Boleros con identidad porteña
Tras cinco años sin grabar, el reconocido bolerista presentará las nuevas canciones del disco "La noche", mañana y pasado mañana, en el teatro Lola Membrives
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Un día por semana, Chico Novarro se junta con los amigos a comer, beber, discutir de fútbol y hablar de música hasta la madrugada, en una suerte de ceremonia impostergable. "Cada vez que salgo mi mujer me dice: «Prefiero que vuelvas tarde, pero que no comas ni tomes mucho». Yo siempre le digo: «Prefiero volver temprano, pero no dejar lo otro»."
La frase puede formar parte del decálogo preferido de este bolerista, autor de unos 600 temas. Entre ellos figuran clásicos como "Arráncame la vida", "Cuenta conmigo" o "Algo contigo", que siempre vuelven a escucharse en las voces de otros artistas de diferentes generaciones y estilos, como Olga Guillot, Luis Miguel, María Creuza, Luis Salinas, Vicentico (no quiere hablar del juicio que le hizo por su versión al cantante) y Andrés Calamaro.
Chico Novarro acaba de sacar un disco con nuevas canciones, clásicos y algunos temas olvidados que no podría llamarse de otra manera que "La noche". "A pesar de que ya no estoy tanto en la noche, ese clima genera muchas cosas creativas. Cuando uno compone, hay mucho tiempo de espera.
Hay ronquidos sobre el piano, bollos de papel y alguna que otra bebida que acompaña. Las ideas salen porque uno les da tiempo", desliza el cantante y autor de esos boleros que le devuelven su popularidad una y otra vez.
Es el retorno del cantante al disco después de cinco años, y su hija Julieta no tuvo mejor idea que poner la foto de un vaso de whisky como foco del arte de tapa. "Van a pensar que soy un borracho", bromea el compositor. Pero dice que no hay que malinterpretarlo; el vaso de whisky, el piano y la soledad fueron compañeros interesantes en el momento de la creación del nuevo trabajo. El resultado de esas noches lo satisface.
"Es un disco de consumo propio, como esos bodegueros que tienen un vino añejado para disfrutarlo entre amigos -afirma-. No es un disco para grandes mayorías. Tiene un concepto musical moderno con respecto a lo que había hecho antes con el bolero y la balada. De lo último que compuse hay seis temas nuevos, y son boleros raros, quizá muy intelectuales para el género." Así describe "La noche", su último material, que será presentado mañana y pasado mañana, en el Lola Membrives.
Cuestión de oficio
Una vez el escritor Juan Sasturain lo definió de esta manera: "Chico Novarro es el bolero destilado". Más allá de las comparaciones etílicas, el elogio le gusta, aunque le parece un poco exagerado. Lo suyo es oficio puro llevado a una expresión delicada y cotidiana. "Nunca me sentí un poeta, es una palabra muy grande. Apenas soy un buen letrista. Son baladas, pero con letras con mucha sustancia", dice Novarro, sobre sus canciones.
Jugando con la difusa frontera entre lo autobiográfico y la ficción, y con un imaginario romántico más caribeño que porteño, Novarro construyó su particular estilo compositivo. "Una vez me encontré con Tito Puente y me dijo: «Chico, pensé que eras un cubano de 91 años y vivías en La Habana. Para mí, tú no eres argentino»." Y agrega: "Tengo una manera de decir que es como un bolerista que no deja de ser tanguero y un tanguero que es melódico. Una vez me dijeron que lo mío era un tango caribeño. Yo no sé eso de los rótulos, pero te puedo decir que una canción mía como «Nuestro balance», que nació como un tango, fue cantada por los grandes boleristas como Tito Rodríguez".
-¿Y cómo surge el bolero dentro de tu música?
-Viví en Colombia un año. Ahí aprendí los ritmos colombianos y venezolanos, y comencé a escuchar toda una onda del bolero más jazzística y moderna. Esa fue una influencia impresionante para comenzar a garabatear los primeros boleros, con armonías que no fueran simples. El primero que hice se llamó "Dios en tus ojos" y hoy lo eligen los músicos de jazz para tocar, porque tiene muchos acordes.
Una infancia musical
La trayectoria creativa de Chico Novarro puede ser desconcertante para quienes lo quieren encasillar en un solo género. En el libro "Tango judío", el periodista Julio Nudler, lo describió así: "Para cada categoría de público, hay un Chico Novarro diferente. Para las mujeres es el de «Arráncame la vida». Para los hombres maduros, el de «Cordón» o «El último round». Los camioneros lo identifican con «El orangután» o «El camaleón». A los jóvenes rockeros les llegó con «Carta de un león a otro» (...)".
La protohistoria del Chico Novarro compositor se puede rastrear en su infancia en Santa Fe: "Escuchábamos las orquestas en los bailables, donde se nos pegaban todos los tangos. Pero un día mi hermano mayor se apareció con el jazz y una batería. A partir de ahí, en mi vida convivió el tango y el jazz. Mis primeros pasos, a los 14 años, fueron como cantor de típica y baterista de jazz en la característica. Bajaba y cobraba doble".
Cuando se vino a Buenos Aires en los sesenta, convivió con toda la época efervescente del jazz porteño. "Eramos una barra grande de músicos con el Gato Barbieri y Lalo Schifrin. Ahí me olvidé del tango por un tiempo. Después comencé a componer algunos que anduvieron muy bien como «Un sábado más», «Cantata Buenos Aires», «Cordón» y «El último round»."
-¿Por qué nunca te definiste por un género?
-Creo que la dispersión me viene de cuando era chico. Yo iba saltando de una cosa a la otra y tuve diferentes épocas. En los sesenta, laburé en el Club del Clan. En los setenta, fue el bolero; y en los ochenta y noventa, el tango y el café concert. Además mis temas fueron grabados por un montón de gente de diferentes estilos. Yo diría que por eso uno perdura.
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