Dos caras de una misma luna
El Chango Spasiuk no dio respiro al público; sorprendió Leonardo Miranda
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COSQUIN.- La segunda noche del festival folklórico de esta ciudad ha sido el mejor ejemplo de los contrastes musicales que puede ofrecer el escenario mayor de esta localidad del Valle de Punilla y que despiertan fervores en diferentes proporciones, pero sin provocar antagonismos.
Quedó claro que el público sigue prefiriendo a un carismático cantor que viste pilchas gauchas y toca música bien criollita y simple, como sucedió anteanoche con las ovaciones que le entregó al joven chubutense Leonardo Miranda; pero también es capaz de entusiasmarse con la música refinada de Chango Spasiuk. El misionero dio un show con temas muy elaborados y en versiones potentísimas que hasta despertaron algún sapucay entre el público, en el momento de sonar algún himno chamamecero, como "Kilómetro 11".
El escenario Atahualpa Yupanqui fue copado por veinteañeros y treintañeros en una noche cálida y con buena convocatoria de audiencia. Abel Pintos volvió a conquistar al público de la plaza Próspero Molina, como el último año, cuando se alzó con el premio Consagración 2008. Fue de los temas festivos a las piezas más sutiles, como la "Zamba del carnaval", en compañía del armoniquista Fabricio Rodríguez y del ex cantante de A.N.I.M.A.L. y actual de D-Mente, Andrés Giménez.
Raly Barrionuevo, que ahora actúa en formato de trío, dio un recital soberbio ("Tal vez no tan folklórico, aunque para mí sí lo es", explicó durante la conferencia de prensa que ofreció luego de su recital), que pasó por varias mixturas que tiene su propuesta musical. Raly fue de una furiosa versión de "Mensajes del alma" (que recordó momentos del show de Divididos del último año, en ese mismo escenario) a la rapeada de "Ey paisano" y al toque reggae de "Cómo danza la esperanza". Además, convocó a varios invitados con el grupo Inti Huayra.
Y para el cierre, cerca de las 4.30 de la mañana, Los Tekis llenaron la plaza de harina y papel picado para recrear el carnaval jujeño que, para esta época, comienza a vivirse en el norte argentino, como cada año. Fue una gran producción, en la que no faltaron bailarines del ballet Juventud Prolongada para animar el espectáculo a modo de comparsas.
La hora de las damas
Las damas también se lucieron. Con apenas dos temas (la exquisita "Canción de lejos", de Armando Tejada Gómez y César Isella, y "Doña Ubenza"), la solista Lorena Astudillo resumió todas sus cualidades vocales. Varias horas antes, después del frenesí desatado por Leonardo Miranda en la plaza, las chicas de Fulanas Trío le hicieron frente a la situación con sus músicas del folklore latinoamericano, que llevan en su propuesta de este grupo tan cuidados arreglos vocales e instrumentales. Un gusto escucharlas.
Y, sin duda, la sorpresa de la noche fue Miranda. Este joven músico de Esquel, Chubut, se perfila como una especie de Chaqueño Palavecino, aunque según contó a LA NACION tras el show, sus influencias e intereses son otros. Si bien usa la ropa gaucha del norte argentino y dice que creció escuchando a grupos como Los Fronterizos, quiere contar cosas de la Patagonia. Tiene 27 años, canta desde los 5 y lleva 6 instalado en Buenos Aires, tratando de hacerse camino con su grupo de guitarras y bombo. Con piezas que exaltan el ser nacional, Leonardo cantó lo que el público quería escuchar, ese costado chovinista del folklore. De ahí que los organizadores tuvieran que ceder el reclamo de la platea y de las tribunas. El cantor volvió al escenario para otro tema más. "No es fácil que esto suceda", aclaró Marcelo Simón, uno de los maestros de ceremonias del festival.
Horas después, apareció el Chango Spasiuk al frente de un sexteto que sonó impecable. Violín, violonchelo, dos guitarras, percusión y acordeón. Spasiuk tiene la capacidad de hacer música de manera intimista y reflexiva, o extravertida. Esta vez, eligió la manera extravertida. Fue un espectáculo que no dio respiro. Tuvo momentos para el virtuosismo individual de sus integrantes (especialmente de su percusionista Marcos Villalba y del joven guitarrista chaqueño Marcelo Dellamea) y un paseo por varios ritmos, especialmente los del Litoral, por los que transitó con maestría. Un lujo para el escenario de Cosquín, que Spasiuk no visitaba desde hacía 6 años.
La noche (su buen clima luego de una tarde muy calurosa) permitió que la gente pudiera disfrutar de todos estos artistas hasta bien entrada la madrugada.



