Barenboim: "Una obra para la eternidad"
El pianista argentino-israelí habla de "El clave bien temperado", de Johann Sebastian Bach, que interpretará el miércoles y jueves en el Colón
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BERLIN.- Lo primero que trasciende de la interpretación de "El clave bien temperado", de Johann Sebastian Bach en manos de Daniel Barenboim (en recientes presentaciones en Alemania y en su grabación del "Primer Libro" para Warner Classic), es la puesta de manifiesto de una musicalidad redescubierta, mediante una lectura personal y desacostumbrada, por momentos bastante romántica, contemplativa y para algunos hasta poco ortodoxa.
Con un pianismo de inusuales matices y colores para Bach, el sonido de Barenboim seduce desde la primera nota no sólo por la dulzura de su toque y fluidez, sino también por la transparencia natural de las líneas de canto que subrayan el mensaje musical y, con él, la grandeza del valor trascendente de este monumento contrapuntístico.
Desde el intimismo delicado de algunos preludios hasta la exuberancia de las fugas más orquestales, su versión resulta magnética.
Esa es su nota singular: hacer prevalecer la música de estos preludios y fugas, compuestos de manera experimental pero con una genialidad única, desde la necesidad práctica de formular para la enseñanza de su tiempo, en el siglo XVIII, las leyes que rigen las relaciones matemáticas entre los intervalos musicales. Es, a la vez, una obra cuya complejidad superadora, su belleza y su alcance histórico traspasan los límites de ese objetivo pedagógico inicial, para erigirse en el llamado "Antiguo Testamento" de toda la literatura pianística, tal el sobrenombre que un siglo más tarde le dio Hans von Bülow. En Berlín, Daniel Barenboim dialogó acerca de la obra con LA NACION.
-Bach integra la formación del pianista, desde sus inicios y como alimento básico de su dieta cotidiana, ¿presentar "El clave..." significa hoy volver a las fuentes, un retomar algo del pasado?
-Hay un vínculo así en el hecho de que en los últimos años, muchos... cuarenta y pico, estuve concentrado en otros temas, algunos de los cuales usted conoce muy bien porque me ha acompañado en ellos, y en ese sentido sí implica un volver a algo de antes, pero con el ansia no solamente de encontrar lo que conocía de adolescente, sino de verlo con los ojos de todo lo que viví en estos años. Uno de los milagros más impresionantes de Bach es que fue uno de los pocos compositores capaces de integrar todo lo que había de música antes de él y, al mismo tiempo, de encontrar el sendero para el futuro. Ese sendero es el que nos trae hasta nuestros días. Por ejemplo: la última fuga (si menor) no sólo tiene cromatismos wagnerianos, sino que llega al límite de la ruptura con la tonalidad, casi como si fuese unas semanas antes de Schoenberg ¡un fenómeno extraordinario! Todo eso, naturalmente, no podía saberlo de niño. En ese sentido, la vuelta a las fuentes está despojada de toda carga nostálgica.
-Más allá del placer que proporciona la grandeza musical de Bach, ¿hay un gusto también en el ejercicio mecánico, entendido con el sentido de la fortaleza de cada dedo, de la independencia de las voces y sus entradas, la claridad del sonido neto, etcétera?
-Aun en el buen sentido, yo diría que no es tanto el placer de lo mecánico, sino más bien el placer de poner todos los medios, tanto técnicos como físicos, al servicio de un mundo de sonidos. Bach conocía muy a fondo cada instrumento y, sin embargo, no utilizaba la música para lucimiento de ellos, sino al contrario. Por eso, en "El clave..." uno encuentra pasajes corales puros, que hay que tocarlos como si fuesen un coro a cuatro voces; como otros que son muy instrumentales, con gran virtuosismo y dificultad digital; así como también, otros de una estructura orquestal. Hay de todo. Y eso es lo que da el placer, no sólo de lo que se dice musicalmente, que ya de por sí es muy profundo, sino de lo que le da a uno esa riqueza y variedad enorme del mundo bachiano.
-¿Ha sido influenciado por alguna grabación de referencia? (Fischer, Gould, Richter...)
-Los dos músicos que más me han impresionado en este repertorio específico de "El clave..." han sido Edwin Fischer [N. R.: el primer pianista que registró la integral de "El clave...", los preludios y las fugas de los dos libros]. Fischer tenía un sentido del sonido muy especial para Bach. Y, por otro lado, Wanda Landowska, que lo tocaba en el clavicémbalo de Pleyel y sonaba tan grande como una orquesta. Son los que más me impresionaron en el mundo bachiano. La grabación de Glenn Gould hace mucho que no la escucho como para referirme a ella en este momento.
