Djavan, baladas y aires funk brasileños
El cantante cautivó a un Gran Rex lleno
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Recital de Djavan. Músicos: Max Viana (guitarra), João Viana (bateria), Renato Fonseca (teclados), Sergio Carvalho (bajo), Josué Lopez (saxo), François Lima (trombón), Walmir Gil (trompeta). Teatro Gran Rex.
Nuestra opinion: buena
Djavan es una rara avis dentro de esa generación intermedia sucesora del tropicalismo. A fines de los setenta el cantautor inauguró un camino propio abrevando en el soul, el rhythm & blues, el funk, el samba y la canción. Muchas de sus canciones se colaron en el imaginario pop brasileño gracias a ese olfato para componer bellas melodías que abarcarán a todas las capas sociales, desde los exigentes melómanos a los seguidores de las telenovelas más populares.
La mayoría del público que asiste al Gran Rex para la presentación del nordestino es, sin embargo, casi de un solo estrato social: medio alto, consumidor de FM Blue, look palermitano y empresarial, que sabe cantar en portugués y conoce al detalle la discografía del brasileño. Un teatro desbordante confirma la adhesión que Djavan logró en el público local, a pesar de sus escasas visitas. Por eso, confesará, en un momento del show: "Voy a tener que venir más seguido".
Djavan tiene un sonido depurado, el groove de las grandes bandas souleras, cortes y cambios de estructura jazzy a lo Steely Dan, baladas irresistibles, y una cadencia vocal, que por momentos lo emparenta con Prince y Stevie Wonder: el grupo de siete músicos que lo secunda suena con una perfección técnica, un swing y una cadencia envidiables.
Al principio su voz parece titubeante. El concierto irá in crescendo, a partir de la soltura del cantante y la selección de un repertorio que combina gemas de su historia como "Océano" -una de sus obras más completas que combinan melodía y delicadeza armónica- con las flamantes canciones de su disco Matizes .
En la lista no faltan esos blues djavaneados como "Joaninha", el samba "Delirio dos mortais", una balada al estilo Roberto Carlos como "Amor puro", y un puñado de hits mundiales como "Meu bem querer", "Flor de lis" (dentro de un popurrí de sambas),"Samurai" y "Sina".
Con un fraseo dulce y un amplio registro vocal que le permite variar del contratenor al barítono, Djavan navega con naturalidad sobre las ondulantes melodías mientras mueve cadenciosamente su cuerpo como si estuviera en una disco.
Cada tanto, Djavan toma su guitarra pero será como vocalista y performer que despierta el entusiasmo de sus seguidores. Cuando toca con sus manos a las fans de las primeras filas arranca suspiros y gritos como "te amo". Su hijo Max Viana en guitarra dirige el grupo con un dinámico riff funkero, luciéndose también en los solos, mientras que los bronces aportan brillo y otros matices tímbricos, a la pareja base de teclados, bajo y batería.
Lo más nutritivo son los encuentros entre la voz de Djavan y el tecladista Fonseca, que evocan la atmósfera íntima de una cueva de jazz. Lo mismo pasa cuando Djavan recrea el canto natural y selvático de su nordeste natal, acompañado solamente por el cavaquinho de Max Viana. En la propuesta sonora también se cuelan aires latinoamericanos, baladas delicadísimas y hasta un homenaje al cantaor flamenco Camarón de la Isla en "La leyenda del tiempo".
Al final, retoma sus temas más dance y entonces el teatro se volverá una gran pista de baile.

