Buxtehude y Bach, interpretados con virtuosismo y claridad
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Concierto comentado de la Academia Bach de Buenos Aires. Solistas: Mario Videla (clave), Manfredo Kraemer (violín barroco), Juan Manuel Quintana (viola da gamba), Claudio Barile (flauta travesera barroca). Programa: Tocata, en Sol mayor y Suite en Mi menor; Trío sonata Op. 1, N° 3 y Op. 4, para violín, viola da gamba y bajo continuo y Aria en La menor, con variaciones y "Courant zimble", en La menor, con ocho variaciones, de Dietrich Buxtehude, y Trío Sonata en Sol Mayor, BWV 1038, para flauta, violín y bajo continuo, de Johann Sebastian Bach. Organizado por Festivales Musicales, con el auspicio de Novartis Argentina. Museo de Arte Español Enrique Larreta.
Nuestra opinión: excelente.
Uno de los grandes aportes para la formación de nuevos públicos es la temporada musical de la Academia Bach, enriquecida por los sabrosos y amenos comentarios de Mario Videla. Este año, al cumplir un cuarto de siglo de tan fructífera actividad, se tuvo el buen tino de hacer conocer la figura de Dietrich Buxtehude, cuya obra se escucha sólo en una mínima proporción en relación con su magnitud e importancia, quizás el más eminente antecesor de Johann Sebastian Bach.
En esta segunda presentación se reiteró un programa con obras de ambos maestros (el primer concierto estuvo dirigido a las cantatas) dedicadas a la música instrumental en el rubro de obras para clave con numerosas suites, con admirables allemandes y brillante gigas donde se reconoce una escritura libremente fugada, pero con una curiosa y a la vez encantadora influencia francesa.
Precisamente, fue interesante escuchar obras para clave, ejecutadas con virtuosismo por Mario Videla, para comprender una impresionante riqueza de ideas de composición, muchas de ellas precursoras de posteriores esquemas del clasicismo, tal el caso de la Tocata, en Sol mayor en una sola secuencia, pero que descubre tres partes de carácter y ritmo contrastantes, y en la Suite en Mi menor, respetando los moldes tradicionales en cuatro tipos de danzas, allemande, courante, sarabande y gigue, pero con sugerente tratamiento de las sonoridades del clave, incluyendo momentos de majestuosa grandeza.
La clarísima articulación de Videla, fue ideal para una composición de Buxtehude, denominada Aria en La menor, para clave, con cuatro variaciones y "Courant zimble" en La menor y ocho variaciones, alguna de ellas con necesidades de exponer todos las posibilidades del clavicémbalo.
Justamente un instrumento diferente del clavicordio y del piano por ser de cuerdas punteadas no percutidas, con suficientes recursos mecánicos como para satisfacer las exigencias del autor en cuanto a la obtención de ricos matices y variedades de sonidos, desde aquellos parecidos a los de una guitarra a otros diáfanos y refulgentes.
Valiosos tríos sonatas
También se escucharon dos tríos sonatas de Buxtehude, que seguramente han de formar parte de sus obras más valiosas concebidas para violín, viola da gamba y bajo continuo, ofrecidas en versiones impecables a cargo del violinista Manfredo Kraemer, el gambista Juan Manuel Quintana y el propio Videla desde el clave. Fue un momento de enorme nivel artístico por la pureza de estilo logrado, por medio de la utilización de instrumentos de época de sonoridad peculiar entre sutil y robusto, ejecutados con un sentido de equilibrio ideal y una limpieza técnica inmaculada.
En estas composiciones, el autor evidencia una enorme riqueza de ideas, una magistral utilización de la dinámica y el desarrollo de pasajes expresivos que prenuncian, visionariamente, postulados de la posterior Escuela de Mannheim y aun del lejano romanticismo, tal como ocurre en un inspirado lento cargado de congoja o en el ligero y deslumbrante final.
En ambas obras el ensamble fue impecable, no sólo desde el punto de vista de la precisión rítmica en cuanto a la ejecución mecánica, sino por la empatía existente entre ellos, tanta como para ver y sentir la obra con la misma devoción y entrega intelectual.
Sin pausa alguna se escuchó el Trío Sonata, de Bach, para flauta travesera barroca, viola da gamba y bajo continuo. Fue la feliz circunstancia para el reencuentro con el excelente flautista Claudio Barile, que retorno a la actividad después de una larga ausencia, exhibiendo con seguridad, buen sonido y pulcritud en los pasajes rápidos, los méritos de excelente instrumentista que se le reconocen, en esta oportunidad con pleno dominio de la poco frecuente flauta barroca.
Aquí también lucieron en toda su magnitud los quilates de los músicos y, obviamente, la pureza de la escritura. La composición 1038 del catálogo Bach está enrolada en un estilo de sonata da chiesa, subdividida en cuatro movimientos, donde abunda habilidad para utilizar ritmos con puntillos con gran fuerza interior, pasajes dialogados entre el violín y la flauta sumamente originales y un adagio con fraseos de serena placidez como declamados no exentos de una llamativa tristeza expresiva. Fue, entonces, un concierto hermoso, llevado a cabo en el decorativo salón del Museo Enrique Larreta, donde la universalidad del lenguaje musical de Buxtehude y de Bach no fue traicionado porque la atmósfera hispana del lugar fue tan ideal como una casa en la natal Eisenach de Bach. El aplauso del público fue prolongado.




