Björk: una semana en el universo Biophilia
LA NACION presenció los conciertos íntimos de Biophilia, participó de los talleres educacionales, habló con el coordinador de los workshops y hasta cruzó mails con Björk en su extensa estada en Buenos Aires
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"Bienvenidos a Biophilia , el amor por la naturaleza en todas sus manifestaciones; desde los organismos más pequeños hasta el más grande gigante rojo flotando en el lejano reino del universo... En Biophilia, usted experimentará cómo se conjugan la naturaleza, la música y la tecnología. Escuche, aprenda y cree... Estamos en el borde de una revolución... hasta que estemos ahí, prepárese, explore Biophilia . " Con esa voz gravemente inigualable, David Attenborough, quizá el científico naturalista más conocido del planeta, inicia el pretencioso y megalómano viaje propuesto por Björk en su última obra: Biophilia, un álbum, diez canciones, diez aplicaciones exclusivamente para iPad, una serie de conciertos íntimos con tratamiento de "residencia" y realizados apenas en ocho ciudades en el mundo y un programa educacional, que, a través de la tecnología, intenta inspirar e introducir a los niños en la ciencia y en la música. Todo al mismo tiempo y en el mismo lugar: la galaxia Björk.
Día 1. El público llega al Centro Municipal de Exposiciones más expectante que nunca. Es la primera (el viernes 6 de abril) de las cinco fechas en Buenos Aires del Biophilia Residency y poco se conoce de la última puesta de la islandesa, que, además de hacer pie en la tecnología como siempre, incluye exóticos instrumentos inventados para la ocasión y una idea abarcativa detrás. "¿Será un concierto o una performance artie?", se pregunta mi cabeza convencional. Entonces, la voz de Attenborough suena más clara que nunca y abre las puertas de todo un nuevo universo.
Biophilia Residency es más una experiencia que un concierto. Björk, acompañada por un percusionista, un artista digital a cargo de toda la electrónica de la noche y el coro Graduale Nobili, compuesto por veinte jóvenes islandesas, desgrana las diez canciones del álbum y apenas un puñado de temas de su ya extenso repertorio, en el centro de un cuadrilátero abierto que utiliza como escenario. A centímetros de sus fans devela, uno a uno, los secretos de esos instrumentos que mezclan tradición musical y tecnología del siglo XXI (ver aparte). Pop natural. Aunque la palabra quizá sea hechizante, sin vueltas. A la salida, me cruzo con el músico Lisandro Aristimuño, que, menos pagano, sentencia: "Sentí como que entramos a una iglesia futurista", y algo de eso también hay en esta catedral experimental de la ciencia y la música.
Día 2. Con el bello canto de la sirena islandesa aún en mis oídos, rescato Biophilia –el CD– de mi discoteca y vuelvo a escucharlo. Sin las ocho pantallas en forma de círculo que dominan desde lo alto del escenario del Biophilia Residency, sin las aplicaciones para desentrañar las claves musicales a través de fenómenos naturales y sin esa impactante bobina Tesla disparando racimos de electricidad ante mis ojos, la travesía me suena hoy, sentado en mi living comedor, un tanto incompleta. Lo que hace de Biophilia un álbum conceptual en la era del MP3 es todo aquello que no entra en un CD y menos en un vinilo (formato en el que también se editó el disco). Las canciones están ahí y la voz de Björk suena como si hubiera rejuvenecido veinte años, pero la excusa de esos sonidos que buscan ser canción está lejos, muy lejos de un estudio de grabación. Y ni les digo del living comedor de mi casa. Por suerte, aún hay imágenes de la noche anterior pegadas como chicle en las paredes internas del cerebro con las que se puede acompañar la melodía hipnótica de "Crystalline".
