Barenboim, al piano, expresó magistralmente su concepción de la música

Daniel Barenboim, en la sala sinfónica del CCK, que próximamente pasará a llamarse Auditorio Nacional
Daniel Barenboim, en la sala sinfónica del CCK, que próximamente pasará a llamarse Auditorio Nacional Crédito: Fede Kaplun
Virginia Chacon Dorr
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24 de julio de 2019  • 11:41

Concierto de Daniel Barenboim (piano). Programa: Sonatas de L. V. Beethoven No. 5, No. 11, No. 19, No. 20, No. 23. Festival Barenboim 2019. Sala Sinfónica del CCK. Nuestra opinión: excelente.

Este año el Festival Barenboim encontró nuevo hogar en el CCK. Como ya se hizo buena costumbre, Daniel Barenboim no nos visita solo, ni solamente en calidad de pianista. Durante el Festival dirigirá a la WEDO (West-Eastern Divan Orchestra), compartirá conferencias, y trabajará con grandes intérpretes internacionales como Martha Argerich y Anne-Sophie Mutter. Con esta grilla no pudo hacer menos que inaugurar el Festival con sus ya célebres conciertos dedicados a las sonatas para piano de L. V. Beethoven. El primero de ellos estuvo dividido en dos partes: la primera constituida por las sonatas tempranas No. 5 y No. 11; la segunda formada, en un intenso contraste, por las sonatas No. 19 y No. 20 (denominadas Leichte Sonaten, o Sonatas Fáciles) y la No. 23, Appassionata.

La experiencia de Barenboim para cristalizar la sintaxis de las diferentes sonatas, para afianzar la forma y estilo en las que fueron concebidas cada una, hicieron que la potencia del discurso musical de Beethoven se desplegara en todo su esplendor. La coherencia y direccionalidad del discurso recorrieron el arco del programa. Al oírlo tocar en vivo, el consejo que el propio Barenboim le dio a Lang Lang en su clase magistral sobre la Appassionata ( pièce de résistance del presente programa) toma una especial relevancia: "No debes manipular a la música, pero tampoco debes dejar que la música te manipule. Siempre tienes que tener una idea muy clara de donde te encuentras en el desarrollo de las ideas".

No sólo él, todos los presentes en la sala sabíamos donde estábamos en todo momento: cada una de sus elecciones como intérprete interpeló directamente a una escucha activa, explorando el virtuosismo en el piano lejos de cualquier sesgo deportivo. Las licencias de tempi tomadas en los segundos movimientos de las dos primeras sonatas del concierto, fueron tan acertadas para la confección de la forma como para su íntima expresividad. Otro tanto se puede decir de la configuración de secciones en el primer y tercer movimiento de la Appassionata, que interpretó con un vigor imponente.

Al cierre del concierto, Hernán Lombardi, titular del Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos, subió al escenario para descubrir junto al pianista una placa que denomina a la sala sinfónica con el austero nombre de "Auditorio Nacional". Según lo expresado en el breve acto, la decisión fue resultado de un proceso del que el Maestro no estuvo exento. Formalidades a parte, y sin mediar palabra con el auditorio, Daniel Barenboim expresó con claridad su formidable concepción de la música en el solo acto de interpretarla magistralmente.

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