Cuarteto en un teatro lírico
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CORDOBA.- Una voz solemne anunció por los altoparlantes la presentación de "Macbeth" para el próximo fin de semana y, segundos después, el cuarteto se apoderó por completo del Teatro del Libertador. Los 16 músicos de La Barra, uno de los grupos más convocantes de estos días, celebraron su década de trayectoria instalando, por primera vez en la historia del coliseo, el ritmo del tunga tunga en la sala mayor.
Los pesados cortinados de pana bordados en dorado y una platea repleta de funcionarios, deportistas, músicos y figuras de los medios fueron el escenario de un show medido para la ocasión, con decibeles controlados y canciones melódicas alternadas con los grandes éxitos de la banda. El baile frenético de los clubes fue reemplazado por movimientos de palmas en el aire y golpecitos constantes de pies debajo de las butacas.
"Buenas noches a todos, es un placer enorme estar acá", disparó Javier "La Pepa" Brizuela, después de cantar los clásicos "Se nos fue el amor" y "No voy a llorar". "Esto es llegar a entender que todo se puede en la vida. Nosotros no queremos usurparle nada a nadie, simplemente queremos cumplir un sueño", dijo otro de los músicos en alusión a la enorme polémica que precedió a la irrupción del cuarteto en el Libertador.
El público, y en especial la gran cantidad de chicas que se habían ataviado para la ocasión, aplaudieron cómplices y se sumaron en casi todas las letras, cantando a viva voz. Tampoco faltaron los gritos de adoración que cosecha la voz cantante del grupo.
Para el numeroso equipo de La Barra (son 23 en total, incluyendo a los músicos) el sabor de la revancha excedía los avatares por la actuación en el Libertador. Su mayor mérito, dicen ellos, es haber permanecido durante diez años y haberse consolidado ante un público que habitualmente no asiste a los bailes de cuarteto.
A lo grande
Lejos de aquel debut de 1994 en el club Las Palmas, que se hizo pagando el escenario "a cuenta" y que como único telón de fondo tenía un nylon negro y un centenar de globos, la presentación de anteanoche en el teatro oficial de la provincia fue a lo grande, con pantalla gigante al estilo recital de rock, parejas de bailarines vestidos con colores furiosos y un sonido impecable.
Pese a la costumbre de tocar para multitudes, antes de subir, "La Pepa" le confesó a LA NACION que estaba "un poco nervioso" porque, "sin desmerecer ningún otro escenario, éste es el más importante".
El grupo entró vestido de smoking y la platea los vivó. Incluido José Manuel de la Sota y su esposa, Olga Riutort, que presidieron el palco oficial. "Le agradecemos especialmente al gobernador (que intercedió especialmente para que ellos tocaran en el Libertador)", dijeron al promediar el show. "Esto es lo más lindo que nos ha pasado", aseguraron.
El show comenzó un poco más tarde de lo previsto porque la concurrencia de público los desbordó. Entre otros, estuvieron el basquetbolista y concejal Héctor "Pichi" Campana, Ramón Mestre hijo, Roberto "Diablo" Monserrat y algunos infaltables del cuarteto como "El Negro" Angel Videla y Beatriz Olave, la madre de Rodrigo.
Nadie se quiso perder el ingreso del ritmo más cordobés en el recinto lírico por excelencia. En general, prevalecieron la armonía y los buenos modales. Incluso la directora del teatro, Marcela Reartes, y el presidente de la Agencia Córdoba Cultura, Pablo Canedo, que tenían sus objeciones, asistieron a la función. No es que hubieran cambiado de opinión, sino que la decisión vino "de arriba", con la venia del propio gobernador.
Aun así, Reartes cree que el debate sobre cómo gestionar la política cultural sigue pendiente. "Nadie discute que el cuarteto sea o no parte de la cultura, ni tampoco se trata de que el público cuartetero vaya a causar destrozos, como se dijo por ahí... Eso es simplificar la discusión", señaló. "En todo caso -agregó- se trata de discutir sobre el rol que le cabe al Estado en esta materia."



