Camila Moreno: "Hay un motor que empuja y no es solo la música"

La artista chilena, que forma parte de la nueva camada de cantautores modernos de ese país, toca mañana en la Usina antes de hacer una pausa materna
"La madurez natural se fue dando con el tiempo", dice
"La madurez natural se fue dando con el tiempo", dice Crédito: Pangea
La artista chilena, que forma parte de la nueva camada de cantautores modernos de ese país, toca mañana en la Usina antes de hacer una pausa materna
Alejandro Lingenti
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28 de abril de 2018  

En breve, Camila Moreno (a no confundir con la cubana Camila Cabello) se tomará un largo descanso.

Luego de un show en una plaza muy importante de Santiago de Chile (el Teatro Capoulicán, con capacidad para 4500 personas, donde se presentará por primera vez en su carrera), esta talentosa música chilena de 32 años que se declara fan incondicional de Charly García y "el Spinetta de Artaud" dejará por un buen tiempo los recitales en vivo para concentrarse en la crianza de su pequeño hijo (León, de un año y siete meses) y la composición de los temas de un futuro disco que será el cuarto de su trayectoria, luego de Almismotiempo (2009), Panal (2012) y Mala madre (2015). Pero antes, atención, también pasará por Buenos Aires: mañana ofrecerá un show gratuito en la Usina del Arte, acompañada por Iván González (percusiones electrónicas y guitarras), Diego Perinetti (guitarras y teclados), Rodrigo Muñoz (bajo y samplers) y Gabriel Holzapfel (batería).

García y Spinetta no son los únicos argentinos que aparecen en la lista de favoritos de Camila: "También me gustan mucho Juana Molina y los primeros discos de Fito Páez", asegura. De su propio país, menciona a Los Prisioneros y Violeta Parra. Todos artistas, queda claro, que forjaron su educación sentimental y de alguna manera la estimularon a dedicarse a la música. Moreno viene trabajando desde hace un tiempo en un proyecto multidisciplinario titulado Pangea que incluye un cortometraje documental, un disco doble, un libro y un cómic. Se siente orgullosa de esa amplitud de miras y, en sus propias palabras, de "la madurez natural que se fue dando con el paso del tiempo; en estos diez años, aprendí muchas cosas sobre el sonido y la producción, fui profundizando un concepto sonoro y trabajando mejor el arte de los discos -señala-. Hay un motor que empuja y que no solo tiene que ver con la música".

El concierto porteño estará apoyado sobre todo en Mala madre, pero también habrá temas de los otros dos discos. En apenas una década, Camila se posicionó como referente de la canción joven de su país, junto con colegas como Francisca Valenzuela (cantautora, poeta y diseñadora) y la más conocida por aquí, Javiera Mena (que acaba de editar Espejo, un nuevo disco de electropop). Y lo hizo con sus propias convicciones, cruzando folk con pop y electrónica, apoyada en su notoria pericia como multiinstrumentista (guitarra, cuatro, charango, piano).

Para ella, que evidentemente domina ese arte, una canción que valga la pena debe tener "una buena letra y una linda armonía que, además, sea intrigante". No repara tanto en los estilos: "Hay buenas canciones muy distintas entre sí -opina-. Una buena canción de Massive Attack y una buena canción de Spinetta son muy diferentes. No hay un único criterio... Creo que cuando una persona encuentra una verdad en lo que hace, las canciones que compone son valiosas porque tienen una coherencia. Pero también están los buenos productos, que no tienen nada que ver con la coherencia ni con la verdad, sino con el trabajo de productores suficientemente inteligentes como para hacer que algo suene bien y tenga onda. De todas maneras, esas canciones no trascienden en la historia ni el corazón de la gente, son apenas un pequeño goce estético transitorio".

Criada en una casa donde había mucha música, sobre todo por su padre, un intenso melómano, Camila creció "escuchando aquello que escuchaban los niños de mi edad, pero también cosas más orientadas a los adultos". Su madre, bailarina, "también tocaba la guitarra y cantaba canciones hippies y religiosas", recuerda ahora.

"Yo me siento parte de una generación de artistas que vienen desarrollando su carrera solos, con total independencia, e indagando en distintos lugares y de diferentes formas -resalta-. La característica común entre nosotros (además de Valenzuela y Mena, seguramente piensa en Gepe, con el que grabó en vivo una muy linda versión de "Esta noche o nunca", tema del álbum Mala madre, que se encuentra en Spotify) es que tenemos una fuerza muy especial en vivo. Eso es lo que nos une. Pero también siento cada uno tiene su singularidad y que nadie está haciendo el mismo camino que yo".

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