Canciones de amor tomadas en broma
Presentación de Mabel y los Inmaculados. Integrado por Maby Salerno en canto y actuación, Javier Ntaca en guitarras, Frip Piva Strauss en teclados, Lisandro Rodríguez en bajo, Ariel Pirosanto en batería y Pablo Rojas en percusión. Invitado: Carlos Casella. Nuevas funciones: hoy y el viernes 28, a las 21.30, en Molière Teatro Concert, Balcarce 682.
Nuestra opinión: bueno
El tema de la obra, el tema de siempre, es el amor: el que se anhela, el que se añora, el que no se sabe disfrutar, el que no se encuentra, el que se perdió. Tema de conversación pero, sobre todo, tema musical. Incontables canciones hablaron y hablarán del amor.
El grupo Mabel y los Inmaculados eligió para su espectáculo musical seleccionar y presentar -enhebradas por brevísimos interludios "teatrales"- una serie de esas canciones.
No fue al azar. Ni tampoco han buscado las composiciones más firmemente grabadas en el inconsciente colectivo. En su lugar, el grupo ha elegido, dentro de esa amplia categoría que podría llamarse "canciones que hablan del amor", hacer un recorte, una subcategoría, cuya definición podría acercarse a las de "El idioma analítico de John Wilkins": algo así como "canciones del amor exacerbado que se acerque al estereotipo". Aquellas que, en definitiva, les permitan jugar sus juegos teatrales.
Así, con suficiente solvencia, el grupo interpreta "Te estoy amando locamente", de Las Grecas (dúo español de los años setenta); "Se acabó", de Lola Flores; la muy cómica "El mosquito", del cordobés Cuarteto Leo; "Pal bailaor", de Gilda, y "Con el diablo en el cuerpo", de La Lupe, entre otras.
Pero a ello suman una puesta en escena que con cambios de vestuario y algunos pocos elementos -el gran teléfono de la duda, la carta que insiste, el sillón con luces y plumas de la cita ideal, las nubes oscuras del amor despechado- les dan a las canciones el tono irónico que no tienen en sí mismas.
Y allí está el problema; porque aunque el elemento central siguen siendo ellas (los boleros, las cumbias, los valsecitos, las rumbitas), su escucha placentera es a veces entorpecida por ese intento teatral que no termina de definirse y del que los músicos parecen participar con cierta incomodidad.


