Eric Bana, Daniel Craig, Marie-Josee Croze, Geoffrey Rush, Mathieu Kassovitz
1 minuto de lectura'
Otro pedazo de la historia, esta vez sobre la venganza que se desató cuando 11 atletas israelíes fueron masacrados en las Olimpiadas de 1972 por un grupo terrorista palestino conocido como Septiembre Negro. Esta dolorosa obra de arte es la película más dura que ha hecho hasta ahora Steven Spielberg. No poca cosa, dado que también dirigió La lista de Schindler y Saving Private Ryan. Basado en un guión co-escrito con espíritu de búsqueda ética y mucha compasión por Tony Kushner, Spielberg se centra en un comando israelí, dirigido por el ex agente del Mossad Avner Kauffman [Eric Bana]. Autorizados por la primera ministro Golda Meir [Lynn Cohen], pero sin tener un estatus oficial, a medida que avanzan en su negocio de venganza y con un solo contacto [Geoffrey Rush, todo acero y con una última línea que podría helar la sangre] para escupir órdenes. Los otros miembros del equipo están interpretados por Daniel Craig [armas], Mathieu Kassovits [bombas], Hanns Zischler [falsificador] y Ciaran Hinds [el que limpia los rastros]. Como un operador que trabaja en ambos lados de la cerca, Michael Lonsdale se roba la atención en cada escena en la que aparece. La película se mueve como una cinta de suspenso emocionante a medida que los hombres viajan a Londres, París, Atenas y Beirut para eliminar sus blancos. Hay un patrón que se mantiene a lo largo de los asesinatos, pero el efecto acumulativo es devastador. No hay un momento en el que Spielberg y Kushner no estén midiendo el precio que los asesinos tienen que pagar por sus ejecuciones. Aunque Spielberg insiste que su película, de 70 millones de dólares, está "inspirada en hechos reales" y no en verdades históricas, la controversia no lo ha dejado en paz, ya que algunos israelíes se oponen a lo que ven como un retrato favorable de los palestinos y viceversa. Es un conflicto antiguo que esta películla no resolverá. Pero una película puede iluminar y Munich escribe sus más impresionantes momentos en el rostro de Avner. Bana es magnífico en el papel: un hombre en guerra con su conciencia, que esconde a su esposa y a su hija en Brooklyn, pero que no puede escapar jamás a sus pesadillas. Spielberg deja la secuencia gráfica de la masacre de Munich para usarla como un recuerdo dramático, recordándonos la futilidad perpetua de la venganza. No hay respuestas fáciles, no hay final feliz, no hay un héroe que nos pueda dirigir con su ejemplo. Este es un territorio nuevo para Spielberg y completa el viaje con honor.





