
Música sanitaria de Les Luthiers
Núñez Cortés presenta los instrumentos del nuevo show, hechos con inodoros y calefones
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¿Se puede hacer música "de baño"? La imagen auditiva que primero acude a la memoria es la de un repertorio de sonidos variado y ostensible, aunque poco agradable. Sin embargo, Les Luthiers son capaces de hacer la más maravillosa música con instrumentos tan exóticos y profanos como el "nomeolbidet", el "lirodoro", el "calephon" y la "desafinaducha".
Son los que utilizan para interpretar las "Loas al cuarto de baño", un cuarteto de aspecto sanitario y espíritu mozartiano que integra su nuevo espectáculo, "Todo por que rías", que presentan a sala llena los fines de semana en el teatro Coliseo.
Como saben bien los seguidores del grupo que integran Carlos Núñez Cortés, Jorge Maronna, Marcos Mundstock, Daniel Rabinovich y Carlos López Puccio, para cada nuevo espectáculo inventan un instrumento "informal": ni más ni menos que el proceso de transformar los objetos más insospechados en una buena herramienta para hacer música.
Un cuartito hecho cuarteto
En sus treinta años de historia crearon una serie de instrumentos con nombres y sonoridades insólitas: el "latín" (violín de lata), el "bass-pipe a vara" (una especie de tuba recta, con ruedas que sopla Rabinovich), el "dactilófono", el órgano "de campaña" o el "tubófono parafínico cromático" (una flauta de pan hecha con tubos de ensayo).
En esta ocasión, los luthiers rescataron de su arcón sonoro el "lirodoro", una tapa de inodoro transformada en etérea lira, y el "calephon", que, detrás de su inmaculada carcasa blanca, oculta una serpentina que suena como un corno.
Para completar este cuartito de baño devenido en cuarteto de cámara, utilizaron el agua de una ducha como la fuerza motora -y sonora- que permite tocar una especie de metalofón y transformaron un bidet -con su correspondiente desagote como mango- en un viejo instrumento de cuerdas renacentista: la viola "a rueda".
El milagro de estos instrumentos no radica sólo en el sonido, sino también en el complicado proceso de construcción que implica. De hecho, el nombre del grupo (luthier: artesano que construye instrumentos musicales) es una consecuencia lógica de la desopilante idea de uno de los fundadores, Gerardo Massana: hacer música con lo que sea.
A lo largo de la historia de Les Luthiers el papel de constructor de instrumentos fue cambiando de manos. Primero fue Massana, luego Carlos Iraldi y ahora Hugo Domínguez.
El luthier de Les Luthiers
Dentro del grupo, es Núñez Cortés quien más se empeña en construir nuevos aparatos sonoros. Primero como ayudante de Iraldi y ahora de "nuestro Luthier, al cuadrado", como bromea Núñez Cortés en su camarín del teatro Coliseo, antes de explicar los instrumentos que se utilizan en el "Cuartito de baño".
Cortés comenta que debido al fallecimiento de Iraldi, en 1996, decidieron hacer un concurso para elegir a su reemplazante. Eligieron a Domínguez porque, según explica Cortés, "fue el que trajo las propuestas que más se acercaban al espíritu de las vertientes por las que Les Luthiers inventa un instrumento informal".
Núñez Cortés las enumera: "La investigación de un timbre nuevo, el empleo de algún elemento que no fue construido para hacer música. O la parodia de un instrumento que existe, pero construido con elementos espurios . Nuestros instrumentos no son simplemente una palangana más para golpear", agrega tomándose muy en serio el compromiso estético.
Hugo Domínguez, que se define a sí mismo como inventor, cuenta que lo atrajo la idea de poder participar en la creación. El proyecto que entusiasmó a los cinco fue justamente la actual "desafinaducha", explica.
Loas al cuarto de baño
Una vez definidos los instrumentos, el problema para Cortés fue "cómo hacer música con ellos". Según explica, "a la hora de escribir la música busqué el contraste... con perdón de la palabra. Era muy fácil pisar el palito, porque todo alude a la escatología. Por eso quise hacer algo que esté 180 grados de lo esperable".
Cortés tomó como modelo "las formas como el minué o la gavota, con un espíritu muy dieciochesco para hacer que suene de una forma que no sea la más obvia. Es algo casi ingenuo. Los instrumentos son claramente identificables porque les escribí un solo a cada uno -agrega-, pero como cuando están juntos no producían una armonía clara hice una pequeña trampita: agregué una guitarra grabada que hace los acordes", confiesa.
La obra cuenta con los característicos comentarios previos de Mundstock y una pequeña estrofa que recuerda que el cuarto de baño es un lugar utilizado por filósofos, poetas y políticos, muy frecuentemente. "Suena lindo y a la gente le encanta. No son los sonidos habituales y ahí radica el interés", asegura Cortés, que demuestra que para hacer el mejor humor a través de la música el secreto es tomarse su trabajo muy en serio.
Entre el baño y el escenario
- Lirodoro: una tapa de inodoro de maple más cuerdas es igual a la nueva lira de Les Luthiers surgida del taller de Carlos Iraldi, en los años 70. Lo toca Carlos López Puccio.
- Calephon: su serpentina es el producto de serruchar y unir un trombón y una tuba. Funciona a botonera. Lo toca Daniel Rabinovich.
- Nomeolbidet: tiene el mismo funcionamiento que la violle a rue o zanfonia; es un instrumento de cuerdas que es frotado por una rueda con cerdas que se hace girar con una manivela. "Fue el último instrumento que construimos -dice Núñez Cortés-. Cuando pensamos cuál elegir dijimos: "Sólo faltaba el bidet, que es hermoso, que parece art nouveau". La marca de bidet salió rápido, pero lo difícil era encontrar un material que hiciera un sonido continuo cuando frota las dos cuerdas que tiene el instrumento. Finalmente terminó funcionando con tanza pigmentada. Sin pigmento no andaba." Lo toca Jorge Maronna.
- Desafinaducha: "Fue un trabajo de ingeniería, tiene dos bombas para el agua. Nos costó mucho trabajo. El mecanismo es una rueda que gira con pequeños martillos de acrílico, pero cuando golpeaban no daban notas, sino los armónicos más agudos. Probamos con distintos materiales y al final usamos un viejo metalofón". Lo toca el propio Núñez Cortés.
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