Día 3. Es domingo y antes de asistir a lo que Björk bautizó Programa Educacional Biophilia –Buenos Aires es la cuarta ciudad donde se realiza, luego de las residencias en Manchester, Reikiavik y Nueva York–, decido ponerme a tono y gastar los 12 dólares que cuestan las diez aplicaciones (app) del álbum en el iTunes Store para probarlo en la iPad de mi hijo. El juego –el concepto– Biophilia se expande aún más desde la pantalla touch de 25 x 18 centímetros. "Ella se obsesionó con las posibilidades de la pantalla touch desde antes de que apareciera la iPad", me confesará un colaborador suyo unos días después. Según cada canción, la app posee los acordes, la estructura, los tonos y las voces, pero aquí figuran en estado de constante cambio y en contacto permanente con conceptos naturales a través de la tecnología. Desarrollado por un equipo de profesionales integrado por ingenieros, musicólogos, científicos y artistas digitales –todos ellos a las órdenes de Björk, que, según juran en su entorno, estuvo presente en cada detalle–, las aplicaciones relacionan didácticamente conceptos más o menos complejos como "materia oscura", "fases lunares", "relámpagos y cargas eléctricas" o "la estructura del ADN" con escalas, secuenciadores musicales, arpegios y signaturas de ritmo y tiempo, respectivamente. ¿Un juego de niños? Ni tanto ni tan sólo (chequear las app en www.indian.co.uk/site/media/bjrk-biophilia-app-tour ).
Día 4. "El programa intenta que la música y la ciencia sean cosas de chicos, pero a través de un aprendizaje que se realiza mientras se crea. Ojalá esto signifique una apertura para toda una nueva generación de chicos que aprenden con naturalidad que hacer música o conocer sobre ciencia es simple y no algo pesado y dificultoso. Cualquiera puede componer música si lo intenta. Los músicos y los científicos tienen esa misma visión de que no hace falta estudiar diez años para lograr ciertas cosas, sino que alcanza con imaginarse cómo puede ser posible tal o cual cosa. Hay que hacerlo. A veces funciona y a veces no, pero el espíritu de todo esto tiene que ver con ir, hacerlo y ver qué ocurrió. En eso, y en muchos otros sentidos, Björk es una genia", dice Curver Thoroddsen, un prestigioso músico y maestro islandés con residencia en Nueva York que está a cargo de los programas educacionales con los que Björk recorre el mundo y con los que intenta sembrar una semilla de cambio en la enseñanza aquí, allá y en todas partes. "En Reikiavik ya se está aplicando en varias escuelas y anteayer nos reunimos aquí con dos ministros de la ciudad que se mostraron interesados en ver cómo aplicarlo en las escuelas de Buenos Aires", completa este hombre de confianza de Björk, que estuvo a su lado en buena parte del proceso creativo –"como técnico, no como músico", aclara– y que ahora está sentado en los containers que funcionan de backstage. A metros nomás, la peluca anaranjada con forma de calabaza que cada noche la cantante se calza para salir a escena reposa en un perchero sabiéndose tan pop como cualquier creación de Andy Warhol.
Día 5. Los privilegiados quince niños de entre 10 y 12 años que esta semana participan del taller Biophilia no dan crédito cuando les ofrecen una iPad para que cada uno desarrolle su propia creación musical. Aprenden, juegan, crean. Todo al mismo tiempo. Pero también es cierto que Reikiavik está lejos de Buenos Aires y el touch argentino siempre dice presente más allá de la obscenidad del logo de la manzanita que aquí circula como agua mineral: uno de los profesores locales que acompañan la actividad me confiesa que los convocaron de apuro, apenas unos días antes y que el programa está bueno, pero que con tiempo se podría haber hecho mejor. "Se tratan temas que por ahí pueden parecer pesados –dice Curver–, pero el desafío es bajarlo a una cuestión simple. La cualidad del programa no es que trata de enseñarles a los chicos que aprendan todo y de memoria, sino que incorporen conceptos a través de la creación. Björk fue a una escuela de música desde los 8 años y su idea siempre fue cambiar el sistema educativo musical en el que primero tenés que aprender mucho y recién ahí podés componer. Aquí se compone mientras se aprende."
