
Brindis por Canario Luna
Uruguay despidió al famoso murguista
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MONTEVIDEO.- Un improvisado coro se animó a entonar el "Brindis por Pierrot" en un cementerio; fue con el argumento de que era la mejor forma de despedir al Canario Luna, que había fallecido a los 70 años anteanoche. Era el carnavalero por excelencia, bolichero, divertido, problemático, simpático y con mañas adquiridas en mostradores de grapas y cañas, de mesas de barajas españolas para juegos criollos. No soñó con llegar a ser un artista que trascendiera fronteras, le gustaba cantar, pintarse la cara y recorrer tablados. Pero la vida, la voz y la visión de músicos prestigiosos lo llevaron a los mejores escenarios de teatro, a la televisión y al mundo del canto profesional, que le parecía ajeno. Y aquel canto que regalaba a amigos en torno a un mediotanque con carne asada, recorrió ciudades de varios países en discos que se vendían como pan caliente.
Ayer fue enterrado en el Cementerio del Norte, en las afueras de Montevideo, con el homenaje que le tributaron cientos de carnavaleros y seguidores que no podían creer que había muerto algunas horas antes. "Me voy, como se han ido tantos, que el recuerdo disfrazó de santos, y su historia se ha vuelto ilusión ?", sonó ayer en las radios uruguayas al transmitir la noticia que golpeó al mundo carnavalero y se volvió a escuchar desafinado en el viejo cementerio, entre llantos y aplausos: "Descubro el dejo de amargura, que ni la mejor partitura le pudo marcar a mi voz ?".
Su voz es inconfundible; no era trabajada ni resultado de audiciones largas y cuidadas. Era natural. Hablaba así cuando pedía un trago o cuando le hacía una broma a un amigo. Y cuando en rondas informales se ponía a cantar a capella la canción que más quería: "Si la vida me diera de nuevo la oportunidad, de volver a vivir otra vez ?".
Con origen muy humilde, Washington Luna había trabajado vendiendo diarios y lustrando zapatos en la calle hasta que consiguió un empleo en el puerto de Montevideo. Comenzó como carnavalero siendo adolescente en una categoría que no era murga, sino en una comparsa de negros y lubolos llamada Guerreros Africanos. También participó en grupos de humoristas (una especie de teatro cómico popular) llamado Negros Melódicos y en otro, Jardineros de Harlem. La primera murga que integró fue Los Pichones de Antaño, aunque es más recordado por sus personajes en La Milonga Nacional y en Los Saltimbanquis.
El quiebre en su carrera artística se dio al llegar a la murga creada por Raúl "Tinta Brava" Castro: con el conjunto que se convirtió en uno de los símbolos populares contra la dictadura: la Falta y Resto. Jaime Roos vio en "el Canario" una figura y una voz con gran potencial; creó canciones para ese juglar murguero y lo complementó con el coro de la Falta. Así surgieron "Brindis por Pierrot" y "Adiós juventud".
El apodo de "canario" surgió por un personaje que realizó en un couplé murguero (el segmento humorístico de la actuación de una murga) del concurso de Carnaval de 1966, con Don Timoteo.
En los últimos carnavales no se había pintado la cara para subir a un tablado, pero le gustaba ir al Teatro de Verano y en especial, ver la murga joven Agarrate Catalina. El cáncer le había dado jaque hace pocos días y su voz se apagó en la última madrugada de julio. Se descuenta que en el próximo carnaval será motivo de múltiples homenajes en los libretos que hoy ya se están escribiendo.
Ayer, para despedirlo, el "Flaco" Castro, de Falta y Resto, dijo con la voz entrecortada: "Canario, te recuerdo con el cariño de siempre (...)por todo lo que escuché de vos no solamente arriba de los escenarios sino en las teñidas del mostrador, donde cantabas las que te salían del corazón".
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