
Diego Torres se largó a caminar
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Presentación de Diego Torres. Con Florial Calahorrano en teclados y dirección musical, Pablo Etcheverry en teclados, Gustavo Luciani en bajo, Luis Cardoso y Sergio Addario en guitarras, Ezequiel Ghilardi en batería, Javier Mokdad en percusión, Cristián Díaz en trompeta y Dora Chávez, Magalí Bachor y Alex Batista en coros. El viernes y ayer, en el estadio de Vélez.
Nuestra opinión: bueno
Simpático. Sí, Diego Torres es un tipo simpático, de esos que no tardan en caer bien. Unos segundos alcanzan para que él y las 40 mil personas que fueron a Vélez a verlo se distiendan, entren en el clima que propone el cantante y sigan con atención y risotadas cada uno de sus comentarios ocurrentes, graciosos e íntimos. "Vamos, ustedes saben que no pagaron la entrada sólo para verme cantar", dirá en un pasaje y tendrá razón.
En la noche del viernes, el flamante embajador de Buena Voluntad de Unicef inició el tour de presentación de su nuevo disco y lo hizo andando, tal el nombre del disco y de su primer tema. Sobre una tarima, movido por una cinta transportadora y a varios metros del escenario principal, dio inicio a un largo show de más de dos horas que, durante todo su desarrollo, tuvo carácter de celebración. Exultante, después del segundo tema saludó al público, les aseguró a los lejanos espectadores de la popular que era él quien estaba en escena y bromeó acerca de la preparación previa a los dos conciertos de Vélez. "Uno se prepara tanto para el debut -dijo-. Come sano, se cuida, hasta que dos días antes... ¡Le sale un grano!"
Con esfuerzo, Diego Torres intenta todo lo que está a su alcance para no caer en lo que es, una estrella de la canción de América latina. Bromeará por su pelo, por su físico ("me puse una remera de músculos, no vayan a creer que son míos") y por la corbata de la primera parte del show ("creo que desde primer grado que no me ponía una"). Las chicas lo aman pero sin histeria y él las mira a los ojos, al menos a las que están en el campo, en el sector VIP.
Una pasarela conecta el escenario principal del pequeño espacio que se mete en el campo y que sirve para acortar las distancias entre el músico y su público. En el medio, quedan acorralados un puñado de privilegiados, entre amigos y seguidores de América latina que viajaron para ver el inicio del tour. Para los que están en las plateas y en la popular, dos amplias pantallas siguen al cantante, una tercera, móvil, que se subdivide en cinco paneles, sirve como telón de fondo y dispara imágenes que complementan las historias de las canciones. Y hay una cuarta, un gran ojo ubicado en lo alto, en paralelo al techo del tinglado.
Como una suerte de pequeña feria de las naciones, el gran protagonista homenajeará a lo largo del concierto a México, a Cuba, a la Argentina (en particular, a Buenos Aires, con el aroma a tango de un bandoneón) y responderá así por la puesta que, desde las pantallas, abrió la noche: un enorme planeta Tierra que periódicamente se detenía en uno de los puntos caros a los sentimientos del músico: Italia, España, Colombia, México...
Con leves problemas de sonido por momentos, con tres auspiciosas intervenciones del vocalista Alex Batista y con el cumplimiento al detalle del plan trazado, el primero de los shows programados tuvo ese sabor típico del estreno, donde todo está muy ensayado pero ninguna de las partes de la gran maquinaria se anima a soltarse del todo.
Una remera negra primero y un chaleco sin mangas después, serán parte del vestuario que seguirá al look inicial. El comentará cada cambio y, en varios pasajes, extenderá sus dichos más allá de lo recomendable. Como quien se reencuentra con amigos, Diego tiene mucho para decir y se apresura por contarlo todo. Algunas palabras servirán de introducción a las canciones, otras surgirán en el momento y la mayoría reflejará los dotes actorales del cantante. Invitará al centro de la escena a su padre ("fuerte aplauso para nuestro actor de reparto"), recordará a los seres queridos que se han ido ("nos acompañan como ángeles guardianes"), homenajeará a las mujeres y responderá con ocurrencia el gesto de una fan, que le acerca un gran ramo de flores: "Gracias tía, pero te dije que tenías que entrar en el tema cuatro".
Lejos de Luis Miguel, Torres opta por el papel de cómplice, de figura próxima a su público. Pero también se excede en sus esfuerzos. Sus canciones y su manera de interpretarlas están bastante alejadas del otro modelo y sus seguidoras las disfrutan con una sonrisa cómplice, como quien recuerda grandes momentos vividos con esa música de fondo.

