
Celia Cruz al fin descansa en paz
Su ataúd fue llevado a un cementerio del Bronx por una carroza tirada por dos caballos
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NUEVA YORK.- Con unas honras fúnebres dignas de una monarca, Nueva York dio ayer el último adiós a Celia Cruz, la reina de la salsa. Tras una multitudinaria misa en la catedral de San Patricio, sus restos fueron enterrados en el cementerio Woodlawn, del Bronx.
En una carroza blanca tirada por dos caballos blancos, el féretro de la inolvidable guarachera de Cuba fue trasladado, a las 13, desde la funeraria Frank E. Campbell hasta la catedral, en la Quinta Avenida y la calle 50, mientras decenas de miles de personas lo saludaban. Todo el recorrido estuvo tapizado por miembros de la numerosa comunidad latina que vive en esta ciudad, los que querían ver por última vez a la entrañable Celia y que acompañaron con cánticos, gritos y llantos sus restos.
En San Patricio, miles de fanáticos se habían apostado desde temprano, en una insoportablemente calurosa y húmeda mañana, para poder ingresar en la iglesia, que sólo tenía espacio para 2500 personas. El resto tuvo que conformarse instalándose en las elegantes veredas de la Quinta Avenida, donde cientos de periodistas se disputaban el terreno para transmitir en directo el arribo de la reina de la salsa. "¡Celia! ¡Celia! ¡Celia!", le gritaban los fanáticos, mientras agitaban grandes fotografías de la artista, junto a banderas de todos los países latinoamericanos.
La "reina" hizo su entrada triunfal en la catedral gótica en una procesión a pie encabezada por su marido, el trompetista Pedro Knight, que iba tomado del brazo del alcalde Michael Bloomberg y otros miembros de la familia Cruz. Desde Cuba había venido su hermana Dolores y aquí ya estaba su otra hermana, Gladys. Fueron recibidos con una catarata de aplausos. Cubierto por un manto blanco bordado, el féretro fue colocado delante del altar, donde el obispo auxiliar de Nueva York, el vasco José Iriondo, ofició el servicio religioso junto a otros ocho sacerdotes (entre ellos, el argentino Carlos Mullins). En las primeras filas se sentaron familiares y amigos cercanos de Celia, entre ellos, Antonio Banderas (con Melanie Grifith), Paquito D´Rivera, Jon Secada y Rubén Blades, que fueron los encargados de hacer las ofrendas. Las sobrinas de Celia, Celia María Cody y Linda Bécquer, y su amigo Jorge Plasencia, realizaron las lecturas.
"Es impresionante la convocatoria que tiene nuestra hermana muerta", dijo el padre Iriondo durante la homilía, después de la lectura del evangelio. Con tiernas palabras, el obispo recordó la humildad y la alegría de Celia, "una luchadora férrea que creó sus propias circunstancias", pese a las discriminaciones que sufrió por su color cuando era joven y a la oposición al gobierno de Fidel Castro. Con cálidas palabras, Iriondo reconoció a Pedro Knight, a quien Celia conoció 41 años atrás, cuando ambos formaban parte de la Sonora Matancera. El público se puso de pie y lo aplaudió durante varios minutos. Debilitado y visiblemente conmovido, al principio Knight tuvo que ser atendido.
"Como buena azúcar, vives derretida en el café de tu pueblo", finalizó Iriondo, refiriéndose a la palabra que Celia tanto repetía y que fue recibida con fuertes aplausos.
Un poderoso aguacero caía sobre la catedral cuando la cantante Patti LaBelle comenzó a entonar un emotivo "Ave María", que terminó también con un dulce "Azúcar", ofrecido con su mano al féretro.
Tras la masiva comunión, el cantante puertorriqueño, a capella y acompañado por las palmas de todos los presentes, comenzó a cantar "La vida es un carnaval" y pidió a la gente recordarla con alegría, como a ella le hubiera gustado.
Curiosamente, la lluvia había parado y los rayos del sol se asomaban por entre las nubes cuando el féretro fue retirado de San Patricio, en medio de una ovación popular. En una caravana de 15 limusinas negras, y mientras la gente coreaba "Guantanamera", los restos de Celia se retiraron camino al cementerio del Bronx, donde fue enterrada en una ceremonia íntima y privada.