-¿Qué concesiones admite la obra sobre ciertas características de estilo, tan específicas en la música de teclado de Bach como el toque non-legato o staccato secco, el limitado uso del pedal, o sobre la determinación del tempo, la articulación y los matices de dinámica?
-Creo que "El clave..." hay que tocarlo casi como orquestándolo. Es decir: hay momentos que tienen que tener la claridad de ese staccato, non-legato que menciona; pero, hay otros momentos que son muy vocales. El legato en Bach es evidentemente muy distinto del de Chopin, pero no se puede tocar "sin" legato, así como tampoco se puede tocar Bach sin sentido armónico. Hoy en día sabemos, a través de las investigaciones de musicólogos, cómo se tocaban esos instrumentos en su época. Sin embargo, no hay que olvidarse de que lo que en realidad nos da la llave principal, tanto para la elección del tempo como para la articulación y el fraseo, es la riqueza del desarrollo armónico.
-¿En qué consiste, entonces, esa riqueza armónica particularmente fuerte en la obra de Bach y cómo funciona para el oyente?
-En "El clave..." y en muchas otras obras de Bach, pero sobre todo en ésta, hay un modo de desarrollo armónico muy cromático, por un lado; y otro muy simple, casi medieval, por el otro. El cromatismo, mediante tensiones por acordes particulares, es siempre una forma de crear ambigüedad en la música y en el oyente, por la simple razón de que cada uno de esos acordes puede resolverse de varias maneras. De forma tal que, cada vez que uno los toca, crea una expectativa por ver hacia dónde resuelve. Al oyente le crea una sensación de inestabilidad. Al lado de esos pasajes, existen los otros, los de una sencillez armónica que parece hasta casi ingenua. La combinación de ambigüedad e ingenuidad da un equilibrio en Bach que es completamente original.
-Los pares de las formas "preludio" y "fuga" en cada tonalidad no siempre se plantean en iguales términos.
-Exactamente. Hay algunos preludios que son lo que dicen: un preludio, tal como el primero tan famoso, y otros que son realmente una catedral, como el de mi bemol mayor. En ese caso, pasan a invertirse los papeles; esto es, cuando el preludio es un preludio y nada o apenas un poco más, la fuga tiene más peso y complejidad. Pero cuando el preludio tiene tanta grandeza como el de mi bemol, la fuga, en contraste, se presenta ligera y sin mayor complicación.
-¿Qué sintetiza "El clave..." como obra fundacional, como compendio del arte del contrapunto y de la estética musical hasta el siglo XVIII?
-"El clave..." logra una síntesis de todo lo que hubo antes de él, pero nos muestra al mismo tiempo todo lo que va a venir. O sea que, como todas las grandes obras maestras, tiene dos caras: una para su tiempo y otra para la eternidad. Esa cara para la eternidad hace que hoy, en el año 2004, la obra tenga una modernidad ejemplar.
-Para una gran parte del público, "El clave..." y Bach en general representan un lenguaje demasiado intelectualizado o técnico. ¿Cuál sería la llave para acercar a ese público?
-Creo que no hay un problema intelectual para seguir el argumento de la música. Lo que sí hay que tener bien en claro es que ésta no es una música para escaparse del mundo y de la vida, sino justamente lo contrario. Es una música para comprender mejor las relaciones interdisciplinarias entre la gente y el mundo, para entenderse también a sí mismo, al ser humano, para vislumbrar la angustia de la muerte y la presencia de Dios... Todo eso está contenido en los sonidos de "El clave...". No se puede decir, claro, que en el preludio tal y cual hay un momento en que se siente la presencia de Dios, ¡no! Esos son los "temas" que contiene. A menudo, hablamos de música como si se tratase apenas de una colección de sonidos, que a veces puede ser tan agradable que nos hace olvidar nuestra existencia o que utilizamos como un medio para escaparnos del universo. "El clave...", en cambio, no sirve para eso. El que venga a los conciertos con esa idea no tiene para qué venir, porque simplemente no va a saber dónde comienza ni dónde termina. Pero si hay interés en buscar realmente a través del sonido y de la música, se puede llegar a comprender la naturaleza humana en el sentido más completo. Para eso, no encontrará mejor música que "El clave bien temperado".
Para agendar
- El clave bien temperado. El pianista Daniel Barenboim toca la versión integral de esta obra de J. S. Bach.
Teatro Colón. Libertad 621, miércoles y jueves, a las 20.30, en la temporada del Mozarteum.




