
Con el énfasis en la variedad de estilos
Fusión y músicas de América latina
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MIRAMAR.- Desde temprano, el III Festival de Jazz de Miramar se puso en movimiento. El interés que despertó esta muestra en la ciudad se observó en dos situaciones específicas.
En la primera, 40 inscriptos participaron de una clínica sobre "Polimétricas armónicas", título que refuerza la relación entre la música y la matemática, a cargo del Centro de Estudios Caemsa y, convengamos, que todo lo que se hace de día por aquí debe competir con el mar y la playa, lo que no es poco.
La segunda de las evidencias fue el "llenazo" en el hotel Puerta del Bosque, por cierto, recién inaugurado, y que dejó a una buena cantidad de amantes del jazz sin poder participar de esta segunda jornada que, aun sin figuras, demostró que hay un buen potencial musical entre los grupos más jóvenes.
La noche comenzó con un quinteto de Pergamino, Jazz Oil, con Alberto Blanco en saxo alto, Mariano Mussachio en guitarra, Bernardo Bianco en piano, Eduardo Cruz en bajo y Martín Risso en batería. El grupo mostró tener una tendencia que parece bastante habitual, que es la de edificar atmósferas de jazz fusión, debido particularmente a las formas invasivas de las secciones rítmicas con un lenguaje neobop. Composiciones propias, más apoyadas sobre el ritmo que sobre melodías y una inclinación hacia los solos.
Hasta el momento fue un festival de pocas baladas y un fuerte acento en la potencia sonora. Tras el paso de los pergaminenses, tocó el pianista cubano Luis Lugo, un músico que no se puede situar dentro del amplio panorama del jazz; más bien, este artista transita por un doble camino, el de la pedagogía musical y el de aunar piezas del cancionero tradicional cubano desarrolladas desde un cuidado academicismo. Una suerte de músico de repertorio erudito-popular.
Aquí el auditorio del Puerta del Bosque tomó un aire de salón de concierto. Concentrado, el músico mostró una técnica impecable y de un gusto por cierta estilización que quitó el marcadísimo centro rítmico que tiene la música caribeña. Una serie de composiciones en las que evidenció su dominio sobre este tipo de composiciones que reflejaron una especie de sustrato erudito que tiene mucha de la música de Cuba.
El cierre estuvo a cargo del dúo brasileño-venezolano, de Jose Daltro en guitarra y Elvis Carvallo en percusión, y que comienzan a parecer uno de los sellos de esta edición. Un repertorio de composiciones clásicas de la música popular brasileña y bossa nova y una forma de interpretarla fuertemente expresiva. Un dúo que logró trasmitir alegría.
Si bien la apertura en la Plaza Principal tuvo su atractivo, la idea de desarrollar el resto del festival en el auditorio de este hotel parece una decisión feliz, pues se creó un ámbito de mayor intimidad y receptividad.
Mientras siguen llegando músicos para participar de la muestra, su organizador, Patricio Pucci, no descartó que Miramar comience a tener encuentros de jazz invernales. Sobre la cuarta edición de la muestra, Pucci afirmó: "Es un hecho".

