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David Bowie: el hombre que vivió un paso adelante

Un artista cabal que supo dictar los términos de su carrera, inspirar a millones y despedirse como vivió: inmerso en las búsquedas de su talento
Sebastián Ramos
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12 de enero de 2016  

Crédito: Sony

Cómo no pensar que se trata de otro de sus trucos. "David Bowie murió hoy pacíficamente a los 69 años", se asegura desde su página de Facebook, apenas dos días después del lanzamiento de su nuevo álbum, Blackstar, que lo ubica una vez más un paso por delante del resto del universo. Cómo no dudar y pensar que Bowie lo hizo de nuevo, siendo él el primer artista en comprender a la perfección las reglas del juego marketinero y publicitario que hoy dirige el mundo occidental. Cómo no remontarse a aquella vez que bajó del cielo. O aquella otra cuando mató con sus propias manos y ante los ojos de todos al mismísimo Ziggy Stardust. O incluso cuando en la década pasada, de un día para el otro, desapareció entre la gente, disfrazándose de persona común y corriente, imposiblemente invisible en las calles de Nueva York.

Pero habrá que creer o reventar, porque el final es tan dramáticamente performático que no puede ser otro que el que escribió David Robert Jones para su personaje más pulido. Una despedida a su altura, con la salida de su último álbum el día de su cumpleaños 69, dos días antes de morir, dejando para la posteridad su imagen con el rostro tapado, recostado en una cama y cantando eso de "miren acá, estoy en el cielo, tengo cicatrices que no se pueden ver", mientras se eleva en lo que hasta ayer era el videoclip de su último simple, "Lazarus", pero que desde ahora y para siempre será el cierre de una obra audiovisual sin precedente. Como señaló con precisión su amigo y productor Tony Visconti: "Su muerte no fue diferente a su vida: una pieza de arte".

Una vida/obra de arte entonces que vio la luz el 8 de enero de 1947, en Brixton, al sur de Londres, y que de allí en más se multiplicó potenciándose una y otra vez, yendo hacia la derecha para cambiar a la izquierda, viajando al espacio exterior para conquistar la Tierra. Del pop más comercial al avant garde experimental sin intermediarios, Bowie creó un mundo nuevo y se reinventó todas las veces que fueran necesarias, con máscaras como Ziggy Stardust, Aladdin Sane o el Duque Blanco.

Su influencia resulta inabarcable: de la música al cine, del teatro a la plástica y de la moda a la lucha por los derechos de las minorías antes siquiera de que estuviera permitido ser bisexual o que declamar contra el racismo fuera políticamente correcto. Bowie fue un extraterrestre que llegó aquí para inspirar a la humanidad con su obra, con su vida, con su muerte.

El adolescente David ingresó al mundo de la música tocando el saxo alto, en 1961, mientras estudiaba arte en la Bromley Technical High School. Pero no fue hasta un año después que la leyenda de Bowie comenzó a escribirse: una pelea de manos por el amor de una chica con su compañero y futuro colaborador George Underwood le dejaría una pupila dilatada de manera permanente, y una mirada perversamente apropiada para sus planes de conquista.

Luego de participar de algunas agrupaciones, en 1967 se autoproclamó como David Bowie y dos años más tarde tendría su primer éxito: "Space Oddity", la historia del astronauta Major Tom, que pierde el contacto con la torre de control y que acarició las fibras íntimas de un mundo conmocionado que miraba por TV la llegada del hombre a la Luna.

La década del 70 la iniciaría con The Man Who Sold The World (su primer encuentro en un estudio con Toni Visconti) y el álbum que preparó lo que vendría, Hunky Dory, con canciones inmortales como "Changes" y "Life On Mars...", apoyado ya decididamente en una estética andrógina, que tomaba tanto de la ciencia ficción como del teatro japonés kabuki y que adelantaba el glam-rock.

En ese contexto, en 1972 Bowie comienza una nueva era de la música pop y presenta a su primer álter ego, Ziggy Stardust, el alienígena que fue estrella de rock. Luego de ver y escuchar en primer plano al tal Ziggy, toda una generación de jóvenes británicos no volvería a ser la misma.

Tan famoso como siempre pensó que iba a llegar a ser, Bowie coprodujo el álbum debut solista de su admirado Lou Reed, Transformer, junto a su compañero de banda Mick Ronson, e inauguró una serie de colaboraciones con estrellas de rock que se extendería con John Lennon ("Fame", 1975), Iggy Pop ( Lust for Life, 1977), Freddie Mercury ("Under Pressure", 1981) o el propio Mick Jagger ("Dancing in the Street", 1985), dejando en claro que por más grande que fuera su ego, el espíritu creativo (y ciertamente lúdico y comercial) eran prioridades en su visión de la industria del entretenimiento.

En 1973, Aladdin Sane le dio su primer número uno con "The Jean Genie" como caballito de batalla y, poco después, el teatral final de Ziggy Stardust le daría lugar a su peculiar versión de 1984, de George Orwell, recreada en el álbum Diamond Dogs.

Los Estados Unidos ya se habían rendido a sus pies para cuando decidió meterse con el funk y la música soul ( Young Americans, 1975) y reencarnar un nuevo personaje: El Duque Blanco ( Station to Station, 1976). Entre medio, Bowie había llegado a algún tipo de límite provocado por una mezcla de drogas, paranoia, problemas legales con su entorno y provocaciones públicas de todo tipo. Era tiempo de volver a cero y, una vez más, reiniciar.

