
El exitoso baile de los robots
Gracias a su hit global "Get Lucky", el dúo electrónico francés conquistó el planeta y le devolvió humanismo a la música bailable
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Cuando en 1978 el guitarrista Nile Rodgers popularizó, gracias al éxito de su canción "Le Freak" de su banda Chic, el sonido de un pagadizo y rítmico riff, no sólo marcaba el paso definitivo del funk a la música disco, sino que también sembraba los fundamentos para varias décadas de sonido bailable. Su presencia, su impronta como compositor, fue una señal de éxito y una marca de estilo casi única: llevan su rúbrica el clásico "Good Times", de Chic -el tema que, sampleado, dio origen al hip hop-; "I'm Coming Out", de Diana Ross; el álbum Let's Dance , de David Bowie; "Like a Virgin", de Madonna; "Original Sin", de INXS, y "Notorious", de Duran Duran, entre muchos otros. Como titulaba el diario inglés The Guardian la semana pasada, sería raro encontrar alguna persona que haya pisado una pista de baile y no haya movido sus pies al ritmo de un tema con la marca de Rodgers.
Hoy, 35 años después, su guitarra define, impregna, desde la intro, el hit del momento, el que expresa mucho más que un nuevo crossover generacional entre adolescentes y adultos, y una nueva prueba de que son los productores de música electrónica quienes mejor entienden el pulso pop en la actualidad: "Get Lucky", del dúo francés Daft Punk, comienza con un rítmico pulso funk hasta convertirse en un nuevo himno de la noche -con estribillo y melodías pegadiza-, gracias a la voz y el falsete del rapero Pharrell Williams.
Ayer mismo, la canción se convirtió en el primer tema de 2013 en vender más de un millón de copias en Inglaterra. Su marketing, además, desafía algunas leyes establecidas: el lanzamiento no estuvo acompañado de un videoclip oficial para difundir en YouTube. Apenas una presentación, enigmática, en el popular show televisivo Saturday Night Live .
El culto de la personalidad, el sostén de popularidad de los artistas basado en sus apariciones, deslices, anécdotas o vida social fuera de escena, tan vigente, también aparece desafiado: ya desde sus comienzos, en la escena rave europea de mediados de los 90, estos dos productores franceses decidieron ocultarse detrás de esta apariencia robótica de cascos espaciales. Las pistas sobre su éxito habrá que buscarlas, pues, en el enigma.
Vista con distancia y a la luz de su global éxito actual, su larga trayectoria puede ser leída como un gran ensayo sobre la música funk, como la esencia de la música bailable. En los orígenes, el primer single, "Da funk" (1995), es un mero ejercicio de estilo rítmico, de puro sintetizador, instrumental. Ahora, en su cuarto disco de estudio, el reciente Random Access Memories , suenan audaces, ambiciosos y con un objetivo claro: devolverles cuerpo y alma al pop y a las discotecas, en un solo movimiento. Su compatriota y contemporáneo David Guetta se apropió con su probada fórmula sintética, de estadios, épica, del último lustro de música pop (con hits como "When Love Takes Over" o "Titanium", y una influencia perceptible en artistas que van de Rihanna a Swedish House Mafia). Y es en ese momento cuando este dúo electrónico camuflado de robot decidió recuperar el pulso humano de la música "dance". Es más, suena casi inapropiado llamar "electrónico" a su sonido. Es mucho más que eso.
De cualquier modo, su influencia no es nueva. Ya en los 90, mucho antes que Guetta, fueron pioneros del sonido francés, el french touche , en la música house. Y, ya en 2000, pueden vanagloriarse del extraño poder que les otorga haber sido admirados por uno de los mayores artistas de la escena hip-hop, Kanye West (quien los utilizó para su híbrido de rap y sintetizadores) como por los héroes indie LCD Soundystem. Su single "One More Time", acaso su anterior gran hit, había servido para popularizar el autotune, esa posproducción que los hacía, sí, robóticos, inhumanos.
Esquivos con la vida pública, sus presentaciones en vivo han sido otro puntal de su fama internacional. En su única visita al país, en noviembre de 2006 en el Club Ciudad, ofrecieron una prueba de ello: sostenidos en una enorme pirámide de luces de LED, los dos franceses apenas parecían asomar desde un dispositivo que era más una nave espacial que un escenario o una cabina de DJ. La parafernalia sonora y lumínica, su arsenal de sonidos sintetizados, emitidos vaya uno a saber desde qué instrumentos (otro enigma: nada se veía allí arriba), deleitaron a la multitud.
En 2010, después de haber generado videoclips con los directores más talentosos (Spike Jonze, Michel Gondry) y de haber desarrollado su propio film fantástico animado y musical ( Interstellar 5555 ), trabaron su relación definitiva y conceptual con el cine: musicalizaron no sólo el film Tron: el legado, apuntalando la potencia visual de neón y ficción del film, sino que su aparición, como DJ en el momento central de la película, les hace verdadera justicia.
Parisinos, melómanos, eruditos, poshumanos. Así, los Daft Punk llegaron a 2013 en condiciones de escribir un nuevo capítulo en la historia del pop: el que logra que un tema se reversione de manera casi inmediata, que trascienda las categorías de tema de culto y de hit de verano (lo es en estos momentos en el hemisferio Norte) para instalarse en la memoria de una época, esa memoria R. A. M. a la que alude el título de su nuevo disco, una misión menos frecuente y necesaria en la música que se pretende funcional y de consumo instantáneo.ß
De Francia al mundo pop
Los músicos de ese país que dominan la escena actual
- David Guetta se convirtió en una de las grandes figuras globales en la última década. Su sonido explosivo, sus crescendos, su estilo de producción y su colaboración con populares artistas de hip-hop convirtieron al DJ en superestrella.
- Detrás de él, figura una gran cantidad de compositores, productores y bandas, como Martin Solveig, Justice, Chromeo, Breakbot o los pioneros Air.
- En 2013, es el turno de Daft Punk, que regresaron con nuevo álbum de estudio ocho años después de Human After All, empujados por el suceso de su single "Get Lucky", en colaboración con el cantante Pharrell Williams y el guitarrista Neil Rodgers.


