
Canciones de amor, de muerte y de despedidas
Mira aquí arriba, estoy en el Cielo. Tengo cicatrices que no se pueden ver. Tengo un drama que no se puede robar. Ahora todo el mundo me conoce." Aquellos versos de "Lazarus" con los que David Bowie decidió despedirse en público a principios de año, vuelven una y otra vez a escena para presentarse como el epitafio hecho disco más poético y grandilocuente de la historia del la música pop. Habían pasado apenas dos días de la edición de Blackstar cuando Bowie hizo su último acto de magia y desapareció de este mundo para siempre, dejando a todos boquiabiertos por la sorpresa, pero también absortos de admiración. Bowie lo había hecho una vez más y hasta su muerte, su despedida final, la había transformado en arte.

Y aquí están Nick Cave y Leonard Cohen con sus flamantes discos, Skeleton Tree y You Want It Darker. El australiano, a los 59 años, despidiendo con música y dolor a su hijo adolescente fallecido el año pasado en un trágico accidente; el canadiense, con sus 82 a cuestas, cantando cada verso como si fuera el último, confesándose estar listo para partir. Los dos, a su manera, hablan de muerte, religión y resurrección. Los dos, a su manera, dialogan con su Dios a través de las canciones.
"Acá estoy, estoy listo mi Señor", canta Cohen en el tema que abre y le da nombre al álbum. "Con mi voz, te estoy llamando... Sentémonos juntos en la oscuridad, hasta que llegue el momento", canta Cave en "Jesus alone", también en el track uno de su disco. Un hombre religioso que, a veinte años de haberse hecho monje budista, está preparado para morir y otro creyente aunque desconfiado de la liturgia religiosa, que no está listo, como ningún hombre ni mujer lo está, para afrontar la muerte de un hijo. Discos oscuros y repletos de obsesiones, pero que, al final del camino, buscan la luz.
Cohen grabó la mayor parte de las voces de You Want It Darker sentado en el living de su casa, mientras "ponía en orden" sus pertenecias para cuando ya no esté, según él mismo le dijo a la prensa europea el mes pasado. "Creo que no voy a ser capaz de terminar esas canciones, tal vez... ¿quién sabe? Tal vez consiga un segundo aire y lo logre, no lo sé. No sé si me atreva espiritualmente. Tengo mucho trabajo que hacer. Estoy listo para morir, sólo espero que no sea demasiado incómodo. Eso es todo para mí".

Sin embargo, a lo largo de las ocho canciones (una de ellas, "Traveling Light", dedicada a su musa y compañera Marianne Ihlen, quien falleció este año) y un reprise que integran el álbum, la voz de Cohen lleva la melodía sin rasgo alguno de cansancio. Por el contrario, con la elegancia de siempre el canadiense recita los versos como nunca y a pesar de su obsesión por la mortalidad y su permanente diálogo con "El Señor", el disco jamás transita atmósferas asfixiantes. Suena a despedida, sí, pero celebratoria.
Del otro lado, Cave inicia este nuevo viaje junto a los Bad Seeds con aire brumoso y cargado de dramatismo. Un hombre en las tinieblas que camina solo, sin su Dios ("Jesus alone"), en busca de respuestas. Cave canta y su banda, siempre con el lugarteniente Warren Ellis al mando, lo acompaña mixturando dosis justas de minimalismo ("Magneto") con espíritu avant garde ("Anthrocene").
"Nada realmente importa cuando la persona que amas se ha ido", estalla Cave en lamento y su voz, por primera vez en el álbum, se quiebra y deja de sonar con esa cavernosa seguridad que la distingue. El tema se llama "I Need You" y funciona de conmovedor cierre poético para una herida que, en el mundo real, jamás cerrará.
Así, Cave reserva el tema que da título al disco para terminar con una luz al final del camino y la promesa de levantarse y seguir, a pesar de todo: "A través del mar grité y grité, que nada es gratis... Y ahora está bien, y ahora está bien".


