Dos valiosos estrenos musicales

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1 de septiembre de 2003  

Concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional, con la dirección de Mario de Rose y la participación de los pianistas Manuel Massone y Silvia Dabul en calidad de solistas. Programa: "Constelación espectral", de Isabel Aretz (estreno absoluto); Concierto para piano a cuatro manos y orquesta Op. 153, de Carl Czerny (estreno local); Concierto para orquesta, de Bela Bartok. En el Auditorio de Belgrano.

Nuestra opinión: muy bueno

Resultados sumamente estimables alcanzó la Sinfónica Nacional con este concierto dirigido por Mario de Rose, con dos estrenos de muy diversa procedencia estética y una versión del Concierto para orquesta de Bela Bartok digna de elogio.

No menos digno de mención es el hecho de ofrecerse en calidad de estreno una de las más recientes obras de la etnomusicóloga y compositora argentina Isabel Aretz, cuya reconocida trayectoria la ha situado entre las autoridades más reconocidas en su especialidad.

La extensa trayectoria musical de Isabel Aretz, heredera de una tradición de maestros ilustres como Rafael González, Athos Palma o Heitor Villa-Lobos y poseedora, además, de una seria formación musicológica junto al eminente Carlos Vega, realizó investigaciones sustanciales sobre las melodías populares inéditas de nuestro país. En la Universidad de Tucumán, primero, y después durante su radicación en Venezuela desde 1947 extendió su indagación hacia el acervo musical de la América hispana.

Sin embargo, su labor no se circunscribió al plano académico; su catálogo selectivo de obras da cuenta de ello, y ésta recién estrenada se destacará, seguramente, por la singularidad de su lenguaje sonoro.

Refiriéndose a "Constelación espectral", asevera la compositora: "Imitando a Europa, no se puede crear una obra argentina o americana. "Constelación espectral" constituye un alto en mi inspiración telúrica, bajo la impresión de un cielo infinitamente estrellado. Compuse la obra dentro de los cánones dodecafónicos con los doce sonidos convertidos en estrellas". Poética afirmación para quien anuda su credo estético a la búsqueda de una identidad de manera tan radical. Pero sería difícil no imaginar que el cielo nocturno debía guardar inescrutables secretos para los primitivos observadores americanos, para quienes la "pálida luz de las estrellas" era sinónimo de mundos fulgurantes ignotos, mezcla de fascinación y pavor cósmicos. Atemática, con fuertes y súbitas tensiones y disonancias, la obra de Aretz descubre visiones inéditas al hombre de nuestro tiempo, que ha perdido sus relaciones valederas con el cosmos.

De un manuscrito

Otro estreno, el Concierto Op. 153 para piano a cuatro manos y orquesta del compositor Carl Czerny, se relaciona con el descubrimiento casual de su manuscrito en el Musikverein de Viena. No figura aún, por esta razón, en el catálogo de obras editadas del compositor, y los intérpretes que la estrenaron contaron con la copia autorizada de ese original.

Compositor mayormente conocido por sus muy eficaces métodos para la enseñanza y la práctica del piano -él mismo pianista virtuoso de su tiempo-, Czerny evidencia en esta obra notorias influencias de su maestro: Beethoven, de quien estrenó en 1812 su Concierto N° 5 ("El emperador") en Viena. Sus tres movimientos reflejan conceptos musicales consagrados por el clasicismo y tanto Manuel Massone como Silvia Dabul tradujeron con gran pulcritud y consistencia sonora el discurso brillante del Allegro con brio , después de una introducción orquestal que fue una probada muestra de elocuencia musical. Si bien la reiteración de esquemas discursivos no puede evitar el recuerdo de los famosos Estudios, Czerny nunca deja de interesar con sus recursos pianísticos, sus elaborados pasajes, los arpegios y acordes que impecablemente ejecutó Massone en el registro superior, o el entrecruzamiento de manos y pasajes intrincados que los integrantes de este inquieto e inteligente dúo salvaron con virtuosismo.

El Adagio, de carácter más sereno y expresivo, permitió apreciar mejor la relación entre Massone y Silvia Dabul, siempre ajustada, y el Rondó alla Polacca final, con su ritmo sostenido, a una orquesta que aportó el necesario dinamismo, la brillante coronación de esta joya del pasado.

No fue menor el rendimiento de la Sinfónica en el Concierto para Orquesta de Bartok, con la dirección de Mario de Rose, una precisa traducción de su originalísimo lenguaje sonoro, genial combinación entre el estilo concertante, con gran aprovechamiento tímbrico de la orquesta, y el alternativo protagonismo de solistas.

Un rasgo saliente de esta versión fueron el ajuste general y la efectividad de reflejos que tuvo la Sinfónica, con una exposición clara y ordenada que reflejó cabalmente el barroquismo de su rica trama temática y el colorido orquestal que la obra encierra, en el que se halla siempre presente el riesgo de abigarramiento sonoro. El Allegro vivace, que apareció súbita y severamente después de la introducción, generó el alucinante clima sonoro de la obra, que tuvo momentos encomiables y un final brillante.

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