
El cuento del disco perdido
Se editó "Pay, pack & follow", de John Phillips, con los Rolling Stones
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Pay, pack & follow
Jhon Phillips
Mr. Blue, She´s just 14, Wilderness of love, Oh Virginia, Sunset Boulevard, Pussycat, Zulu Warrior, Very dread, 2001 (Eagle Records/Sum Records)
La historia de este disco que acaba de salir más de veinte años después de haber sido grabado, no se asemeja a las vicisitudes de la carta robada de Poe, que de tan expuesta se había vuelto invisible. Más bien se acerca al mito del Necronomicon, aquel supuesto libro que contendría la clave de todos los mitos de Cthulhu, con el que Lovecraft construyó su edificio fantástico y estremecedor, pero cuya existencia pertenece también al orden de lo fantástico
Así sucedió, durante años, con el puñado de canciones de "Pay, pack & follow". Todos sabían de ellas, todos hablaban sobre la verdad de aquel mítico encuentro entre grandes músicos, pero nadie había podido escucharlo. Ni siquiera en dudosas ediciones pirata.
Esta trama, también, se acerca al estilo Paul Auster, llena de desencuentros y donde son casualidades con sentidos que se nos escapan las que imponen el rumbo de los caminos.
La diferencia es que esta historia sucedió en realidad. Y su último capítulo es la edición, esta semana, de "Pay, pack & follow". El protagonista es John Phillips, talentoso compositor y cantante de The Mama´s and The Papa´s, el grupo californiano de los años sesenta, aquel de temas como "Monday, monday" y "California dreamin´". Hacia 1973, el músico se encontraba en Inglaterra y con Jagger pasaron unos días juntos, dedicados al cricket. Por las noches volvían a lo suyo, la música. En una de esas madrugadas, Phillips toma la guitarra y muestra sus nuevas canciones. Tanto le gustan al cantante de los Stones que propone producírselas.
El diablo mete la cola
Un par de semanas después ya están en un estudio de Londres, trabajando en ellas. No están solos. También se suman a la grabación Keith Richards, Ron Wood en bajo, el guitarrista Mick Taylor -que acababa de abandonar los Stones- y el mismo Jagger haciendo los coros a las canciones de Phillips. Jagger y Richards, además, estaban encargados de la producción.
Las nueve canciones fueron finalmente terminadas cuatro años después, en Nueva York y, como los Stones debían ocuparse de lo que sería poco después su disco "Some girls", Phillips queda a cargo de la mezcla y masterización de las cintas.
Ahí es cuando el diablo se asoma y decide meter la cola, porque casi inmediatamente Phillips toma un avión y las valijas con los masters no llegan a destino. Reclama y reclama, pero no hay pistas. Dos años después, y luego de que las cintas hayan cruzado incontables veces el Atlántico, alguien llama a Phillips para anunciar que sí, allí están, por fin.
Pero las vicisitudes de estas cintas con destino de viajeras no terminan allí. Porque vuelve a extraviarlas, por varios meses, hasta que alguien las encuentra en una bolsa de basura en la casa de campo de Richards (nadie recuerda cómo ni cuándo llegaron allí).
En un extraño limbo quedaron hasta que, hace unos años, Phillips vuelve a levantar el teléfono y alguien le pregunta. "¿Está usted por casualidad interesado en unas cintas de 24 canales que me llegaron y que tienen su dirección como remitente?"
Es hora de sacarse esta historia de encima, debe haber pensado Phillips que decidió editarlas casi como estaban, manteniendo el sonido de los años setenta.
Y aquí están, finalmente, las nueve canciones en las que se combinan las melodías que llevan la marca del norteamericano con un sonido inmediatamente reconocible como stone. Con las guitarras de Mick Taylor, el slide de Richards y sus reconocibles riffs y la voz de Jagger -y en algunos casos, la de Keith-, haciendo coros. Phillips hasta se contagia el duro estilo Jagger de cantar en, por ejemplo, "She´s just 14", dedicado a su hija.
Pero, se sabe, el diablo no se resigna fácilmente a perder las partidas, porque el 18 de marzo último, pocas semanas antes de su edición, John Phillips murió de un ataque al corazón.
Si aún faltaba algún detalle para completar el cuento, el último tema del álbum se llama simplemente "2001". El año en el que el disco vio la luz, el mismo en que se apagó para siempre la vida de John Pillips.
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