Mujeres fuertes, drama y tragedia

Cristina Banegas y Belén Blanco, como directora y actriz, vuelven a transitar el mundo de Alberto Ure y de Strindberg con Señorita Julia
Federico Irazábal
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1 de abril de 2016  

Belén Blanco y Cristina Banegas
Belén Blanco y Cristina Banegas Crédito: Patricio Pidal / AFV

Hay proyectos que, para constituirse en obra, requieren de un denodado esfuerzo por parte de sus hacedores, obligándolos a sortear obstáculos de todo tipo. Y hay otros, los más afortunados, que desde su misma gestación avanzan hacia el estreno como si estuvieran simplemente destinados a nacer. Este último es el caso de la versión de Señorita Julia, de August Strindberg, que con dirección de Cristina Banegas y actuación de Belén Blanco, Gustavo Suárez y Susana Brussa se estrenará mañana en el Centro Cultural de la Cooperación, luego de unas exitosísimas funciones en el Teatro Solís de Montevideo.

No es la primera vez que el público podrá ver esta pieza, uno de los clásicos del teatro europeo de fines del siglo XIX (se estrenó en marzo de 1889), pero sí tendremos la posibilidad de ver la adaptación que Alberto Ure hiciera junto a José Tcherkaski en 1978. Y es precisamente la utilización de esta versión lo que vuelve aún más emblemático este estreno: se trata del reencuentro de un trío creativo de enorme impacto en la escena porteña.

Sobre la relación Belén Blanco y Ure tal vez haya menos memoria, pero cuando ella era una jovencísima actriz, debutante, participó del elenco de El padre (1989), también de Strindberg, y luego, en 1995, se metió en el mundo de Los invertidos. Más acá en el tiempo, los espectadores porteños podrán recordar el trabajo coprotagónico entre Blanco y Banegas en el Teatro Nacional Cervantes con El don, el último texto de Griselda Gambaro hasta la fecha, y dirección de Silvio Lang.

De este modo, el entramado que liga a August Strindberg con Cristina Banegas, Alberto Ure y Belén Blanco se viene elaborando desde hace mucho tiempo, haciendo que el abordaje de Señorita Julia no sorprenda, aunque impacten sus resultados. "Hacía mucho que quería hacer esta obra –cuenta Belén Blanco–, y empezamos a desarrollar el proyecto con el productor Fernando Madedo. Pero no sabíamos bien cómo llevarlo a cabo. Teníamos una idea y una aspiración: que fuera Cristina quien lo dirigiera." Y esa aspiración no fue para nada compleja. Así al menos lo cuenta Banegas: "Cuando me convocaron no lo dudé un minuto. Strindberg es uno de esos autores que admiro desde siempre y que acompaña mi carrera desde hace muchos años. Conozco su estética, tengo una opinión sobre ella y me siento fuertemente capacitada para dirigirlo. Por otro lado, la presencia de Belén era una garantía. Desde antes de empezar sabía que iba a ser un trabajo muy importante y, como pude comprobar meses después, no me equivoqué".

Desde el origen mismo del proyecto, la idea fue trabajar con la adaptación de 1978 de Ure y José Tcherkaski, con unos pocos cambios que se debieron, fundamentalmente, a una "adecuación a estos nuevos tiempos", cuenta la directora. "Pasaron muchos años entre 1978 y 2016, y eso cambia ciertos modismos, ciertos aspectos lexicales y también duracionales. El espectador de hoy necesita menos tiempo para llevar a cabo la comprensión de una historia. Nosotros logramos en 75 minutos poder contarla sin ningún inconveniente."

Como se ve, lo artístico estaba resuelto desde el inicio mismo. El único tema que faltaba ajustar para entonces era la producción. Así fue como surgió la idea de generar un proyecto que involucre más países para poder aplicar a Iberescena, un proyecto intergubernamental que aglutina a los países de Hispanoamérica para la financiación de proyectos que impliquen la vinculación de, al menos, dos países. En este caso la alianza fue con Uruguay. Por eso se sumó un productor, un actor y un diseñador lumínico uruguayo que ahora los acompañan en la versión argentina. Fernando Madedo se asoció con Nacho Fumero, al escenario se suben Gustavo Suárez y Susana Brussa, y diseña la luz Sebastián Marrero. Con todo eso habilitan para Iberescena, concursan y ganan. Así fue como lograron estrenar en febrero en el bello Teatro Solís de la capital uruguaya, en donde hicieron once funciones. Ahora, terminado ese primer período, estrenan en el Centro Cultural de la Cooperación con la misma puesta que ofrecieron en el país vecino y que fue acompañada tanto por el público como por la crítica especializada.

Universo Strindberg

"No sé si la pregunta correcta es qué tiene para decirnos Señorita Julia hoy", responde Belén Blanco a la pregunta de este cronista. "Creo que en realidad lo que hay en él es un imaginario que nos envuelve absolutamente a todos porque si bien habla de la lucha de clases, eso es obvio, también habla de la guerra de los sexos." Y con énfasis acota la directora: "Para nosotras, una de las cosas más interesantes es comprender la mirada que este hombre tenía sobre la mujer. Y poder ponerle el cuerpo a esa mujer. Las mujeres de Strindberg son enormes y significan un desafío para cualquier actriz que pretenda abordarlas".

Probablemente, una de las mayores dificultades que, a priori, podría surgir es la inscripción de este texto en la zona verdaderamente trágica que tiene. "El problema que tiene este autor en nuestra región es que es muy difícil de inscribirlo en la tradición teatral rioplatense", comenta la directora. ¿A qué se refiere? Al hecho de que la tradición teatral rioplatense es fundamentalmente naturalista (una escuela particular de actuación, un tipo de pensamiento sobre el teatro), algo con lo que Strindberg efectivamente trabaja. "Pero el problema –acota Banegas– es que Strindberg no es sólo naturalista. Él es también un trágico. Y el desafío tanto para los actores como para mí era lograr ese equilibrio entre naturalismo y tragedia sin que se desbalancee. En nuestro país muchas veces que se hizo Strindberg se lo hizo quitándole el costado trágico. Pero si vos analizás Señorita Julia te encontrás con una tragedia casi perfecta, que hasta persigue elementos técnicos propios de la tragedia griega y descriptos por el mismísimo Aristóteles: todo transcurre en el mismo lugar, una cocina, en una misma jornada, la celebración de la Noche de San Juan, y con un único conflicto. Sobre esa base, la tragedia avanza hacia su irrefrenable final." Belén Blanco aporta al debate un particular punto de vista sobre su personaje, que le funciona casi como una suerte de herramienta de trabajo y que proviene del mismísimo texto de Strindberg: "Yo pienso en Julia a través de una frase que está en el texto y que la define muy bien como personaje. Julia en un momento define a través de una comparación su mundo emocional. Me siento, dice Julia, una espuma que flota en el agua esperando su momento para hundirse. A partir de esa idea pude comprenderla para darle cierta organicidad al personaje".

Señorita Julia

Dirección, Cristina Banegas

Centro Cultural de la Cooperación, sábados y domingos, a las 20.

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