
A cinco centímetros del piso
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Moby. Presentación del álbum Wait For Me. Con Moby, en voz, guitarras y percusión; Joy Malcolm, en voz; Kelli Scarr, en teclados y voz; Liz Chi Yen Liew, en violín; Svetlana Vassileva, en bajo, y Joe Goretti, en batería. Apertura: Poncho y Kelli Scarr. El jueves, en el Luna Park.
Nuestra opinión: excelente
Moby está en escena, arrodillado. Hace un instante lanzó un furibundo motherfuckers y ahora está tratando de emular a Jimmy Page con su guitarra. Su tecladista, Kelli Scarr, dejó su puesto -al fondo a la derecha-, tomó el micrófono y ahora canta la zeppelinesca "Whole Lotta Love". Como el resto de la banda, ellos parecen poseídos por el demonio del rock´n roll. Es sólo un pasaje de la fiesta perfecta que ofreció el jueves en el Luna Park ese auténtico party animal que opta por presentarse como un "gringo ignorante de los Estados Unidos".
Precisamente esa frase, dicha en un castellano bastante gracioso, fue la única similitud con el primer show de Moby en Buenos Aires, allá por 2005, en la Rural. Ya sin Bush en el poder, el DJ y multiinstrumentista eligió dejar a un lado su faceta de hombre político y concentrarse en la música. La gente, agradecida.
Con los iniciales y fantasmales acordes de "Mistake", la banda primero y Moby después subieron a escena. Cuatro mujeres y dos pelados, así forma el grupo que, además de su líder, tiene dos protagonistas excluyentes, la cantante negra Joy Malcolm (una antigua aliada del creador de Play ) y la tecladista Kelli Scarr, quien con anterioridad había mostrado sus canciones y ahora se disponía a sostener el intenso despliegue sonoro por venir. Unas luces amarillas anuncian un atardecer fantástico y presagian una noche excitante. Así será.
Lo que parece un comienzo tímido rápidamente se transforma en una fiesta sin tiempo, que, según el pasaje del show, podrá ser disco, funky, electrónica, techno, house o rockera. Cuando la voz privilegiada de Joy Malcolm toma el centro del escenario -algo que sucede con frecuencia- para interpretar "In my Heart" y Moby se sienta para dedicarse a la percusión, la banda y un Luna colmado viajan en el tiempo hasta los años de la disco fever. Es el comienzo de un tramo vertiginoso que también tendrá a las clásicas "Go" y "Why Does" con Joy luciendo sus graves y sus agudos, y un público que empezará a alzar sus manos para intentar, en vano, alcanzar el cielo de la disco.
El lado salvaje
Wait For Me , la creación más reciente de Moby, es sólo la excusa para articular un show tan vertiginoso como cambiante, en el que las canciones de los distintos discos del pelado habitante de la Gran Manzana se nivelan en intensidad. Si en el estudio el hombre nacido como Richard Melville Hall se encargó de tocar todos los instrumentos, para salir a la cancha eligió un equipo conformado por solistas que se distinguen tanto por lo que tocan como por lo que lucen. La rumana Svetlana Vassileva parece un témpano, sin embargo, su bajo cálido y gordo se mueve en tándem con la batería incansable de Joe Goretti. Liz Chi Yen Liew traslada el misterio de sus rasgos orientales a su violín y la ya mencionada Kelli Scarr esconde su timidez detrás del teclado que será el único eslabón entre las canciones y la llamada música electrónica. El resto es pura tracción a sangre, como la voz negra de Joy y los solos de guitarra de un Moby que se empeña en rockear.
Un guiño a Nirvana antes de "Porcelain" termina por transformarse en un aviso. Luego vendrá, a decir del máximo protagonista, "mi creación favorita sobre Nueva York". Se trata de "Walk on the Wild Side", de Lou Reed, que sólo para despistar comienza como un rockabilly y luego, sí, se transforma en una pieza oscura y opresiva.
A la altura de otra pieza de Play , "Natural Blues", cuando la fiesta empieza a recorrer su pasaje final, la sensación que se respira entre la gente es que ni sentado en la platea ni parado danzando en el campo se debe seguir este show. El lugar correcto es suspendido en el aire, levitando entre "Raining Again", "Disco Lies", "The Stars" y "Lift Me Up". Moby se pondrá su gorro coya, irá con su guitarra hasta la batería para dar muestras de que es un hombre orquesta, emulará a Page y recordará, en el infaltable pasaje de demagogia, que su corazón está en la Argentina porque aquí tiene tíos y abuelos. Tras "Feeling So Real" unas luces amarillas anunciarán la llegada de un nuevo día. El sol está saliendo en la fantástica puesta diseñada y la fiesta llega a su fin. Al menos, la que se manifestó en el cuerpo, porque la de la cabeza seguirá bailoteando un buen tiempo más.
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