
Brillante recital de Ralph Votapek
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Recital de Ralph Votapek . Programa: Sonata Nº 8 en Do menor, op. 13 "Patética", de Beethoven; Fantasía en Do mayor, op. 17, de Schumann, Danza de Debussy y Gran fantasía sobre temas de "Porgy and Bess", de Gershwin. En el templo de la comunidad Amijai.
Nuestra opinión: excelente
El pianista Ralph Votapek, en su nueva visita al país, vino a demostrar con su recital que todas las virtudes que se le han conocido a través de los años desde aquel lejano 1966 y en varias temporadas más se mantienen incólumes, en especial los atributos que lo distinguen; honestidad musical, inclaudicable dedicación y formidables medios técnicos puestos al servicio de las obras y no para un lucimiento aparatoso.
Primero fue impecable como intérprete de la "Patética" de Beethoven. Limpieza en la articulación, dinámicas lógicas para dejar escuchar las ideas del creador que, en su original lenguaje, logra grandiosidad emocional en el primer movimiento, así como también dolorosas exclamaciones. Luego, el acierto del movimiento lento de apacible línea en el académico rondó y todo el brillo de un mundo nuevo en las posibilidades del piano que Votapek transmitió de un modo magistral.
Y no menos excepcional fue el salto estilístico que impone Roberto Schumann con su admirable y bella Fantasía op. 17 y que Votapek logró con total naturalidad. Esa característica de la obra donde el autor, en apasionado lenguaje en el primer movimiento, escribe inspirado por su Clara, como se deduce por un concepto del autor al referirse a este momento de la obra, "es la causa de una queja en torno a ti", surgió del teclado con elocuente inspiración y un toque apasionado.
No menos notable fueron los dos movimientos subsiguientes, donde la atmósfera musical cautiva por su inspiración y cierta sensación de intermezzo . El final, delicado y tenue, podría ser una de las razones por las que la obra se escucha poco en los recitales de pianistas, además de otra, la más probable y poderosa, que la inmensa dificultad de su ejecución, la enjundia de su lenguaje y el virtuosismo técnico que se hace necesario.
Luego de tan admirable primera parte, se escuchó una danza para piano, la llamada alguna vez "Tarantelle syrienne", de Debussy, que en su edición de 1903 fue llamada sólo "Danza para piano". La obra, composición de los primeros momentos del joven creador francés, tiene un matiz de estilo a la italiana, pero no de tarantela, y no por ello se aparta de la transparencia y liviandad de su lenguaje más característico. Se la escuchó en una ejecución realmente de mucha jerarquía que vino a sumar amplitud y diversidad de estilos al programa, con la consiguiente evidencia de que el artista, además de virtuoso en el teclado, es un músico de sólida formación.
Con absoluto derecho y lógica, Ralph Votapek se permitió dictar una clase magistral de buen gusto y seriedad al elevar la música de George Gershwin, con los temas de su "Porgy and Bess" con arreglo de Earl Wild, a la esfera de lo académico, sin por ello dejar de ser fiel a la soltura, el swing, el sabor y los ritmos marcados, propios del jazz.
Como se había previsto, el dominio del teclado fue impactante por el fuego interno de la música que se lleva en la sangre y que emanó con toda su potencia, pero con la misma sobriedad, respeto y don de la ubicuidad que caracteriza a su persona.
Cuando frente al calor del aplauso agregó más temas de Gershwin -se dio el gusto de ofrecer piezas originales del gran creador y pianista norteamericano-, el ramillete que se escuchó además muy grato desde el punto de vista musical, le permitió reforzar el concepto de que en él existe total ausencia de divismo que ha entrado en una etapa de madurez y que es justo que se lo ubique entre los grandes pianistas de la actualidad.
El templo Amijai contribuyó con su acústica a un disfrute pleno de la música, pero además hay que insistir en que cada día se hace más necesario atender a la compra de pianos de gran concierto nuevos y de marcas de la mayor calidad. El Blüther que se viene utilizando con cierta frecuencia está dando muestras de debilidad y una tendencia a perder la afinación exacta con el correr de los recitales. Aun en este caso, en que el artista aplica una sabia manera de tocar a lo largo de todo el rango sin apelar a ningún touch excedido, queda en evidencia la urgencia que merece el tema.




