
Coldplay, la máquina perfecta del éxito
1 minuto de lectura'
Presentación debut del grupo Coldplay, en el teatro Gran Rex. Chris Martin, voz y piano; Jon Buckland, guitarra; Will Champion, batería, y Guy Berryman, bajo. Repite esta noche, en el mismo lugar, a partir de las 21.30.
Nuestra opinión: bueno
Son, sinceramente, casi perfectos en lo suyo y tienen todo para ser la banda de rock y pop más grande de estos tiempos globalizados. Tienen las canciones y tienen la ropa rota, gastada, pero limpia. Son políticamente correctos en su compromiso social y cuentan con un cantante de ojos verdes que entona dulcemente versos como el que dice: "Cuando lo intentas todo pero no tienes éxito, cuando obtienes lo que quieres pero no lo que necesitas... las luces te guiarán a casa y encenderán tus huesos y yo intentaré arreglarte".
Son amables, lo suficientemente parcos y recios en sus gestos como para cumplir con la regla número uno de las estrellas de rock y visten de riguroso negro, remera y pantalón, pero con zapatillas blancas, impolutas, Adidas. Son tan perfectos que produce cierta envidia pensar en la sonrisa de ese empleado del sello Parlophone que los escuchó por primera vez en un gimnasio universitario, en Londres, y se dio cuenta en ese mismo instante de que estaba frente a la gallina de los huevos de oro, de platino y de diamante todo junto, por el mismo y módico precio.
Desde entonces, cuando Chris Martin, Jon Buckland, Will Champion y Guy Berryman fueron descubiertos por una multinacional y, de la noche a la mañana, su banda, Coldplay, se convirtió en el grupo más ambicioso y pretencioso del planeta, han pasado poco menos de ocho años. Coldplay es el grupo número uno en Europa, los Estados Unidos y Japón, el más vendedor, el mejor sponsoreado, el amo y señor de las canciones que suenan en los celulares, en la televisión, en la radio y en el aire de cualquier ciudad que se considere cosmopolita.
Anteanoche, en lo que podría considerarse toda una rareza teniendo en cuenta el retraso con que suelen aterrizar por estas tierras las luminarias del Primer Mundo, Coldplay debutó en el país con un concierto en el teatro Gran Rex, para poco más de 3000 privilegiados que disfrutaron de un encuentro cara a cara con su banda favorita, sin prismáticos ni multitudes abarrotadas lo más cerca posible del escenario. La banda del momento en su mejor momento, aquí y ahora, en tu cara, interpretando todos sus hits con certificado ATP.
El comienzo con "Square One", "Yellow", "Speed of Sound", "God Put Smile Upon Your Face", "Clocks", "Trouble", "In My Place" y el cierre, luego de una hora y media de show, con "Fix You", aquella canción del hombre que quiere arreglar a su enamorada, como sea.
Suenan un poco a Echo & The Bunnymen, mucho a U2, casi nada a Radiohead y una pizca a Travis. Coldplay es el Frankenstein mejor ensamblado del brit pop en años y lo demuestra en escena. Son tan perfectos que, en vivo, el error es impensable y el riesgo, una utopía. ¿Quieren rock? ¿Para qué? "Yellow", su primer éxito, suena con la misma fidelidad que podría sonar en un sofisticado equipo de audio Bang & Olufsen, y eso, en esta era de digitalización al palo, es una virtud invaluable para la industria comercial.
Eso sí, Coldplay tiene todo, menos originalidad. Es la banda número uno del rock británico, pero, al parecer, nada nuevo tiene para ofrecer esa escena que, una década atrás, depositaba todas sus fichas en un grupo clon de los Beatles como lo era Oasis. Ahora, la clonación está basada en Bono y compañía: en música (es asombrosamente igual la reinterpretación que hace Buckland del sonido de la guitarra de The Edge) y gestos (se repartieron volantes de la campaña internacional Comercio con Justicia, de la organización humanitaria Oxfam). Cierto es también que lejos está Chris Martin de tener la personalidad de Bono, pero bueno, es más fachero y, además, quién sabe: la industria se rinde a sus pies de todas formas y, como ha quedado demostrado, estos chicos parecen capaces de aprender (imitar/copiar) cualquier cosa. ¿Será que finalmente el rock creó la máquina perfecta del éxito globalizado? ¿Es esto una buena noticia? ¿O será el anunciado principio del fin de lo que hasta aquí se entendió como cultura rock? Más que la salvación, estos muchachos parecen los cuatro jinetes del Apocalipsis, disfrazados de corderos.





