
Adiós al padre de la chacarera
Anteayer falleció uno de los más importantes artistas del folklore argentino
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Carlos Carabajal falleció anteayer, luego de permanecer más de 25 días internado y en estado de coma, en un sanatorio de Santiago del Estero por dos accidentes cerebrovasculares.
* * *
A los 76 años, envuelto en los recuerdos de los amigos y compadres que habían partido los últimos años como Carlos Saavedra o Pablo Raúl Trullenque; cansado de la soledad, a pesar de los trescientos Carabajal que conforman la familia musical, y de tanta ruta recorrida, Don Carlos Carabajal, el "padre de la chacarera", se retiró de la vida así, de forma tan humilde como lo fue su música.
Su leyenda, sin embargo, ya había trascendido las fronteras de La Banda por una obra sustanciosa compuesta por canciones que se desparramaron en el repertorio de los intérpretes más populares y en el de los novatos que se inician en las guitarreadas: "Desde el puente carretero", "Chacarera del patio", "Domingo santiagueño", "Ciudad de La Banda", "Alma challuera", "Mi abuela bailó la zamba", "Fiesta churita" y "Corazón atamishqueño", entre otras cuya autoría compartió con gente como Peteco Carabajal, Pablo Raúl Trullenque y Cristóforo Juárez.
Carlos fue el quinto de doce hermanos e hijo de María Luisa Paz y Francisco Rosario Carabajal. Se crió en el pequeño rancho de adobe de la casa familiar en el Barrio de Los Lagos, donde todavía sobreviven las calles de tierra. Carlos creció escuchando tocar zambas a su padre, un musiquero aficionado que animaba las fiestas populares y al que él miraba con admiración, aunque éste no quería que su hijo siguiera sus pasos.
Por el sonido del tren
"En esa época, en Santiago, los músicos tenían fama de borrachos. Entonces él, para que yo no siguiera con la música, cada vez que se iba a trabajar, desafinaba las cuerdas de la guitarra para que yo no pudiera tocarla. Y yo, como no sabía afinarla, encontré el sonido naturalmente. Descubrí que el sonido del tren, el Central Argentino que iba a Tucumán, estaba en mí. A partir de esa nota y de ese sonido empecé a afinar la guitarra", recordaba años después.
Ese sonido del tren que más tarde trasladaría a su particular forma de rasguear la chacarera -sería su marca de fábrica dentro de la música popular argentina- le despertaría también la inquietud por seguir los pasos de otros coprovincianos.
Munido solo de su guitarra, Carlos Carabajal llegó a Buenos Aires incentivado por el creciente interés en la música nativa que primero había imprimido en las clases altas Andrés Chazarreta y que se empezaba a colar en otras capas sociales más populares a partir de Los Chalchaleros. Pero todavía la ciudad no estaba preparada para su voz agrietada y más vidalera, otra marca de su estilo y su familia, y menos aún para el enloquecedor ritmo de sus chacareras que harían escuela.
Armó y desarmó grupos probando suerte en distintas peñas y en los sellos discográficos, que no sabían el potencial que tenían entre sus manos. "En ese momento estaban de moda los cantores salteños. Me pedían que cantara como salteño, y yo no podía." Pero seguramente muchos de esos directivos se acordarían de ese cantor salamanquero cuando Leo Dan convirtió en éxito su canción "A la sombra de mi mamá", que llegó a vender tres millones de copias.
Hasta que llegó ese primer hit, Carlos vivía en el Gran Buenos Aires y se ganaba la vida con todo lo que podía. De día alternó trabajos en una fábrica de galletitas, o de albañil, también hombreó reses en un frigorífico y bolsas en el puerto. De noche tocaba en las peñas. Los largos viajes en colectivo de un lado a otro los matizaba haciendo apuntes para futuras canciones y soñando despierto con su Santiago querido.
Familia y nostalgias
"Me sentaba y tenía tiempo de sobra para pensar. Así me salían las canciones. Venía recorriendo los barrios y yo pensaba solo en Santiago del Estero. Toda la nostalgia la traducía en canciones", sabía contar.
Esas primeras chacareras y zambas terminarían formando parte del repertorio principal de Los Carabajal, el conjunto que formó en 1967 con su hermano Agustín y que significó un punto de ruptura musical en el mapa de su provincia. Con ese grupo proyectaría el sonido santiagueño a todo el país, empezaría una etapa de reconocimiento y gozaría de una estabilidad económica que no estaba en sus planes.
Cuando pudo, a mediados de los años setenta, prefirió retirarse a Santiago, donde fue recibido como un héroe. Puso una peña donde siguió profesando su religión por la chacarera, pero su feligresía había crecido de forma incalculable. Comenzó a llegar gente de todas las provincias para conocer ese famoso puente carretero que unía la capital de Santiago con La Banda y que él describió en uno de sus temas más populares. "Si pasas por mi provincia/con tu familia viajero/veras que lindo es el río/desde el Puente Carretero".
La chacarera le dio carta libre en su pueblo y se transformó en un personaje ilustre. Lo invitaban a asados, le dieron una casa y hasta le permitían ciertas licencias: "Cuando iba a la comisaría me dejaban poner en libertad a los presos".
Su apellido se instaló dentro del folklore de su paso por Los Carabajal, Los Manseros Santiagueños, Santiago Manta y el dúo que formó con el bailarín Carlos Saavedra.
Sus hijos y sobrinos, Cuti y Roberto, Peteco y Demi, Musha y Kali, siguieron su mismo camino musical y el apellido se transformó en sinónimo de música popular. Las siguientes generaciones también lo tuvieron como un maestro que les transmitía sus "rudimentarios" conocimientos y esos secretos en la forma de tocar la guitarra que los distinguen del resto.
Con el tiempo, Santiago del Estero se transformó en una especie de ciudad de La Meca para los folkloristas de todo el país. Sobre todo a partir del festejo de los cumpleaños de la matriarca María Luisa Paz, que congregaban y siguen congregando a todos los Carabajal dispersos por el país. Así, la fiesta familiar que comenzó como un ritual íntimo para festejar los 50 años de Doña Luisa, terminó transformándose en eventos anuales y masivos que llegan a reunir a unas cinco mil personas. La abuela murió hace diez años y los hijos, nietos, sobrinos, parientes cercanos y una multitud de curiosos y aficionados a la chacarera lo siguen festejando cada segundo domingo de agosto, como sucedió precisamente este último fin de semana.
Ahora que físicamente Carlos Carabajal ya no estará, sus canciones amanecidas mantendrán la leyenda en el tiempo.
Una vida de sueños
- La imagen que se ve arriba es la de uno de sus últimos CD, "Y mis sueños...", donde interpretó sus canciones acompañado por varios músicos de su familia.
- Nació el 12 de septiembre de 1929, en La Banda, y en diferentes etapas de su vida integró grupos como Santiago Manta, Los Manseros Santiagueños y Los Carabajal, el grupo familiar fundado por su hermano Agustín, en 1967.
- Don Carlos compuso unas 120 canciones, entre las que se destacan "Entre a mi pago sin golpear" (con letra de Pablo Raúl Trullenque) y una bellísima zamba, "La del olvido".
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