez más estrellas de cine se acercan a la pantalla chica atraídas por la posibilidad de contar historias con personajes complejos y tramas de largo aliento
1 minuto de lectura'

LOS ANGELES.- "Las películas de 90 o 120 minutos no son plataformas adecuadas para las historias femeninas. Los relatos de mujeres son más circulares, extensos y complejos y necesitan ser contados en un formato diferente", decía Frances McDormand hace pocas semanas cuando presentó Olive Kitteridge, la miniserie de HBO que en cuatro episodios se anima a la titánica tarea de narrar algunos de los vericuetos del alma femenina para la pantalla chica.
Protagonista y productora de la ficción -que estrenará aquí la señal premium el jueves, a las 22-, la actriz de Fargo es una de las intérpretes reconocidas por su trabajo en la pantalla grande que debieron rendirse últimamente ante la evidencia: la TV es el lugar en el que hay que estar. Especialmente si se trata de explorar relatos profundos, ricos en matices que, casualmente o no, son protagonizados por aquellas actrices que ya no suelen tener un lugar central en el cine industrial. Tal vez por eso, allí están Lily Tomlin y Jane Fonda encabezando Grace & Frankie, la próxima comedia de Netflix, y quizá por la misma razón Reese Witherspoon y Nicole Kidman anunciaron esta semana que unirán esfuerzos como productoras e intérpretes en la adaptación televisiva de la novela Big Little Liars, de Liane Moriarty, que cuenta las tragicómicas aventuras de un trío de mujeres en un pueblito de los EE.UU.
Claro que más allá de las prestigiosas miniseries de origen literario -Olive Ketteridge fue adaptada del libro de relatos de Elizabeth Strout, ganador del Pulitzer- la cantidad de ficciones televisivas encabezadas por mujeres parece haberse multiplicado en los últimos meses.
Una lista de las ficciones con una mujer en su centro debería incluir, a saber: las flamantes How To Get Away With Murder (Sony), Madam Secretary, Jane, The Virgin; Outlander (Fox 1), The Honourable Woman y State of Affairs, que se sumaron a Homeland (solía emitirse por FX, pero por ahora nada se sabe de la emisión de su temporada actual), Scandal (Sony), The Good Wife (Studio Universal, con expulsivo doblaje al castellano), Girls (HBO) y Veep (HBO). En los próximos meses la lista se ampliará aun más con CSI Cyber, la nueva sucural de la exitosa franquicia que tendrá a Patricia Arquette como protagonista, y Agent Carter, el personaje de Marvel que, después de fustigar tanto con los superhéroes en el cine, pondrá a una mujer al frente en la TV.
¿Será ésta entonces la temporada en la que los personajes femeninos se liberarán de ser la chica/la novia/la amiga con posibilidades de algo más o la esposa del protagonista para pararse en el centro del relato de una vez por todas? La respuesta es algo más compleja que el sí con puño levantado que pareció sugerir el festejo de Julianna Margulies cuando recibió en septiembre el Emmy a la mejor actriz protagónica por su papel en la excelente The Good Wife.
"Qué momento maravilloso para las mujeres en la televisión", gritó la actriz frente a cientos de sus colegas y millones de espectadores en todo el mundo. Y puede que algo de razón tuviera: después de todo, además de el batallón de nuevos programas y personajes femeninos mencionados, su serie mejora capítulo a capítulo y en gran medida -casi toda- eso se debe a su Alicia Florrick.
Lejos quedó aquella "buena esposa" que interpretaba al principio, esa que había dejado su carrera de abogada de lado para criar a sus hijos y acunar las ambiciones políticas de su marido y que de un día para otro se descubría engañada, sola y obligada a volver al mercado laboral que la despreciaba. Ahora, seis temporadas después, es Alicia la que está parada en el estrado, en busca de poder y dispuesta a casi todo para conseguirlo. Hasta de tener a su "buen marido" a su lado apoyándola. "Nos interesaba explorar esa relación entre dos personas con ansias de poder, ambiciosas. Y hacerlo desde el punto de vista femenino. Aunque no queríamos que el programa fuera visto como feminista con F mayúscula", decían hace unos días a la nacion Robert y Michelle King, creadores y responsables de la ficción.
