
Murió Oscar Ferreiro, el último villano televisivo
El actor brilló en Ricos y famosos y Montecristo
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El actor Oscar Ferreiro, recordado por sus magníficos villanos en las telenovelas Ricos y famosos (1997) y Montecristo (2006) murió anteanoche, a los 63 años, víctima de una enfermedad incurable.
"Hitchcock decía que el melodrama sólo era tan eficiente como el retrato de su villano. El malo siempre es el motor de la historia, al que le pasan cosas. Me siento muy bien recreando a estos seres", decía Ferreiro a LA NACION hace dos años, en ocasión al estreno de El deseo bajo los olmos , de Eugene O´Neill, su última incursión teatral, dirigido por Raúl Serrano.
Y ciertamente el actor supo transformar este profundo entendimiento de los códigos del melodrama en su pasaporte al reconocimiento. Ferreiro será recordado como el último de los grandes villanos de la TV gracias sus papeles en Ricos y famosos (1996) y Montecristo (2007). El corrupto Luciano Salerno, en la primera, y el codicioso Alberto Lombardo, en la segunda, eran dos criaturas tan magnéticas en su maldad que bien podrían haber sido una y la misma.
Quizá la verdadera diferencia entre ambos personajes de Ferreiro estaba en el clima televisivo en el que se dieron a conocer: si el villano de Ricos y famosos terminó "comiéndose" el teleteatro clásico de Canal 9 que a todas luces protagonizaban Natalia Oreiro y Diego Ramos (cuando éstos terminaron su participación, Salerno mudó sus maquinaciones al centro de la escena), Montecristo era ya una novela de ruptura, con elencos corales y un encuadre realista que no hacía más que amplificar la visceral composición de Ferreiro, un Lombardo que no le ahorraba a su torturado hijo (Joaquín Furriel) el conocimiento de que su propio padre prefería a su rival (Pablo Echarri).
De amores y de odios
Oscar Ferreiro, como muchos otros villanos, había comenzado su carrera del otro lado del espectro dramático, como galán. Su primer papel de renombre fue el de un psicólogo con el que se confesaba y del que luego se enamoraba Silvia Montanari en La sombra (1982). A partir de allí comenzarían a sucederse los títulos, que le labrarían un rostro (y un gesto adusto) que terminaría volviéndose familiar para el televidente en ciclos como María de nadie y Manuela , ambos con Grecia Colmenares y Jorge Martínez (en los últimos años, tuvo además un infrecuente papel de "bueno" en 22, el loco, donde interpretaba al jefe de la brigada en la que revistaba Adrián Suar).
Quizás el mejor homenaje a su talento para trocar caricaturas en complejos retratos de hombres controlados por sus deseos no vino de la TV sino del cine: en Tiempo de valientes , de Damián Szifrón (2001), perseguía sin piedad a Luis Luque y Diego Peretti con un deleite compartido por todos los espectadores.




