Diseñando a Bowie: claves para entender el enigma detrás de sus últimas tapas de discos

El artista gráfico inglés Jonathan Barnbrook cuenta cómo fue trabajar con David Bowie durante más de una década; diseñó Blackstar, el álbum publicado días antes de la muerte del músico
Yamila Trautman
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1 de diciembre de 2017  

DÜSSELDORF.– “Sinceramente, la primera vez que David Bowie me llamó no creí que fuera él; sonaba como un imitador de David Bowie . Pero era él. Y quería que trabajara en el arte de sus discos”. Como si aún estuviera viviendo el sueño que comenzó en el instante en el que sucedió esa llamada telefónica, el tipógrafo y diseñador inglés Jonathan Barnbrook cuenta la historia del primer contacto con el músico para el que trabajaría durante más de una década, nada menos que el mismísimo David Bowie, con admiración pero sobre todo con mucha gracia. De contextura pequeña y gesticulación elocuente, Barnbrook habla ante una audiencia conformada por periodistas y agentes culturales de todo el mundo en el marco de Electri-city, una serie de conferencias y shows organizados en la ciudad de Düsseldorf, Alemania. A principios de la década de 2000, Bowie conoció su trabajo gracias a su colaboración con el artista Damien Hirst y a partir de aquel momento se convertiría en el hacedor de las tapas de los últimos cuatro discos de su carrera: Heathen (2002), Reality (2003), The Next Day (2013) y el impresionante Blackstar (2016), lanzado dos días antes de su muerte.

Jonathan Barnbrook fue el responsable de las portadas de Blackstar, Heathen, Reality y Next Day
Jonathan Barnbrook fue el responsable de las portadas de Blackstar, Heathen, Reality y Next Day

Acaso relegado o ignorado por los fanáticos, el análisis del trabajo de Barnbrook colabora con la comprensión póstuma de la obra de uno de los artistas más emblemáticos y enigmáticos de la historia de la música, planteando el diseño como elemento indisociable de los sonidos. “Creo que existe una conexión espiritual: si la gráfica funciona, la experiencia de la música se ve mejorada”, sostiene el diseñador antes de relatar el proceso creativo que permitió el nacimiento de la tapa de The Next Day, pieza fundamental en la discografía de Bowie por marcar su regreso al estudio después de diez años de ausencia y misterio mediático.

El arte de The Next Day retoma la portada de Heroes (segunda entrega de la llamada “Trilogía de Berlín”, editado en 1977) con la cara de Bowie tapada por un cuadrado blanco. Entre risas, Barnbrook se sincera y justifica sus decisiones: “¿Por qué esperamos que el popstar sea original y novedoso cada vez que lanza un disco? Seis meses de trabajo para terminar poniendo un cuadrado blanco arriba de una tapa vieja… Sé que un idiota podría haber hecho esta portada, pero habla precisamente de lo que se espera de un artista y también de lo que él espera de sí mismo. Al haber estado escondido durante diez años, esta tapa evidencia la intriga de cómo David luciría en su reaparición. Pero hay algo más en el concepto: el cuadrado blanco tiene un poder antipublicitario que fue aprovechado en la campaña, en la que se usó en todos los afiches y avisos callejeros. Y ahí los fans comenzaron a sacarse fotos con cuadrados blancos, convirtiéndolo en un fenómeno viral”, explica.

Ese poder de viralización fue retomado en 2015, a la hora de planificar el diseño de Blackstar, el disco final. Bowie llamó una vez más a Barnbrook sin develar que padecía la enfermedad que terminaría con su vida: “Las letras estaban llenas de reflexiones sobre la mortalidad y referencias universales, por eso surgió la idea de que el diseño también sea universal, que todos puedan compartirlo. Así, y teniendo en cuenta que un disco hoy se difunde a través de las plataformas digitales más diversas, era necesario diseñar un sistema para que la tapa pudiera aparecer en todos lados. Elegimos el pictograma simple de la estrella (“blackstar” es “estrella negra” en inglés), que es uno de los caracteres Unicode, diseñado para que pueda usarse en cualquier sistema tecnológico. Entonces la estrella se eligió por una razón conceptual, pero también tecnológica y práctica”.

La semilla de esta decisión artística había sido plantada mucho tiempo antes cuando el diseñador, en sus años de estudiante, le pidió al escritor William Burroughs su opinión sobre el futuro de la tipografía. El viejo beat contestó: “Estará entre los jeroglíficos egipcios y los pictogramas de aeropuertos”. Barnbrook vio en esa respuesta una premonición: Burroughs estaba hablando de los emoticones, las caritas y símbolos cuyo significado es comprendido a nivel global. Con Blackstar, se intentó poner la estrella negra en la misma categoría.

La muerte inesperada de Bowie, que fue inmediatamente posterior a la edición del disco, trajo aparejado el uso compulsivo de la estrella negra como forma de rendir homenaje al artista y recordarlo, sobre todo a través de tatuajes. “La idea de compartir se tradujo en la posibilidad de que todos pudieran bajar la gráfica de manera gratuita para usos no comerciales y que la fuente tipográfica sea de uso libre para que cualquiera se la pueden tatuar”, explica Barnbrook.

“Claro que la pérdida que implicó la muerte de Bowie fue terrible –termina el diseñador con nostalgia–. “Además de su talento, era un hombre que sabía reírse de sí mismo, que entendió que lo más gracioso del mundo siempre es uno. Encantador, muy fácil de tratar, murió feliz. Su música es lo que queda como legado, obviamente, pero es importante que la gráfica también perdure como símbolo y que permita transmitir el significado de la obra del artista y lo que él representa. Espero, al menos, haber contribuido con eso”.

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