Inteligentes y conscientes de su lugar en el microclima televisivo, los King intentan minimizar el aspecto feminista de su programa-casi una mala palabra para Hollywood y en la cultura que pretende ser popular-, aunque cada uno de los episodios de The Good Wife desmienta esa afirmación, y una de sus protagonistas también. "No somos mujeres enojadas contra el mundo masculino pero tampoco nos vamos a casa amargadas a tomar vino. Ni hay chistes sobre la menopausia, a pesar de que somos un par de mujeres de más de cuarenta años. Es un programa sofisticado, adulto y por todo eso es revolucionario", argumentaba con precisión Christine Baranski, que en la serie interpreta a Diana Lockhart, una de esas mujeres que existen -con sus claroscuros- en la vida real, pero que a la ficción suelen llegar transformadas en malvadas arpías a la Miranda Priestley en El diablo viste a la moda. Compilados de estereotipos y acumulación de concesiones para no alertar demasiado a quienes aun hoy cuestionan la igualdad de los géneros y los derechos femeninos.
Algo de eso ocurre con uno de los ciclos más vistos y comentados de la nueva temporada: How To Get Away With Murder. Se trata de un drama de abogados organizado en torno a Annalise Keating, uno de los personajes más intrigantes y desconcertantes de los últimos años. Tan exigente, implacable y ambiciosa como vulnerable y sensual, Annalise es mucho más que la suma de sus partes -que son bastantes- y probablemente en manos de una actriz menos talentosa que Viola Davis sería dificil de tolerar.
Por todo su carisma y poder expuestos en pantalla y esos guiones que sacan provecho de las habilidades de su protagonista, la serie también suele embarrar el terreno, como si quisiera reprimir su instinto de mostrar el punto de vista femenino de las cosas. Y así tropieza con escenas en las que los alumnos y subordinados de Annalise discuten sus dotes físicas y los ofensivos comentarios pasan como un chiste o apenas ruido ambiente.
Es un diálogo que jamás se escuchó ni se escuchará en un ciclo con protagonista masculino, pero que cuando se trata de una mujer está tan naturalizado que hasta a los guionistas más progresistas se les pasa de largo. Esos mismos a los que les cuesta imaginar a una mujer exitosa y capaz en su profesión que tenga el mismo éxito en su vida personal.
Un unicornio televisivo
Por cada Annalise Keating, Carrie Mathison (Homeland), Olivia Pope (Scandal), Nessa Stein (The Honourable Woman) y Selina Meyer (Veep), un abanico que va desde lo trágico a lo cómico de señoras profundamente dañadas emocionalmente, cuesta encontrar alguna que no necesite ayuda psicológica y hasta psiquiátrica.
Quizá la llegada de Elizabeth McCord, el personaje principal de la flamante Madam Secretary, ayude a aportar algo de cordura y armonía al equipo de mujeres televisivas que hace rato se pasaron del borde de un ataque de nervios. Es que McCord es casi un unicornio televisivo: esa criatura mitológica que logra llegar a secretaria de Estado de los Estados Unidos y al mismo tiempo mantener un matrimonio estable, sano y amoroso.
"Creo que la manera en que la TV retrata a las mujeres mejoró bastante pero lo que nunca es tan interesante es cómo muestra su relación con los hombres. Eso es lo mejor de esta serie, el personaje del marido y el vínculo entre ellos. Elizabeth no es cínica y contra todo pronóstico y casi desafiando al clima de época, mantiene la esperanza", detalla a la nacion Téa Leoni, otra de esas actrices que después de muchos años dedicadas al cine retornaron a esta TV, que, aun con sus fallas, se transformó en el medio ideal para contar esas historias de mujeres a las que el cine ya les queda chico.
1
2“Profunda consternación”: el fuerte malestar de los trabajadores del Teatro La Fenice de Italia por los dichos de Beatrice Venezi
3La batalla del cine versus el streaming llegó a un punto de no retorno
4Revuelo en Italia: echaron a la directora del Teatro La Fenice de Venecia por sus dichos a LA NACION



