Courtney Barnett: girl power australiano en Buenos Aires

La joven australiana tocó ayer en un Niceto repleto
La joven australiana tocó ayer en un Niceto repleto Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Cichero/AFV
Alejandro Lingenti
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27 de febrero de 2019  • 02:18

En apenas cinco años, Courtney Barnett se erigió en voz esencial del indie rock de su generación. Cuando apareció Sometimes I Sit and Think, And Sometimes I Just Sit (2015), su primer LP, la crítica elogió sin reservas su espontaneidad y su sensatez, dos virtudes insólitamente escasas en la escena. Quedaba claro que los certeros latigazos de su guitarra cruda y lacerante combinaban a la perfección con la exhibición pública de unos demonios interiores que, a juzgar por lo que vino después, no terminaron de desaparecer. En Tell Me How You Realy Feel (2018), segundo álbum de propia cosecha después de la encantadora aventura en sociedad con su amigo Kurt Vile (Lotta Sea Lice, de 2017), el repertorio quedó teñido de la impotencia que le provocan asuntos espesos que hoy están en boca de todos -la misoginia y el patriarcado- y también otros más recurrentes para los especialistas en ajustes de cuentas del rock -las miserias de la industria musical, las relaciones tóxicas-. Toda esa carga emotiva que empuja las canciones de la australiana apareció con inusitada potencia en su segunda presentación en Buenos Aires (la primera había sido hace tres años en el festival Music Wins), este martes, en un Niceto repleto.

Al frente de un trío de rock clásico (guitarra con mucha distorsión, bajo, batería), Barnett sonó en escena mucho más salvaje que en estudio y logró capturar la atención de su audiencia sin tribunear ni un instante. Como argumento central despachó unas cuantas buenas canciones, apoyadas en inspiradas melodías que asoman debajo del estruendo ( Charity, Depreston, City Looks Pretty) o en climas todavía más inquietantes ( Kim's Caravan, Pedestrian at Best, con sus riffs herederos de los Kinks más rabiosos).

Su discurso musical es sencillo pero efectivo y depende en buena parte del poder de fuego y los matices de una guitarra ejecutada con un estilo que más de una vez remite al de Stephen Malkmus, un auténtico prócer del indie americano. En su ADN hay obvios rastros de muchas de las mujeres claves del rock alternativo de los 90 (Kathleen Hannah, Liz Phair, PJ Harvey, Kim Gordon y la mismísima Courtney Love), un linaje a tono con el color de una lírica atravesada por el feminismo que, de hecho, animó a alguien del público a acercarle un pañuelo verde que terminó enrollado en un pie de micrófono. Girl power en ebullición, entonces, para una noche muy intensa que, prometió Barnett antes de despedirse, podría repetirse en un futuro no tan lejano.

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