Del krautrock a la TV

Su enorme capacidad para elegir la compañía adecuada en el momento ideal lo unió en 1977 con Brian Eno, el músico y productor que relanzaría su carrera con la trilogía conformada por Low, Heroes (ambos de 1977, grabados en Berlín) y Lodger (1979, registrado en Montreux y Nueva York), influenciada fuertemente por el clima sociocultural de la ciudad alemana y el krautrock machacante que absorbió como si se tratara de sangre para un vampiro.

Los años 80 los abrió grabando junto a Queen y uniéndose con Nile Rodgers para que produjera su álbum más bailable y más vendedor: Let's Dance (que incluía "Modern Love", "China Girl" y "Let's Dance"). La aparición de MTV como respuesta a los cambios en la manera de consumir música por toda una nueva generación confundió a una industria que, al mismo tiempo, crecía a un ritmo impensado apenas unos años antes. Signo de los tiempos, en 1987 Bowie cierra su década del 80 con una publicidad para Pepsi-Cola, interpretando a un científico loco que canta a dúo con Tina Turner.

"No se puede comparar a Bowie con otros íconos ,como Elvis o Dylan. Elvis Presley jamás llegó a escribir una sola canción. Dylan no es gran cosa en cuanto a presencia escénica en el escenario o capacidad teatral. Y Bono, aunque admira mucho a David, es tanto menos irónico que él... A la hora de la verdad, Bowie no tiene gran competencia", dijo Brian Eno un tiempo atrás para ensalzar las múltiples capacidades de este artista que, llegada la década del 90, ya parecía haberlo entregado todo.

Fue entonces cuando, en 1992, Bowie se casó con la modelo somalí Imán, con quien ocho años después tendría una hija, Alexandria, y con quien compartió felizmente su último cuarto de siglo sin abandonar los estudios de grabación ni las giras, con algunas dosis de experimentación ( Outside, 1995), camaleonismo electrónico ( Earthling, 1998) y pose crooner ( Hours..., 1999, y Heathen, 2002).

En 2004, durante el tour de su álbum Reality sufrió un ataque al corazón y tuvo que ser sometido a una angioplastia en un hospital de Hamburgo. No volvió a las giras y durante diez años se recluyó en su hogar neoyorquino sin que se le pudiera ver un pelo, salvo en contadas ocasiones: una grabación con su banda favorita del momento Arcade Fire; un show de su amigo David Gilmour; su voz en el disco de Scarlett Johansson.

Hasta que en 2013 decidió, sin previo aviso y en el día de su cumpleaños, volver para que el último acto de su obra/vida no ocurriera lejos de los focos. Su regreso fue con The Next Day, un álbum que mostraba casi toda su paleta sonora para una nueva generación y, tres años más tarde, la irrupción de Blackstar, el disco que llegó a las disquerías del mundo el viernes pasado, reclamando para Bowie no sólo el título de músico inigualable, con un pie en la vanguardia y el otro en la música pop, sino también, tras su muerte en escena, el de artista performático sin igual.

Con Bowie no se extingue el último de una raza, sino que se va el único de su especie.

Su influencia fuera de la música

De la moda al cine, su sensibilidad y talento cautivaron a otros artistas

Moda

Libre e inclasificable

Las prendas de hombre o de mujer no eran conceptos separados para él. Sobrevolaba el estilo mod y aterrizaba en el glam rock; pasaba de un look hippie a una sastrería de tres piezas, y hacía escala en un quimono de seda. Entre sus looks memorables está su Ziggy Stardust, con botas de plataforma, cueros, lúrex, metalizados y bodysuits, y su Thin White Duke, con el pelo engominado, camisa blanca, chaleco entallado y pantalones palazzo de tiro alto.La moda se rindió ante su modo de combinar prendas, texturas y colores: entre ellos, Jonathan Saunders, Jean Paul Gaultier, Alber Elbaz y la firma Givenchy.

Cine

El hombre que cayó a la Tierra, de Nicolas Roeg (1976)

Bowie debutó en la pantalla grande interpretando a un extraterrestre que llega a la Tierra tras abandonar un planeta en vías de destrucción.

Furyo, de Nagisa Oshima (1983)

Ambientado en un campo de prisioneros japonés, el film conmovía por el retrato del choque de culturas entre su oficial australiano y el capitán a cargo de los prisioneros (el músico Ryuichi Sakamoto). Ese mismo año rodó El ansia, de Tony Scott, en el que integraba un triángulo amoroso con una vampira milenaria (Catherine Deneuve) y la doctora (Susan Sarandon) que intenta curarlo.

Laberinto, de Jim Henson (1986)

Como el rey de los duendes que le concedía su deseo de liberarse de su hermanito insoportable a una adolescente (Jennifer Connelly), Bowie atraía y aterrorizaba por igual en este mundo feérico creado por el titiritero, quien supo canalizar esa cualidad rayana en lo sobrenatural que el intérprete proyectaba en pantalla.

Aquí, allá y en todas partes

La noticia de la muerte repercutió en toda la comunidad musical

Iggy Pop

"La amistad de David era la luz de mi vida. Nunca conocí a nadie tan brillante"

Rolling Stones

"Estamos conmocionados y profundamente tristes de conocer la muerte de nuestro querido amigo: hombre maravilloso, artista extraordinario y un original"

Madonna

"¡Este gran artista cambió mi vida! Talentoso. Único. Genio. El hombre que cayó a la Tierra. ¡Su espíritu vive para siempre!"

Lisandro Aristimuño

"Siempre estaba a la vanguardia, marcándoles el rumbo a los artistas. Hay un paralelismo con Spinetta, estuvieron adelantados a su época"

Emmanuel Horvilleur

"Crecí escuchando «Let's Dance» y viéndolo en Laberinto. Junto con Prince, es el número 1"

Carca

"Cuando se va un músico de éstos, siento como la partida de un familiar. Es triste, porque se apaga una luz"

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