Con el gusto de Eduardo Lagos
Se reeditó la placa que el pianista registró con un seleccionado de músicos
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Un mes y medio atrás, en su habitual columna de los lunes, Jorge H. Andrés hizo justicia al recordar una pieza olvidada de la discografía nacional: el álbum "Así nos gusta", un long play protagonizado por el pianista Eduardo Lagos, junto a un grupo de amigotes músicos.
Y si este disco vuelve a ser mencionado en estas páginas es porque fue reeditado por el sello Trova con sonido mejorado, la reproducción del arte de tapa y los textos que acompañaron la publicación original. Sobre este material hay mucha información reunida por Andrés en aquella columna de música popular. Quienes deseen leer o releer el artículo y tengan acceso a Internet no tienen más que visitar la edición on-line www.lanacion.com.ar (si no lo están haciendo en este momento). La nota fue publicada el 1° de septiembre pasado con el título de "Un legendario long play".
A modo de continuación, se puede profundizar acerca del momento en que fue grabado, reproducir fragmentos de los comentarios y sumarle algunas anécdotas que van despertando en la memoria de Lagos. Porque además de dedicarse a la medicina y a la música, la afición por la escritura también hizo que Lagos recorriera los caminos del periodismo.
Integrada por once temas, propios y ajenos, la placa fue registrada entre septiembre de 1968 y marzo de 1969. Quizá no sea casual que fuera creada a fines de los sesenta, la década de oro del folklore argentino. Por aquellos años, se consolidaron y consagraron los cuartetos de formación tradicional (voces, tres guitarras y bombo), estructura con la que comenzaron a dar ejemplo Los Chalchaleros una década antes. Fue el tiempo en que los festivales de folklore comenzaron a multiplicarse notablemente en diferentes regiones del país, pero también la época de aquel movimiento poético-musical que tomó forma en el manifiesto del Nuevo Cancionero, ese que proponía una renovación, casi con el mismo ímpetu que traían los jóvenes grupos vocales (con Los Huanca Huá a la cabeza) y los intérpretes y compositores de música instrumental que transitaban un camino paralelo, de menor difusión. Algunos de ellos son los que aparecen en este disco.
Por entonces, dos palabras que difícilmente se escuchaban juntas comenzaban a asociarse cada vez con mayor frecuencia: "proyección folklórica".
"De entrada, pueden suceder dos cosas: que usted escuche el disco antes de leer esto, o después. O que no lo escuche, directamente, tercera alternativa que plantea una seria dificultad para seguir adelante -escribía Lagos con su particular humor-. Porque yo quería pedirle que primero lea y luego oiga."
El pianista escribió sobre el espíritu del LP y ensayó un par de conceptos: "Sabemos perfectamente que no estamos "haciendo folklore", pues el folklore ya está hecho y, a lo sumo, podremos hurgar en su esencia y en sus raíces para proyectarlo hacia hoy (...). Enfocamos el asunto a nuestra manera, porque nos divierte (...), porque lo sentimos auténticamente, bueno, porque así nos gusta".
Lagos utilizaba la primera persona del plural. No podía ser de otra manera. Allí se escuchan pianos, contrabajos, percusiones, vibráfonos, guitarras, violas, violines y chelos. Cuecas como "La bacha", el aire de chacarera "La oncena" y la popular pieza "La vieja" fueron interpretados en formaciones diversas (desde un cuarteto hasta una verdadera orquesta de once músicos), integradas por artistas del folklore, el jazz y el tango. Hugo Díaz, Astor Piazzolla, Domingo Cura, Oscar Cardozo Ocampo, Alfredo Remus y Oscar López Ruiz, sólo por mencionar a algunos.
Reuniones musicales
De algún modo, la placa fue el resultado de las reuniones que el armonicista Hugo Díaz llamaba "folkloreishons" ("en fonética elemental anglo-santiagueña"). Encuentros de músicos amigos en torno del piano de la casa de Lagos.
"Después de varios almuerzos en un local cercano al estudio, donde solían parar muchos camioneros, fueron surgiendo las ideas. Fue muy importante la persecución que me hicieron Oscar López Ruiz (el productor) y Alfredo Radoszynski para que yo grabara ese disco", recuerda Lagos, a 35 años de la primera tanda de grabaciones.
También asegura que la idea del repertorio era unir clásicos del folklore con temas de él. "Aunque tuvo un balance muy desfavorable para los tradicionales, porque ocho son míos."
Los músicos fueron cayendo de a poco. "A veces nos juntábamos a grabar sin haber armado nada previamente. Una día estuvimos con Astor desde la medianoche hasta las 5 de la mañana. Por eso cambiamos el tema y grabamos otro día unos arreglos que había hecho López Ruiz. Por suerte, el sello grabador no nos hacía mirar el reloj."
Otra figura destacada de ese seleccionado de notables que participó en la placa fue Hugo Díaz, que a pesar del inconfundible sonido de su armónica no podía figurar con su nombre real por cuestiones contractuales con el sello RCA. "¿Me dejás que te ponga un seudónimo?", le preguntó Lagos. "Se me ocurrió Hans Oreja -recuerda ahora-. Su nombre fue por el origen alemán de sus armónicas; el apellido, por su oreja única, que a él mismo le permitió hacer toda clase de chistes de humor negro."
Además de divertirse, estos amigotes hacían buena música.
Así nos gusta
Eduardo Lagos
Zamba alegre, La séptima, La banquina, La olvidada, El agrícola urbano, Zamba del que se queda, La vieja, Encontrar la verdad, La oncena, La bacha, Por vivir (Trova) .





