De virtuosismos y sobriedades
Sunwook Kim (piano) / Programa: Partita en Si bemol mayor BWV 825, de Johann Sebastian Bach; Sonata N° 28 en La mayor opus 101, de Ludwig van Beethoven; Sonata N° 3 en Fa menor opus 5, de Johannes Brahms / Sala: Teatro Colón / Organiza: Festivales Musicales.
Nuestra opinión: muy bueno
Para su primer recital en el Teatro Colón, el pianista Sunwook Kim optó por un programa concentrado, sin veleidades, que se organizó alrededor de aquello que el director Hans von Bülow había llamado las "tres B", es decir: Bach, Beethoven, Brahms. La idea de Bülow era condensar en esas tres letras la evolución de la música alemana. Nadie objetó nunca los dos primeros nombres, algunos en su momento sí el tercero, pero en cualquier caso, trasladada a la escritura para teclado, la serie muestra un despliegue que tiene un interés particular.
Quizá con esa misma idea, Sunwook Kim ordenó cronológicamente las piezas. En el principio, entonces, hizo una versión rigurosa de la Partita I en Si bemol mayor, de Bach. La severidad de la lectura no impidió que aparecieran deslumbrantes claroscuros. El pianista coreano recurrió en ocasiones a un delicadísimo rubato, jugó hábilmente con las velocidades, destacó ciertas líneas con una inteligente dosificación de las dinámicas y crescendi sumamente expresivos, pero mantuvo siempre diferenciada la independencia y relevancia de las voces. Esta misma pericia pudo advertirse en el último movimiento de la Sonata N° 28 en La mayor opus 101, de Beethoven, con su exposición en contrapunto doble. La opus 101 inaugura el estilo tardío de Beethoven, pleno de durezas y anfractuosidades, y, en ese sentido, debe escucharse también como un umbral, como una expectativa llena de presagios y condensaciones. Ya en el inicio, tres páginas le alcanzan a Beethoven para sostener todo el peso de un primer movimiento de sonata. La belleza de ese Allegretto es acaso inagotable y Sunwook Kim lo realizó maravillosamente con un carácter entre sereno y resignado. Pocas veces, además, se habrá sentido un contraste mejor logrado entre el "Vivace" y el "Adagio": fue verdaderamente como si el día se oscureciera de golpe.
La Tercera sonata, de Brahms, tiene la singularidad de presentar, en lugar de cuatro, cinco movimientos, un poco a la manera de la forma del divertimento, aunque con un diseño estrictamente unificado; una prueba de esto es la afinidad temática entre los dos movimientos lentos. El formidable Sunwook Kim nunca perdió de vista esa coherencia estructural, como si tuviera presente continuamente la relación entre el detalle y la totalidad. Con su sensibilidad para pasar de la extrema ligereza a la mayor gravedad, abrió perspectivas inesperadas; fue enfático cuando tenía que serlo, pero el énfasis nunca se desbordó. En general, Sunwook Kim es un virtuoso sobrio, no incurre en ninguna sobreactuación y es de esos pianistas que parecen tocar más para sí mismos que para el público. Hubo un solo encore, también beethoveniano: una hipnótica lectura del "Adagio" de la sonata Patética.