Día 6. Como señaló recientemente el artista multimedia Scout Snibbe, para muchos "lo que está haciendo Björk se percibe como el nacimiento del cine o de la ópera". En Biophilia no prevalece la música, ni la imagen ni la interactividad, ni la educación. Todo se combina para formar un nuevo tipo de expresión artística. Si no, pregúntenle a Muriel, una de las niñas de once años que está ahora en el medio del escenario cuadrado en el que canta Björk en su residencia porteña –el piso también es una gran pantalla–, con sus manos sobre un Lemur –el abuelo de la iPad, se podría decir– intentando sacarle una melodía extraterrestre a la bobina de Tesla. Y suena bien, aunque la niña no posea conocimientos musicales. Eso también es parte del concepto Biophilia: cualquiera puede conectarse con la música. "La mayoría del álbum está escrito en Lemur porque antes de que llegara la iPad, Björk ya estaba tratando de definir una interfase manual y llegó a probar incluso con los controles de Nintendo", revela Curver.
Día 7. Björk se prepara para una nueva función íntima de su residencia (repetirá mañana y el miércoles, últimas dos funciones antes de su show masivo en GEBA, el sábado 21), contesta algunas preguntas vía e-mail (ver aparte) e intenta pasar inadvertida mientras pasea por Buenos Aires con su hija Isadora, de nueve años. La artista de 45 años volvió a hacerlo y ahora se reinventa como maestra de música… y de biología. "La maestra frustrada que hay en mí está tratando de conmover a un alumno con el sonido. Creo que no es coincidencia que los temas sean grandiosos: truenos, rayos, gravedad, órganos de tubo. Es como alardear un poquito, dejar que el sonido tenga los mayores instrumentos que puede tener para mostrarle a un niño un sonido, y que lo sienta, y que con suerte haga música con él por sí mismo." El universo Biophilia está entre nosotros y parece que, como sugiere el Sir inglés Attenborough, sólo es cuestión de animarse a explorarlo.
Escuelas verdes y tecnológicas
Entre pasado mañana y el viernes se llevarán a cabo dos talleres más del Programa Educacional Biophilia, al que asistirán escuelas públicas que se encuentran dentro del programa de "escuelas verdes". Coordinados conjuntamente por el Ministerio de Cultura del gobierno de la ciudad y el equipo artístico de Björk, de los workshops también participarán maestros designados por el ministerio para analizar de qué modo se puede incorporar a los planes de estudio de la ciudad esta metodología que combina música, ciencia y nuevas tecnologías.
LOS INSTRUMENTOS DEL SIGLO XXI
- Organo de tubos Midi
Para construir los instrumentos que mezclan lo análogo y lo digital, la madera y la electrónica (como este órgano, el Gameleste o el arpa), Björk invirtió cerca de 160 mil dólares. En este caso, Bjorgvin Tomasson fue el encargado del diseño.
- Gameleste
También creado por Tomasson, este instrumento es la unión de la celesta (un instrumento muy similar al piano, que funciona con placas) y el gamelán indonesio. El instrumento es utilizado en el tema "Crystaline".
- Reactable
Inspirado en los sintetizadores modulares de los 60, fue desarrollado en 2005 en la universidad catalana Pompeu Fabra. Es una mesa donde se apoyan fichas que cuando sono movidas, generan diferentes sonidos.
- Arpa gravitacional
Para diseñar y construir este gran instrumento de madera compuesto por péndulos que utilizan la gravedad para sonar, Björk convocó.
- Bobina cantante de Tesla
Esta bobina inventada por Nikola Tesla para realizar descargas eléctricas fue modificada para estos conciertos y logra así escalas musicales según el poder de la descarga (que puede ser de millones de voltios). Es la estrella de Biophilia.
- iPad
La tableta con la que Steve Jobs pateó el tablero por última vez en el mercado de la tecnología casera es parte esencial del concepto Biophilia. En vivo, Max Weisel maneja tres de ellos y hasta Björk se anima a "tocarlo".
- Hang
Según Manu Delago, el percusionista austríaco que acompaña a Björk, el hang "es una mezcla entre un arpa y un tablas; puede pasar de un sonido bonito y mágico a uno más percusor". Fue inventado en 2000 por los suizos Felix Rohner y Sabina Schärer.


